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LitERaFRicAs

LitERaFRicA es un blog cuya autora es Soniia Fernández , surgió en junio de 2013 en un intento de crear un blog específico de literatura africana, entre otras razones, porque cuando una intentaba localizar información sobre algún libro o autor/a de ese continente, tenía que realizar un gran esfuerzo de búsqueda y, a menudo, era infructuoso. En aquel momento dedicarle un pequeño hueco en el ciberespacio no me pareció mala idea. Un lugar para intentar aportar ese granito de arena al conocimiento del desconocido y muy interesante mundo de las letras africanas, donde escritores/as africanas tuvieran la voz y la palabra para acercarnos sus pensamientos y sentimientos, para mostrarnos sus anhelos y su manera de ver la realidad y sentirla. Lo subtitulé “Simplemente literatura” porque para mí esta literatura es simplemente eso, Literatura con mayúscula, sin necesidad de ponerle ninguna otra etiqueta aunque, paradojas, de momento las tengo que usar.

https://literafrica.wordpress.com

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Los hombres leopardo se están extinguiendo de Chema Caballero, por LitERaFRicA

28 de septiembre de 2015.

Autora : Sonia Fernández Quincoces

En este caso voy a empezar por la última página del libro en la que, junto a los agradecimientos, una nota nos informa que todos los beneficios que reporte la obra estarán destinados a una ONG, Dyes(Desarrollo y Educación solidaria), que en 2005 fundó Chema Caballero, junto a sus tres hermanas, cuando todavía se encontraba en Sierra Leona, país en el que permaneció desde 1992 hasta 2009. Este libro lo escribió después, en 2011 instalado ya entre nosotros, y no digo “fuera de África” porque eso en Chema Caballero es imposible.

De la terrible guerra civil sierraleonesa a pesar de no querer hablar en esta ocasión (podéis leer la entrevista que le hizo Ramón Lobo en “Jot Down“) acaba haciéndolo (él sabe que es algo inevitable), ya que su intención es contar “lo que están viviendo hoy día, los hombres y mujeres de Sierra Leona y, más concretamente, de Tonko Limba“. Y eso (aunque no solo) es lo que encontramos en sus páginas: el día a día vibrante y triste, vital y amargo, por el que transcurre ese pequeño universo que él conoció y todavía ama. Como diría Biyavanga Wainaina por el que aflora mucha cotidianeidad. Así, el libro es un auténtico regalo para todo aquel que quiera asomarse a este continente desde la mirada de un extremeño que pasó dieciocho años en Tonko Limba, trabajando con la comunidad y rehabilitando a menores soldados, pero ante todo caminando con ellos desde la humildad, con ganas de conocer, intentando aceptarlos en su totalidad y aparcando las tentaciones de juzgar…por que, como bien se encarga él mismo de subrayar, ¿quién conoce qué?.

En una ocasión anterior califiqué este libro de “manual”, y lo dije porque en esta obra aparecen muchos temas de la sociedad y cultura sierraleonesa que están tratados con profundidad y nos aportan la visión del que las ha vivido “con nuestra mirada”. El título del libro hace referencia a una de las sociedades secretas de aquel país, la de los hombres leopardo, según la cual estos hombres se transformaban en leopardos, tradiciones y creencias que nos descubren la magia y las supersticiones que aún perviven en el continente y que se enfrentan a una modernidad apabullante (donde el móvil es el artículo estrella).

Junto a ellas, aparece la situación de la mujer (“No se puede negar que las mujeres sierraleonesas, como todas las africanas, son supervivientes natas, que buscan los medios y las formas para, a pesar de la opresión y marginación en que se encuentran, sacar adelante a sus familias”), la educación, la sexualidad y los embarazos adolescentes (“Durante años he estado promoviendo el uso del preservativo entre los jóvenes, pero cuesta mucho que opten por él”), el consumo de yamba-marihuana local, la mutilación genital femenina, la medicina tradicional africana, la brujería (“Los extranjeros solemos considerar como hechiceros a toda una serie de personajes que juegan un papel muy distinto en la vida de los sierraleoneses”) o los jóvenes (que se ven influenciados por la televisión, Internet y que se encuentran atrapados entre la modernidad y la tradición) a quienes considera los verdaderos motores del cambio, porque Chema Caballero es de los que opina que a África la sacará de su situación los propios africanos.

"... Los jóvenes son la única esperanza que le queda a África para romper con su situación actual y cambiar. Constituyen la mayoría de la población del continente. Son la fuerza que quiere que las cosas cambien en sus países y buscan medios y formas para conseguirlo.

