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Burgos, Bartolomé

Bartolomé Burgos Martínez nació en Totana (Murcia) en 1936. Sacerdote miembro de la Sociedad de Misiones de África (Padres Blancos), es doctor en Filosofía por la Universidad Gregoriana de Roma, 1997. Enseñó filosofía en el Africanum (Logroño), en Dublín y en las ciudades sudanesas de Juba y Jartum. Fue fundador del CIDAF (Centro de Información y Documentación Africana) a finales de los setenta, institución de la que fue director entre 1997 y 2003.

Llegó a África con 19 años y desde entonces ha vivido o trabajado para África y ha visitado numerosos países africanos. De 2008 a 2011 residió en Kumasi, Ghana, donde fue profesor de filosofía en la Facultad de Filosofía, Sociología y Estudios Religiosos de la Universidad de Kumasi. Actualmente vive en Madrid.

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Sudán cambia de alianza, por Bartolomé Burgos

13 de enero de 2016.

El sábado, 2 de enero de 2016, Arabia Saudí ejecutaba al líder chií Nimr al Nimrya otras 46 personas opuestas al régimen, acusadas de terrorismo. Ese mismo día, un grupo de manifestantes iraníes, indignados por la ejecución del clérigo, quemaban la embajada Saudí en Teherán y atacaban el consulado saudí en la ciudad iraní de Machhad. A su vez, el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, negó que el clérigo estuviese involucrado en cualquier tipo de terrorismo, afirmando que había sido ejecutado por su oposición al régimen saudí, al que amenazó con "la venganza divina" por la ejecución.

El domingo día 3 de enero, Arabia Saudí rompió relaciones diplomáticas con Irán, seguida de Bahréin, Sudan y Yibuti, mientras que los Emiratos Árabes Unidos retiran a su embajador de Teherán, sin romper relaciones diplomáticas.

Alianza República del Sudán-Irán

La República del Sudán (en este artículo: “Sudán”), ha mantenido estrechas relaciones con Irán, durante varios años: en 2008, firmó un pacto militar con Irán; en 2013, Irán dio un fuerte impulso a la construcción de bases navales y logísticas en la ciudad sudanesa de Port Sudán, a orillas del Mar Rojo. Sudán e Irán tenían en común objetivos geopolíticos y Sudán abría a Teherán una puerta de entrada al continente africano. A su vez, Irán prestaba apoyo financiero y militar a Sudán. Esta estrecha colaboración fue motivo de preocupación para los países del Golfo pérsico y para Israel. Tan
recientemente como agosto de 2013, Arabia Saudí prohibía el tránsito por su espacio aéreo al presidente de Sudán Al-Bashir, cuando este viajaba a Teherán, para asistir a la instalación de Hasán Rouhani, como Presidente de Irán. El avión presidencial de Al-Bashir tuvo que volver a Jartum. Hasta aquí las relaciones amistosas de Sudán con Irán
y sus tensiones con Arabia Saudí

¿Por qué cambia Sudán de alianza?

A finales de 2014 se invierte la situación. En septiembre de dicho año, el gobierno sudanés clausura los Centros Culturales Iraníes en Jartum y en otras localidades sudanesas. La razón aducida es que Irán se esfuerza por difundir el Islam chií en Sudán; razón ésta no muy convincente ya que las comunidades chiís en Sudán no suponen un
desafío real para el régimen.

Poco después el presidente sudanés minimizaba la importancia de la alianza de Sudan con el régimen iraní, marcando así todavía más el distanciamiento entre ambos. La verdadera razón del cambio habría que buscarla en el giro geopolítico de Sudán hacia Arabia Saudí y la razón fundamental de este giro se funda en razones económicas.
Sudán tiene serios problemas económicos por motivos varios: en primer lugar están las sanciones impuestas por los USA al Banco Central de Sudán, a partir de 1997, que dificultan el acceso a los mercados financieros globales y de divisas, debilitando la confianza de los inversores. A esto hay que añadir los enormes costes de la guerra con Sudán del Sur hasta los acuerdos de paz de 2005, que precedieron la secesión del Sur consumada en 2011. Con la independencia del Sur, Sudán perdió el 80% de sus reservas
petrolíferas, añadiendo nuevas tensiones a su economía. Las relaciones entre Sudan y Sudán del Sur siguen siendo tensas lo que conlleva gastos militares, a los que se añaden los costes de conflictos aún en curso con Darfur (oeste), Kordofan-Sur y Blue Nile
(sudeste). El derrumbe de los precios del petróleo ha golpeado igualmente la economía sudanesa. El presidente de Sudán Al-Bashir, se quejaba de que régimen iraní no había aportado ayuda económica a Sudán, en el momento álgido de la crisis que supuso la secesión de Sudan del Sur. Esto muestra, según él, que los lazos entre Sudán e Irán eran inconsistentes. En palabras de Al-Bashir: “Superamos aquel periodo difícil sin la ayuda de Irán, ni tan siquiera un céntimo. Sólo nos ofrecieron promesas que nunca se materializaron, y por lo tanto no consideramos que nuestros lazos con Irán sean estratégicos".

