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¿La sombra de un genocidio en Burundi? Punto de vista de dos especialistas
12/11/2015 -

La comunidad internacional no oculta su inquietud ante la situación en Burundi. Los burundeses siguen huyendo. Desde mayo, más de 200 personas han sido asesinadas; 200.000 han abandonado el país.

¿Está Burundi al borde de la guerra civil? He aquí las respuestas de dos especialistas: Bob Kabamba, profesor de política africana en la Universidad de Lieja (ULg), y Emmanuel Klimis, investigador en la universidad de San Luis de Bruselas. Por ahora, no hay una guerra civil.

Por el momento, según Bob Kabamba, no puede hablarse realmente de guerra civil. “Cuando se habla de guerra civil, es necesario que exista un movimiento estructurado que pueda tener una existencia y presentar reivindicaciones. No es el caso hasta el momento. Pero, la situación, no obstante, hace pensar en la que Burundi vivió en el pasado”. Emmanuel Klimis hace la misma constatación: “Cuando se habla de guerra civil, puede identificarse claramente un líder, una cadena de mando en la oposición”. Por ahora, esta oposición está muy dividida.

Emmanuel Klimis detalla: “Está la oposición política, formada por la mayoría de los partidos de oposición que están fuera del Parlamento (salvo el de Agathon Rwasa que hace oposición en el Parlamento). Al lado de esto tenemos una oposición muy difícil de determinar. Está conformada por antiguos cuadros del partido, por militares que se han ido al ‘maquis’, fuera del país u ocultos en el interior. Las diversas violencias contra civiles son atribuidas por el gobierno a este ejército. Están luego, las protestas de quienes han abandonado el país”.

Una situación cada vez más tensa

Haya o no una guerra civil, el hecho es que la situación es cada vez más tensa y preocupante. Bob Kabamba explica: “Es especialmente preocupante dado que no se logra identificar quién hace qué, quién asesina a quienes. Es un hecho, por una parte, que existe una política represiva por parte del gobierno de Nkurunziza, no solamente hacia los opositores, sino también contra militantes de derechos humanos y contra periodistas. Alguien que es percibido como no partidario del régimen es un objetivo potencial de las fuerzas de seguridad de Nkurunziza. Por otra parte, existen grupos de autodefensa que se organizan para resistir. Y estos grupos no dudan, por ejemplo, en atacar a policías que han perpetrado masacres en sus barrios”.

Algunos opositores están armados. Pero ¿por quién?

La policía lleva a cabo actualmente operaciones de desarme en los barrios contestatarios. El gobierno ha anunciado esta semana que ha recuperado 95% de las armas que estaban en manos de civiles. Emmanuel Klimis matiza: “De hecho, no hay mucho control sobre estas cifras. No ha habido nunca un censo de armas desde los acuerdos de Arusha. Y además, África Central, con el conflicto en la República Democrática del Congo, es una zona en la que las armas circulan muy fácilmente; una zona con fronteras muy difíciles de controlar. Dicho esto, esas armas provienen probablemente del conflicto anterior. Pero, también se dice que numerosos militares habrían abandonado sus puestos con armas. El Gobierno lo desmiente, pero es algo totalmente plausible”. Emmanuel Klimis añade que se trataría no solamente de armas ligeras sino también de material pesado.

A propósito del ejército, Bob Kabamba detalla: “Es preciso que se sepa que desde la tentativa de golpe de Estado del pasado mayo, se ha producido una purga asesina en el seno del ejército. Cuantos habían tomado partido en favor del golpe han sido perseguidos. Otros han sido asesinados. Por este hecho, la mezcla (la integración de antiguos rebeldes hutu en un ejército mayoritariamente tutsi con el fin de garantizar un equilibrio étnico previsto en el acuerdo de paz) prevista en el ejército ha quedado fracturada. Ello provoca enfrentamientos armados en algunos barrios. Si en próximas semanas la situación no se tranquiliza, esos diferentes grupos podrían constituir una fuerza rebelde. Entonces entraríamos de manera clara en una guerra civil”.

