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Mejor cuanto más pálido: la historia de Sudáfrica y el comercio de productos blanqueadores
25/02/2016 -

Sudáfrica, Gambia, Ghana, Kenia y, más recientemente, Costa de Marfil han prohibido las cremas y productos de blanqueamiento de piel por el miedo a que estos cosméticos puedan causar problemas de salud a largo plazo.

Sin embargo, en Sudáfrica hay marcas (Maxi-Light, Caro Light, Skin Light, Extra-Clair, Ketazol, Diproson, Movate y G&G) que aún se pueden conseguir con facilidad, muchas de las cuales utilizan hidroquinona, que precisa de receta médica, como ingrediente activo combinado con otros productos químicos. Según un informe que realizó el periódico The Times en 2015, en sólo 20 minutos un periodista, en un mercado en Johannesburgo, pudo comprar jabones y cremas aclaradores de la piel que están prohibidos por la ley de productos alimenticios, cosméticos y desinfectantes (Foodstuffs, Cosmetics and Disinfectants Act).

Pocas personas conocen los componentes químicos de estos productos, que prometen resultados imposibles mientras que la realidad es aterradora. Los peligros asociados al uso de algunos productos de blanqueamiento de piel incluyen: leucemia, melanomas, cáncer de hígado y de riñón, ocronosis, que provoca una hiper-pigmentación en la piel volviéndola de color morado oscuro, cicatrices y quemaduras químicas.

En una entrevista concedida a la BBC, la doctora Noori Moti-Joosub, una dermatóloga de Johannesburgo, afirmó que cada vez eran más los pacientes de toda África que necesitaban tratamientos para paliar una ocronosis. Aseguró que «no se puede hacer mucho para reducir los daños y la gente sigue negando que estos productos tengan efectos secundarios».

Siendo el doble, se duplican los problemas

La historia de las cremas blanqueadoras en Sudáfrica empezó con dos hermanos gemelos triunfadores y de dudosos principios morales.

Abe y Solly Krok ganaron sus primeros millones vendiendo productos blanqueadores de piel a la comunidad negra durante el apartheid. La otra cara de esa fortuna los hizo magnates de las apuestas, fundaron Gold Reef Resorts, el Casino Golden Horse y el Casino Mykonos. En 2011, la sociedad Gold Reef se fusionó con Tsogo Sun, perteneciente al grupo SABMiller, en un contrato de 2 230 millones de dólares estadounidenses, dando así origen a uno de los mayores grupos de casinos de África.

Abe compró después el equipo de fútbol sudafricano de los Mamelodi Sundowns, para luego vendérselo al magnate de las minas Patrice Montsepe. Fue también uno de los fundadores de la Premier Soccer League (PSL), la liga superior sudafricana de fútbol. Abe fue miembro de la junta directiva de los Mamelodi Sundowns hasta su muerte en 2013.

Desde 2015, cuando Solly tuvo que enfrentarse a una serie de medidas judiciales por impago de un préstamo bancario, las deudas y la bancarrota han caracterizado a la familia Krok.

Los Krok siempre originaron mucho debate: filántropos en la nueva Sudáfrica con un pasado algo turbio eran como esa carne de pinta poco fiable en los bufés. Pero, como dice Stephen Groots en su artículo «Sudáfrica: el nacimiento de nuestros héroes y mitos» del Daily Maverick, «nos dijeron que Abe era “una persona amable y compasiva”. Chorradas. Se hizo con todo el dinero que pudo, aprovechándose de la buena fe de la gente, y luego intentó rehabilitarse cuando todo se volvió en su contra. Si había alguien que se merecía estar entre la espada y la pared en el momento de la revolución, ese era él».

El legado de Solly y Abe sigue hoy vigente, no sólo en casinos y clubes de fútbol, sino también en el mismo rostro de la nación. Pero volvamos al pasado…

Johannesburgo, calle Noord, años 50: en una modesta droguería en un callejón del centro de la ciudad, los gemelos Solly y Abe Kork abren su primer negocio, comprando y distribuyendo SuperRose, una crema dirigida al mercado emergente de consumidores negros. En aquel momento, SuperRose era producto ordinario, al tiempo que popular. Sin embargo, las ventas de SuperRose disminuyeron cuando salió al mercado Karroo, una crema decolorante de la piel que manufacturaba un empresario de las afueras de Middleburg.

Karroo no era el primer producto blanqueador de piel que se vendía en Sudáfrica. Cuando los Krok abrieron su tienda, este tipo de cosméticos ya llevaban años vendiéndose, en origen para los blancos. Pero con la creciente implementación de leyes de apartheid coincidieron con una creciente demanda de productos decolorantes de la piel. En un artículo titulado «Skin Lighteners, Black Consumer Culture, and Jewish Entrepreneurship in South Africa» (blanqueadores de piel, cultura del consumidor negro y negocios judíos en Sudáfrica), el profesor Lynn M. Thomas apunta que, aunque no hay muchas pruebas que señalen que los «no blancos» usaban los productos blanqueadores de piel para que se les reclasificara oficialmente o «pasaran por blancos», los cosméticos parecían aumentar la confianza de los usuarios para la mejora de sus condiciones de trabajo.