Contextos religioso y geopolítico

Para mejor comprender el giro estratégico de Sudán hacia Arabia Saudí hay que situarlo en el contexto del mundo islámico, sobre todo de Oriente Próximo, dividido entre el islam Chií y el Sunní. Se estima que entre el 85% y el 90% de la población musulmana en el mundo son sunníes. Los chiíes serían entre el 15% y el 10% de dicha población.
Pero aunque minoría, en Oriente Próximo los chiíes son mayoritarios en dos países, que ejercen una enorme influencia en la región: Irán cuenta con 77,45 millones de habitantes (en 2013), chiíes en casi su totalidad. También en Irak los chiíes son mayoritarios: entre el 60% y el 65% frente a un 32% - 37% de sunníes y un 3% de cristianos. igualmente en Bahréin la población es mayoritariamente chií en más del 70%, como lo es en Azerbaiyán y posiblemente en Yemen, donde las dos corrientes están muy igualadas. Pero también hay importantes comunidades chiíes en Afganistán, India, Kuwait, Líbano, Pakistán, Qatar,Siria, Turquía, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Irán es una potencia indiscutible en la región, pero se enfrenta, a otras potencias islámicas de la corriente mayoritaria sunní, liderada hoy en día por Arabia Saudí.

Aunque Arabia Saudí cuenta sólo con unos 30 millones de habitantes (frente a los 77 de Irán), su liderazgo en la exportación mundial de petróleo la ha convertido en una de las veinte economías más potentes del planeta. Además, alberga las ciudades de la Meca y
Medina, los dos lugares más sagrados del islam. Entre Irán y Arabia Saudí se dan serias tensiones, tanto por los contenciosos entre chiíes y sunníes como por las pretensiones deambos a la hegemonía regional.

A mediados de diciembre 2015, Arabia Saudí anunciaba la coalición de 34 países islámicos contra el terrorismo. Entre ellos se encuentran, además de Arabia Saudí, Bahréin, Sudán, Yibutí y Emiratos Árabes Unidos, es decir los cinco países que han roto relaciones diplomáticas con Irán, o que han retirado a su embajador, sin por eso romper relaciones, como reacción a los ataques a las misiones diplomáticas de Arabia saudí en Irán. Por supuesto entre los miembros de la susodicha alianza los países de corriente chií están excluidos.

La guerra del Yemen

La alianza liderada por Arabia Saudí tiene como objetivo protegerse “de los peligros de todos los grupos armados y organizaciones terroristas” en todas sus formas. Hasta ahora, Arabia Saudí parece haber concentrado sus esfuerzos de lucha “antiterrorista” en
el Yemen, contra la insurrección chií de los hutíes. En 2004 los hutíes se alzanron en armas contra el gobierno yemení llevando la revuelta hasta zonas fronterizas de Arabia Saudí. La insurrección ha tomado proporciones de guerra civil, incluso internacional, cuando Arabia Saudí se ha envuelto en el conflicto. El gobierno de Yemen ha acusado a
Irán de dirigir y financiar esta rebelión. Por su parte los chiíes acusan al Gobierno de Arabia Saudí de apoyar al régimen yemení. Es un hecho que, desde hace meses, Arabia Saudí bombardea posiciones de los rebeldes hutíes en Yemen. Recientemente organizan ataques, incluso por tierra, a dichas posiciones.

Y es aquí donde Sudan, a instancias de Arabia Saudí, y por razones económicas, se inmiscuye en la guerra del Yemen. La combinación de un Sudán arruinado y un Arabia Saudí humillado por su pobre campaña militar, Yemen (que agrava su progresiva pérdida de hegemonía en el Oriente Próximo), han dado como resultado, que Sudán se encuentre ahora atrapado en una la guerra con malos presagios.

Ya se ha mencionado es estas páginas, la desesperada situación económica de Sudán, como resultado de los múltiples conflictos que lo han estado agobiando desde su independencia, a los que se añaden algunos otros factores de índole financiera: imposición de sanciones, declive de los precios de recursos naturales, etc. En esta angustiosa situación sus aliados árabes del Golfo respondieron positivamente a su
petición de ayuda. En el transcurso de 2015 Sudán recibió 1000 millones de dólares de Arabia Saudí y 1220 millones de dólares de Qatar. Además los principales accionistas del Banco de Jartum son tres Bancos Islámicos de los Emiratos Árabes Unidos.