¿Lógica étnica o lógica política?

El Gobierno burundés está jugando desde mayo y desde la primeras manifestaciones la carta de la confrontación étnica, para explicar la contestación, el conflicto. ¿Es la lectura correcta? Tanto para Klimis como para Kabamba la respuesta es no. Al menos por ahora. “Hay que percatarse – dice Kabamba – de que en Burundi la realidad étnica no es de ningún modo como la de Ruanda. El antagonismo hutu – tutsi es mucho más atenuado en Burundi. Por otra parte, los opositores más virulentos, los más radicales frente al partido hutu en el poder son hutu. Estamos de verdad en una lógica puramente política que va más allá de las diferencias étnicas”. Klimis explica que el acuerdo de paz, con el reconocimiento de la diferencia étnica, “quizás no ha permitido evacuar las tensiones, sino que las ha situado en otra línea divisoria, diferente a la étnica”.

Según estos dos especialistas, hasta el momento la población no ha caído en la trampa. Incluso Kabamba piensa que cuanto más se endurezca el régimen y aplique una política represiva cada vez más fuerte, “más se agudizará el antagonismo, no étnico, sino entre los pro-Nkurunzia y los anti-Nkurunziza”.

¿Riesgo de un genocidio?

El riesgo de un genocidio preocupa a la comunidad internacional. El presidente ruandés Kagame se ha referido a él en sus reprimendas contra Bujumbura. La cuestión está también en la mente de la ONU. Estos últimos días, varias personalidades del régimen han utilizado la retórica genocida en sus discursos. El presidente del Senado, por ejemplo, ha hecho un llamamiento a los partidarios del poder a que “limpien” los barrios contestatarios o a “trabajar”, término utilizado en Ruanda en 1994.

Bob Kabamba opina que “es una estrategia desarrollada por el régimen para tratar de dar otra lectura al este conflicto. Trata también de ganar el apoyo de las poblaciones de las colinas, para las que los antagonismos de los diferentes conflictos en la región siguen siendo heridas sin cerrar. La idea es la de reavivar todo ello y así beneficiarse del apoyo de toda la población. Pero hay que relativizar todo esto: en las colinas, lo mismo que en Bujumbura, muchos de los que se manifiestan son también antiguos partidarios de Nkurunziza. Por eso, cuando una de las personalidades del régimen dice que “hay que limpiar”, opino que no apunta solo a los tutsi sino también a los hutu contrarios a la política de Nkurunziza. Por lo tanto, el término “limpiar” va más allá de la cuestión étnica. Significa: vamos a eliminar a todos los que están en contra nuestra”.

Emmanuel Klimis reclama que estemos atentos: “No es por el hecho de que no exista la dimensión étnica por lo que no vayamos a encontrarnos con una situación humanitaria catastrófica, caso de que la situación siga envenenándose”.

La comunidad internacional descalificada

Lo que puede leerse también en este conflicto de Burundi es el enfrentamiento entre dos bloques, según Bob Kabamba: “En el seno de la comunidad Este-africana hay un eje Kigali-Kampala-Nairobi contra el eje Dar es Salaam-Bujumbura. Kigali-Kampala-Nairobi se pronunciaron entra el tercer mandato de Nkurunziza. Dar es Salaam se mostró más conciliador. La violencia en Burundi pueden ser analizada como el enfrentamiento entre estos dos bloques”. Klimis opina que la solución vendrá de estos actores regionales: “Uganda afirma estar dispuesta a proseguir con su misión de mediación. Ello es susceptible de ser aceptado por los burundeses mejor que otra mediación exterior calificada por el régimen de imperialista. Ha habido presiones de la EEUU, de Bélgica, de los donantes internacionales y de organismo de cooperación; existe también la amenaza de la Unión Europea. Pero estas amenazas no funcionan y producen el efecto de un rechazo masivo. La solución no puede venir del mundo Occidental, descalificado por el régimen”.

Aline Wavreille

Radio Télévision Belge Francophone (RTBF)

[Traducción, Ramón Arozarena]

[Fundación Sur]


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