Ya a finales de los 60, se calculaba que el 60 % de las mujeres negras en áreas urbanas usaban productos decolorantes y/o blanqueadores. Esto hizo que estas cremas se situasen en el cuarto puesto de productos más utilizados en los hogares, después del jabón, el té y la leche en polvo.

Los Krok quisieron aumentar su oferta de productos cosméticos, y lograron un avance significativo cuando, mientras experimentaban con una fórmula anti-acné, utilizaron hidroquinona, un revelador fotográfico, en lugar del cloruro de mercuroamonio que usaban la mayoría de las marcas, Karroo incluida. La nueva fórmula fue todo un éxito. Los gemelos comenzaron una agresiva campaña publicitaria. Además de distribuir muestras gratuitas, organizaban demostraciones en la entrada de las tiendas, fábricas, zonas mineras, e incluso se anunciaron en la revista Drum.

En 1975, el gobierno prohibió el uso de mercurio en los productos de cosmética para la piel y Karroo, que seguía siendo la marca más popular del mercado, cayó en picado. Por aquel entonces, los Krok tenían ya varias marcas de productos blanqueadores de la piel (Hollywood 7, He-Man, Kool Look y Aviva) que utilizaban hidroquinona como ingrediente activo. Los Krok se convirtieron entonces en sus propios competidores y pronto se hicieron millonarios.

Sin embargo, ya en los años 80, se pusieron de manifiesto los efectos negativos, tanto físicos como psicológicos, de estos agentes decolorantes de la piel. En una entrevista en 1989, Malusi Mpumlwana, una activista por la conciencia negra, describió el rechazo a los productos de colorantes de la piel como el primer paso hacia la concienciación política.

«El argumento implícito (lo blanco es mejor) provocaba desfiguraciones psicológicas, al tiempo que los productos mismos dejaban a muchos desfigurados físicamente, con rostros plagados de grotescas cicatrices», escribió Mike Stainbank en una carta a la revista Noseweek. «Resunta difícil imaginar un símbolo mejor para la tesis de la supremacía blanca del apartheid en Sudáfrica». El personal sanitario empezó a llamar a la ocronosis exógena (un tipo de hiper-pigmentación relacionado con el uso de hidroquinona) la «enfermedad del apartheid». Los profesionales médicos y los activistas iniciaron una campaña para que se prohibiesen estos productos.

Situación actual

La prohibición entró en vigencia a principios de los 90 y Sudáfrica se convirtió en el primer y único país en restringir los anuncios de cosméticos que decían «blanquear», «aclarar» o «emblanquecer» la piel.

A pesar de eso, Sudáfrica sigue siendo uno de los cuatro países del mundo que más consume productos aclaradores de la piel. Un estudio desarrollado por la universidad de Ciudad del Cabo desveló que una de cada tres mujeres sudafricanas ha utilizado estos productos en alguna ocasión, mientras que la Organización Mundial de la Salud sitúa la cifra en torno al 35 %, misma cifra que salió de un estudio de la Universidad de Kwazulu-Natal (UKZN). En comparación, el 77 % de las mujeres nigerianas usan productos blanqueadores, seguidas por las de Togo (59 %) y Malí (25 %).

El mercado negro mantiene equilibrada la oferta de productos decolorantes de la piel para satisfacer la demanda local, que parece haber aumentado con el influjo de inmigrantes de países como Nigeria y la República Democrática del Congo.

Es también preocupante la popularidad de tratamientos blanqueadores «legítimos». La última tendencia, inyecciones de glutatión y vitamina C, la pusieron de moda hace poco tiempo la actriz y estrella de la televisión Khanyi Mbau y la cantante de kwaito Nomasonto «Mshoza» Maswanganyi. Sorisha Naidoo, la actriz que fue Miss India, admitió haberse blanqueado la piel y ahora posee una gama de productos «que desafían a la edad» (blanqueadores) y anima al uso de tratamientos de estas características.

En 2014, uno de los productos que anuncia Sorisha, Pure Perfect, fue el protagonista de un escándalo cuando los pacientes denunciaron que les había provocado acné y manchas en la piel. Se analizaron muestras del producto en busca de esteroides o sustancias ilegales. Aunque la mayoría de productos blanqueadores «legítimos» fabricados por grandes marcas a nivel mundial parecen no presentar riesgos en los usuarios cuando se aplican con moderación, las falsificaciones son más baratas y parecen igual de eficaces, y por ello son más populares.

A pesar de que se han implementado medidas como prohibiciones en los productos, los ingredientes o la publicidad, así como campañas de «lo negro es bello», parece que la combinación de leyes raciales, la mentalidad dañada de las sociedades, los estándares de belleza exportados de Hollywood y la idea de que con una crema se pueden cambiar las circunstancias sociales, cosa que ha provocado la popularidad de estos productos, se traducen una alta probabilidad de que pase mucho tiempo antes de que las cremas blanqueadoras pasen a la historia, un panorama de racismo arraigado tan dañino para la mente como lo es para el cuerpo.

Dontparty.com

Traducción, Andrea López


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