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Inicio > Bitácora africana >
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Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, actualmente escribe en el blog "En clave de África" en el Periódico de Catalunya" y en Periodista Digital y trabaja en la ONGD Red Deporte y Cooperación

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Bangui, ciudad muerta, ciudad con muertos, por José Carlos Rodríguez Soto

7 de noviembre de 2016.

Bangui, 30 de octubre. Son las siete y media de la mañana y voy caminando por la Avenida de los Mártires, enfrente de la Universidad para ir a misa a la capilla de los Jesuítas. Casi sin darme cuenta, un coche de la seguridad de la ONU se para a mi lado y el conductor me hace señas para que me acerque:

- Buenos días. Entra. Hoy no es aconsejable que se nos vea mucho por la calle.

Abro la puerta y me acomodo, mientras le digo que me lleve a la iglesia, apenas unos 500 metros más adelante. Llevo más de una semana escuchando el mismo consejo: máxima prudencia, los ánimos se están caldeando y mucha gente ventila su indignación contra el personal de Naciones Unidas. Esta mañana se espera la llegada de los cuerpos de seis gendarmes muertos en una emboscada de los rebeldes de la Seleka en Grimari, al norte de Bangui. Durante las últimas dos semanas ha habido ataques allí, en Bambari, en Kaga Bandoro… y se cuentan ya por lo menos 70 muertos. Como ocurre en otros países donde hay misiones de paz de la ONU, aquí la gente acusa a los soldados de la MINUSCA de pasividad e incluso de complicidad. Y en estas circunstancias, el personal civil nos podemos convertir en la diana mas fácil de la ira de muchas personas frustradas.

- Aquí te dejo. Cuando acabes, te aconsejo que cojas un taxi. Mejor si es un taxista de confianza.

Tras acabar la misa, mientras mi mente aun está con Zaqueo subido al sicomoro, llamo a un chofer a quien conozco desde 2012 y me deja en casa. Tras pasar un par de horas escribiendo el informe de la semana, lo envío por email a mi jefe. Me preparo una ensalada, y cuando estoy pensando en salir para ir a visitar a un amigo, un sms me sobresalta:

- Tres personas tiroteadas en el Kilómetro Cinco esta mañana. Comprueba el dato.

El mensaje es de mi jefe. El Kilometro Cinco es el barrio de mayoría musulmana de Bangui. Desde finales de 2013 ha sufrido más de cien ataques por parte de las milicias anti-balaka y, aunque desde principios de este ano conoce una calma relativa, la presencia en sus calles de varias milicias de auto-defensa es una causa constante de inestabilidad. Ayer pase allí casi toda la mañana. Como no tenía coche, fui en moto-taxi y después me desplace a pie. Primero estuve en una escuela, asistiendo a la entrega de material escolar a 50 niños de familias pobres por parte de una ONG local a la que ayudamos. Después me vi con un antiguo general de la Seleka que lleva tiempo intentando meter en vereda a los grupos de auto-defensa, sin tener mucho éxito. Charlamos un par de horas y más tarde me fui a una oración de los evangélicos por la paz en Centroáfrica. En deste trabajo hay qur cultivar las relaciones con todos y todo lo que podemos. Me oxigené bastante al poder moverme con libertad tras una semana de obsesión por la seguridad. Poco ha durado la alegría.

Hago tres llamadas a amigos que viven en el Kilómetro Cinco, entre ellos a un comboniano ugandés de la parroquia de Fátima. Todos me dicen que el barrio está tranquilo y que no han oído nada sobre ningún muerto por causas violentas. Como es habitual en los lugares en conflicto, Bangui es un hervidero de rumores y a menudo pasamos una buena parte de nuestro tiempo comprobando información. Tras hablar con mi jefe, me dispongo a salir, cuando oigo un fuerte coro de cláxones en la avenida que veo desde la ventana del salón. Está pasando un cortejo fúnebre de uno de los gendarmes muertos, seguramente en dirección a su pueblo para ser enterrado. El guardia de seguridad se me acerca y me aconseja que me quede en casa, por si las moscas.

Recordé lo ocurrido el pasado lunes, 24 de octubre. Un grupo de la sociedad civil hizo un llamamiento a protestar para pedir la retirada del país de la MINUSCA. Decretaron una “jornada de ciudad muerta”, es decir: que la gente se queda en casa sin salir y nadie va al trabajo, todo de forma pacífica. Pero poco después, los líderes de la protesta dijeron a la población que se concentrara en las aceras para protestar con una cacerolada. Todo de forma pacífica, insistieron. Al final, enfrente de mi casa, veo a varios jóvenes que salen con machetes y cortan la carretera con barricadas. Tras tirar piedras a algunos motoristas que querían pasar, la circulación quedó completamente cortada. En otros puntos de Bangui algunos de los que protestaban portaban fusiles. Hacia las ocho de la mañana empezamos a oír disparos y detonaciones de diverso calibre por casi dos horas. Hubo cuatro muertos y doce heridos, entre ellos cinco cascos azules. Ni ese dia ni al siguiente pudimos salir de casa. Pase una buena parte de tiempo llamando a los líderes antibalaka con los que tenemos relación para asegurarnos que no iban a provechar la confusión del dia para lanzar ataques contra los musulmanes. A partir del miércoles, fuimos a la oficina, extremando la prudencia e intentando realizar nuestro trabajo guardando un perfil bajo.

Volvamos al domingo 30 de octubre. Finalmente, cuando me dispongo a ver una película a eso de las cinco y media de la tarde, me llaman para decirme que en el Kilómetro Cinco acaba de comenzar un enfrentamiento entre dos milicias rivales. Salgo al patio y, a lo lejos, escucho detonaciones y ráfagas lejanas. Más llamadas, más comprobaciones, y al cabo de dos horas me entero de que han muerto ocho personas, entre ellas dos de los lideres principales de las milicias.

Hoy, lunes, hemos intentado calibrar como estaba la situación. De uno de los barrios vecinos nos llaman para decirnos que la gente tiene miedo de que las milicias antibalaka aprovechen de la debilidad de las milicias musulmanas, al haber perdido a sus dos líderes, para hostigar al Kilometro Cinco. Sin perder un minuto, voy a ver al jefe militar de la MINUSCA que se ocupa de la seguridad en Bangui y le transmito la preocupación de la gente. Me asegura que están al corriente y que han desplegado patrullas en las zonas vecinas para evitar incidentes.

Así son las jornadas en este lugar todos los días, sábados y domingos incluidos. Que Dios nos ayude.

P.S. Pido disculpas por mi ausencia de este blog durante varios meses. Desde hoy, espero escribir de forma regular. Hay mucho que contar desde aqui, aunque a menudo falta el tiempo... y el animo.

Original en : En Clave de África



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