Ahora a Sudán le toca pagar la deuda, enviando sus fuerzas armadas a luchar en el Yemen, mientras que los aliados más poderosos de Arabia Saudí como Egipto y Paquistán se niegan a hacerlo. En octubre de 2015, el ministro sudanés de defensa anunciaba: “Tenemos 6000 soldados de fuerzas especiales, fuerzas de tierra y fueras de
élite dispuestos a participar cuando lo requiera el mando de la coalición… Estamos preparados para cualquier desarrollo en caso de que se necesitaran más tropas y una mayor contribución militar”. De momento son ya más de 1000 los soldados sudaneses que combaten en Yemen, apoyando a las fuerzas de la coalición en la defensa de Adén.

Las autoridades militares yemeníes confían en que las tropas sudanesas, aguerridas en combates de montaña, colaboren en la liberación de las ciudades yemeníes de Ibb y Taiz, situadas en terreno elevado y áspero. Los rebeldes hutíes, a los que se enfrentan las
fuerzas armadas sudanesas, han sido capaces de conquistar casi la totalidad de Yemen y son fanáticamente anti americanos y anti israelíes. En sus filas se cuentan numerosos niños soldados.

El factor Irán

Lo que más debería preocupar a las autoridades sudanesas es el hecho de que los combatientes hutíes cuentan con el apoyo de Irán. Con el envío de tropas a Yemen y con la ruptura de relaciones diplomáticas contarán, en apoyo de Arabia Saudí, Sudán se está
enredando, tanto militar como diplomáticamente, en una trama en la que podría verse atrapado. Los acontecimientos de estas últimas semanas: ejecución del clérigo chií Nimral Nimr, la quema de la embajada Saudí en Teherán, la ruptura de relaciones diplomáticas de Arabia Saudí (y Sudán siguiendo sus huellas) con Irán… y, por si
faltaba poco, la acusación de Teherán a Riad de haber bombardeado su embajada en Saná (Yemen) más las amenazas mutuas entre Irán y Arabia Saudí han aumentado una escalada de tensión que viene de tiempo atrás.

A la base de esta tensión creciente esta la lucha por la hegemonía en Oriente Próximo entre Arabí Saudí e Irán. A Arabia Saudí le preocupa (comienza incluso a aterrarle) el empoderamiento de Irán. Los dos países han pasado de ser rivales a enemigos. Con su
alianza contra el terrorismo Arabia Saudí intenta agrupar y liderar a los países islámicos de orientación sunní, para contrarrestar el poder creciente de su vecino y rival chií, Irán.

Aunque se pretenda darle un carácter religioso, las bases del conflicto son puramente geopolíticas: la lucha por la hegemonía en la región. La guerra del Yemen es el campo de batalla (literalmente hablando) en donde se enfrenan estos dos poderes. Y es en este embrollo en el que se ha enredado Sudán

El dilema de USA

El gobierno de Estados Unidos se encuentra ante un serio dilema: Arabia Saudí es su antiguo aliado, mientras que con Irán ha mantenido una relación conflictiva. Por otra parte, la firma del pacto nuclear, ha acrecentado la influencia de Irán en Próximo Oriente, lo que está visto con malos ojos por Riad. Aún más, los saudíes, que ya formaban parte de la coalición que lidera Estados Unidos para hacer frente al Estado Islámico, se erige ahora en cabeza de una nueva alianza de 34 países musulmanes para luchar contra el terrorismo, con la aprobación del secretario de defensa estadounidense, Ashton Carter, por estar «en la línea de lo que pedíamos desde hace tiempo, que es una mayor implicación de los países sunníes en la lucha contra el EI»

Este visto bueno de la administración de Obama a la coalición sunní, liderada por los saudíes, plantea varios problemas. Por el momento la acción de dicha coalición se concentra en el Yemen, donde Irán y Arabia Saudí se enfrentan. Además en esa coalición y en ese enfrentamiento colabora Sudán, un país a cuyo régimen los Estados Unidos han impuesto sanciones económicas y embargo de armamento, por sus abusos contra los derechos humanos, que incluyen genocidio y terrorismo de Estado, y cuyo presidente Omar Al-Bashir está reclamado por la Corte Penal Internacional por supuestos crímenes de guerra. A esto hay que añadir, que aunque a diferencia de Arabia Saudí Irán no participa en la coalición liderada por los Estados Unidos, sí ayuda a detener el avance del Estado Islámico; mientras que Arabia Saudí, está acusada de ser el principal propulsor de la ideología en la que se basan grupos yihadistas



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