Los jóvenes tienen la capacidad de llevar a cabo la revolución que necesita África y todo nuestro planeta. Una revolución que venga del Sur, de forma pacífica, y que cambie todas las estructuras políticas y económicas que rigen las relaciones internacionales para, así construir un mundo más justo e igualitario para todos. ..."Pág.112

No se obvia, tal y como ya he comentado, la dramática e infernal situación que se vivió durante y después de la guerra civil. Aquella guerra fue una de las más crueles de finales del siglo XX y principios del XX y duró 12 años. Bajo ella no se encontraba “una guerra tribal” como se suele denominar, tal y como denunciaba el escritor Ahmadou Kourouma en Alá no está obligado, a todo conflicto que suceda en aquel continente, sino la codicia de Occidente por hacerse con los recursos naturales africanos, el mantenimiento del negocio de las armas y el control de las minas de diamantes, entre otros, lo que produjo un conflicto de especial crudeza con la población civil que la vivió, además de con muertes y desolación, con amputaciones de manos, y niños y niñas convertidos en menores soldados y esclavas sexuales. Chema Caballero testificó en el juicio contra el “señor de la guerra” Charles Taylor y luchó para que no se juzgara a los menores soldado por “crímenes de guerra”.

“Las guerras las diseñan y manipulan los poderosos y las viven y sufren los más pobres”(pág. 41)

A la crudeza de la guerra le sobrevino el tiempo después, el necesario tiempo de la reconciliación (“el asunto pendiente de todas las guerras“), cuando víctimas y verdugos compartían los mismos espacios y en el aire se respiraba el deseo de venganza, la insatisfacción de los jóvenes, la propia dificultad por parte de los menores soldados para volver a la sociedad por miedo a ser reconocidos. Una vidas que había que reconstruir y que fueron abandonadas, tras el desembarco de ONG y organismos internacionales (con los que se muestra muy crítico) que acudieron cuando “Sierra Leona se puso de moda” en tropel y que después, justo cuando más se les necesitaba, desaparecieron. A pesar de que considera que la ayuda es necesaria, afirma que “África necesita más justicia que ayuda material”.

Además, es un libro autobiográfico en el que el ex-misionero javeriano nos descubre sus propias dudas y desilusiones (“A veces me pregunto si tanto esfuerzo en el campo de la educación vale la pena. Cuando veo las dificultades que tienen que superar los estudiantes, las de sus familias y la forma en la que malviven los maestros, pienso que tanto aprender no lleva a nada. Son pocos los que después de tanto sacrificio conseguirán un empleo digno”, pág. 153). Sus dificultades para comunicarse, incluso estudió krio, porque se llega con ideas preconcebidas (“Por muy bien que hablemos el idioma local, la mentalidad que existe detrás de las palabras y los conceptos es siempre difícil de captar”, pág.31) o sus momentos de enfado, cuando la rabia le sale a borbotones (como cuando un niño le interpela sobre los diamantes: “¿Y para que vosotros os digáis “te quiero” tenemos que matarnos nosotros?.”) Pero es un libro en donde sobre todo aparecen los sentimientos de un hombre que tuvo la suerte de vivir en
Ahora termino por el principio del libro. Nada más leer la dedicatoria sabemos que estamos ante un libro escrito por alguien a quien le apasiona leer. El co-fundador del blog “África no es un país” le dedica su obra al Coronel Aureliano Buendía, aquel personaje creado por la magia del gran Gabo, “que promovió treinta y dos levantamientos y los perdió todos”. Además de estar ante un buen lector, verificamos que es alguien que no ceja, ni se deja vencer por las adversidades, que se cae y se levanta miles de veces hasta la extenuación, a pesar de que conoce también cuáles pueden ser los resultados. Pero este libro no habla de Chema Caballero, el extremeño que aprendió krio para poder abrazar con la mente y con el corazón a miles de menores que sufrieron una de las mayores atrocidades que se le puede cometer a un niño/a, ni siquiera habla de África, porque no existe. Este libro habla de un gran hombre que un buen día llegó a un lugar llamado Tonko Limba en el que sus habitantes solo querían, como todos, ser felices.

“Los extranjeros tendemos a imaginar África como algo estático, que se ha detenido en el tiempo. Tenemos en nuestra mente las imágenes de las películas de Tarzán, Las minas del rey Salomón, Memorias de África… y nos es difícil imaginar un continente distinto al que nos enseña Hollywood.

Sin embargo, África es un continente joven, lleno de esperanza y de ganas de cambiar. Está evolucionando continuamente. A pesar de estar condenados a la supervivencia básica, sus habitantes, especialmente los más jóvenes, no se resignan y buscan día a día cómo salir adelante. Por eso es un continente siempre en movimiento, que nunca se para, por más que nosotros sigamos pensando que allí se ha detenido el tiempo” (pág.200)

Original en : LitERaFRicA

Ficha:

Título original: Los hombres leopardo se están extinguiendo (2011)
Editorial: PPC (2011)

Nº páginas: 264



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