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Inicio > REVISTA > Opinión >

El principal problema de Nigeria es el tribalismo
02/04/2014 -

Solo esta semana, más de 40 escolares inocentes, indefensos y desamparados fueron asesinados brutalmente mientras dormían por el grupo terrorista Boko Haram. Esta y otras matanzas sin sentido que mancillaron cualquier intento juicioso del gobierno son fomentadas por el accionar de aquellos mismos políticos que juraban que, si “ellos” no recuperaban el poder, la nación continuaría siendo ingobernable. Más aún, los miembros de los partidos políticos más importantes parecen estar divididos entre su consternación y sus preferencias tribales, y se acusan, contraatacan e insultan permanentemente.

Nuestra desafortunada realidad es que estamos unificadamente divididos y separadamente unidos. Se trata de un matrimonio por la fuerza, consagrado hace décadas en los aposentos de lord Lugard y su esposa. Esa unión forzada derivó en otras relaciones íntimas cotidianas y dolorosas con desconocidos. Como pudiera dar fe el rey Salomón, cualquier cosa (tal vez no todo) es posible bajo el embriagador bálsamo de la pasión femenina.

Frente a esta complejidad, podemos identificar una sola raíz común a todas nuestras calamidades nacionales. ¡El tribalismo! Nosotros (los nigerianos) integramos una cacofonía de cantantes tribales. En un país con cerca de 170 millones de personas y más de 600 grupos étnicos diferentes, nos ha resultado imposible, como pueblo, conformar un frente unido.

Tribalismo significa que un hombre apoyará al resto de su etnia sin importar si tienen razón o no; tanto siendo oprimidos como opresores. Se puede pertenecer a una tribu a través de parientes o amigos, por etnicidad, color de piel, lugar de nacimiento, ciudadanía, ideología o por integrar algún grupo con intereses comunes.

Tribalismo es creerse mejor que el resto y considerar que los demás pertenecen a una clase inferior. Como en la Rebelión en la granja de George Orwell, los nigerianos somos expuestos al concepto de que “todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”. Entonces, quien posee un sentimiento de tribalismo adquiere una estima demasiado alta de sí mismo y de los demás miembros de su grupo. Esto no significa que un sentimiento de hermandad sea inadecuado. Para nada. Pero cuando dicha fraternidad comienza a perjudicar a la mayoría, se transforma en otra cosa.

En Nigeria, el tribalismo se convirtió en una fuerza expansiva más veloz que la de una bomba atómica. La aparición del Boko Haram en nuestra sociedad actual posee sus raíces en él. La militancia en el delta del Níger se nutre de los sentimientos tribales, al igual que la OPC¹ y Bakassi. El tribalismo alimenta al terrorismo. No hace falta buscar lejos, esa es la raíz.

La elección de funcionarios públicos que sumieron al país en la oscuridad equivale al tribalismo en el ámbito gubernamental. En Nigeria, es común encontrar a estos funcionarios otorgando innumerables contratos a empresarios ineptos por afinidad tribal, y no porque estén genuinamente calificados o sean realmente competentes. La administración actual, en algún momento, debió enfrentar el problema de “¿cómo puede ser que una minoría nos gobierne?” (nótese el nos vs. el ellos implícito).

Un país no debería hacer trabajar a algunos hasta el agotamiento solo para poder sobrevivir mientras a otros se les otorgan las llaves de los tesoros del gobierno y se les permite enriquecerse a piacere bajo el lema “nosotros nacimos para gobernar”. Este es uno de los motivos centrales por los cuales nuestra patria no ha logrado aún convertirse en “una Nigeria”.

El tribalismo engendró, indirectamente, la guerra civil nigeriana y dio lugar, también indirectamente, al mal actual llamado “sistema de cuotas”, así como a su medio hermano, el “estado de origen”. Estos son producto de la mediocridad, diseñados consciente o inconscientemente para llevar a Nigeria a la ruina. Ambos hicieron crecer tanto la inequidad nacional como el rencor frente a las injusticias percibidas. Una de las características más desafortunadas del tribalismo es esta innecesaria competencia entre tribus.

Los Yoruba se transformaron en “nosotros”; los Igbo y los Hausa, en “ellos”. El norte sostiene que el poder debe retornar a esa región, como si una única tribu poseyera el derecho de ocupar el trono presidencial en Nigeria. Cuando la persona elegida proviene del Delta del Níger se desata un infierno, porque él no es de “nuestra región”.

Esta, en realidad, es la causa de la mayoría de nuestros problemas, y como consecuencia se definieron los peores rasgos nigerianos: los enfrentamientos religiosos y, más recientemente, el terrorismo.

La creencia en la superioridad de una tribu y la debilidad del resto generó un sinnúmero de guerras en Nigeria. Pero intentar demostrar esa supuesta superioridad y considerar que las demás tribus pertenecen a categorías inferiores es, en realidad, una perversión. El Igbo es igual al norteño y el Yoruba es igual a ambos. Eso somos, personas con los mismos derechos y un estatus equivalente.

Para que la insurgencia del Boko Haram termine, las confrontaciones étnicas sean erradicadas de nuestro pueblo y Nigeria progrese más allá de nuestros ojos, debemos comenzar a ser guardianes de nuestros hermanos. Para eso, primero debemos darnos cuenta de que somos hermanos. Si es que tal epifanía es posible. Debemos abandonar este frustrante camino hacia la entronización del mal a través de nuestras acciones e inacciones.

Todos tenemos un destino común, ya sea que provengamos del norte, sur, este u oeste. Así es. Debemos comprender que todos somos víctimas del imperialismo económico y de los fuertes intereses extranjeros; convencernos por fin de la necesidad de unificar Nigeria y entender que la geografía no constituye una barrera para la cooperación nacional y el entendimiento mutuo.

Solo así podremos terminar exitosamente con los males del terrorismo, la militancia y las hostilidades étnicas y religiosas.

Todos somos nigerianos.

Jerome Samson

YNaija.com

¹ OPC (por su sigla en inglés: Oodua People’s Congress). Congreso del Pueblo Oodua.

[Traducción, Magdalena Saux]


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