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Caballero, Chema

Chema Caballero nacido en septiembre de 1961, se licenció en derecho en 1984 y en Estudios eclesiásticos en 1995 Ordenado Sacerdote, dentro de la Congregación de los Misioneros Javerianos,
en 1995. Llega a Sierra Leona en 1992, donde ha realizado trabajos de promoción de Justicia y Paz y Derechos Humanos. Desde 1999 fue director del programa de rehabilitación de niños y niñas soldados de los Misioneros Javerianos en Sierra Leona. En la , desde abril de 2004 compaginó esta labor con la dirección de un nuevo proyecto en la zona más subdesarrollada de Sierra Leona, Tonko Limba. El proyecto titulado “Educación como motor del desarrollo” consiste en la construcción de escuelas, formación de profesorado y concienciación de los padres para que manden a sus hijos e hijas al colegio.

Regresó a España donde sigue trabajndo para y por África

Tiene diversos premios entre ellos el premio Internacional Alfonso Comín y la medalla de extremadura.

Es fundador de la ONG Desarrollo y educación en Sierra Leona .

En Bitácora Africana se publicarán los escritos que Chema Caballero tiene en su blog de la página web de la ONG DYES, e iremos recogiendo tanto los que escribió durante su estancia en Sierra Leona, donde nos introduce en el trabajo diario que realizaba y vemos como es la sociedad en Madina , como los que ahora escribe ya en España , siempre con el corazón puesto en África

www.ongdyes.es

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Nueva era de intervenciones militares , Por Chema Caballero

3 de febrero de 2014.

Durante décadas, en la mayoría de los conflictos africanos han intervenido misiones de paz pilotadas por las Naciones Unidas y cuyas tropas estaban compuestas por soldados provenientes, en su mayoría, de fuera del continente.

Siempre había dudas, especialmente a finales de los 90 e inicio del nuevo siglo, sobre las verdaderas intenciones de los países de proveniencia de los contingentes destacados en suelo africano, al encontrarse muchos de ellos en la lista de los que no respetaban los derechos humanos o no tenían gobiernos democráticos, por ejemplo.

En los últimos años, estamos asistiendo a un cambio de tendencia que está provocando una nueva era de intervenciones militares en África, en busca de la paz, por parte de países africanos.

A mediados de enero, el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, reconocía haber enviado cientos de soldados a luchar junto a las tropas del gobierno de Sudán del Sur. Fuerzas ugandesas también están combatiendo en Somalia, junto a contingentes kenianos, etíopes o burundeses, contra los extremistas de Al Shabab.

Hace un par de semanas, lasfuerzas aéreas estadounidenses trasladaron tropas de Burundi y Ruanda hasta la República Centroafricana para que se unieran a la Misión de paz desplegada en ese país.

Otras tropas africanas procedentes de Burkina Faso, Burundi, Chad, Egipto, Etiopía, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea Bissau, Kenia, Namibia, Nigeria, Senegal, Sierra Leona, Sudáfrica, Togo, Tanzania, Zambia, Zimbabue… participan en operaciones de paz, tanto de Naciones Unidas como de la Unión Africana, en Mali,Darfuro la República Democrática del Congo, por ejemplo.

A finales del siglo pasado y principios del actual, no era extraño encontrar tropas africanas interviniendo en otros países apoyando a grupos rebeldes. Hoy día la situación ha cambiado radicalmente. Ahora las mismas tropas acuden para ayudar a gobiernos vecinos con problemas, no a luchar contra ellos.

Es posible que esta nueva actitud sea un elemento más de la gran transformación política que está experimentando África. Entre ellos cabe destacar el consenso existente para no permitir los cambios no legales de poder. Los últimos ejemplos de esta tendencia han sido la condenación unánime de los intentos de golpe de estado en Malí o Sudán del Sur.

En el primero de los casos, cuando en 2012, el capitán Amadou Sanogo derrocó al Presidente Amadou Toumani Touré, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) inmediatamente condenó la acción y amenazó con sanciones, embargo e intervención militar a Malí. Hoy día, Sanogo está en prisión acusado de asesinar a decenas de opositores durante su corto mandato.

En Sudán del Sur, el intento del antiguo Vicepresidente, Riek Machar, de deponer al Presidente Salva Kiir, encontró el rechazo de los países de la zona. Incluso Sudán, tradicional enemigo de Sudán del Sur, negó apoyo a Machar y ofreció tropas para proteger los campos petrolíferos del sur.

Este cambio de actitud de los gobernantes africanos puede obedecer a muchas razones pero quizás la principal sea que se han dado cuenta de que la estabilidad política es necesaria para el crecimiento económico de la zona.

Sin embargo, no se deben descartar otras explicaciones más complejas. Después de años de costosos ejercicios de intervención extranjera en el continente ahora se impone la idea de “Soluciones africanas para problemas africanos” y puede que la comunidad internacional, además de tratar de encontrar soluciones cercanas al conflicto tenga en cuenta que las operaciones de paz africanas cuestan mucho menos que las de Naciones Unidas.

Las últimas operaciones de paz africanas han puesto de manifiesto muchas carencias. La primera es que las tropas africanas cuando no están bajo la bandera de las Naciones Unidas suelen tener menos equipamiento y recursos y estar menos entrenadas. Por eso son más económicas y, quizás, por esa misma razón siguen siendo muy demandadas en todo el continente.

Estas carencias se traducen en falta de eficacia. Así, en Mali la fuerza de paz africana propuesta no pudo desplegarse con suficiente rapidez para impedir que grupos vinculados a Al Qaeda se hicieran con el control de mitad del territorio.

En la República Centroafricana, las tropas africanas no fueron capaces de prevenir la violencia y las matanzas. Además, los soldados aportados por Chad tuvieron que enfrentarse a las iras de la población local que les acusó de haber guiado a las milicias rebeldes que se hicieron con el poder en marzo de 2013.

En ambos casos, el antiguo poder colonial, Francia, tuvo que intervenir. En Mali lideró la operación que empujó a las milicias hacia el norte. También desplegó 1.600 soldados en la República Centroafricana para poner fin a la violencia.

En este último país hay estacionados 3.000 soldados africanos, número que se doblará para finales de enero. Sin embargo, son muchas las voces que denuncian la ineficacia de esta fuerza y piden una misión de las Naciones Unidas, empezando por el Secretario General, Ban Kin-moon, y siguiendo por los Estados Unidos.

Es por eso por lo que algunos hablan de que a África le está costando mucho construir su propia paz.

Sin embargo, y es una opinión personal, no creo que una operación de paz de Naciones Unidas sea muy diferente. Las experiencias de la República Democrática del Congo o de Costa de Marfil, por citar solo dos ejemplos, demuestran que estas misiones tampoco son capaces de proteger a los civiles.

Solo cuando en la República Democrática del Congo las fuerzas de paz de Naciones Unidas estrenaron un mandato ofensivo consiguieron derrotar al ejército rebelde del M23 y dar un giro al conflicto.

Para ayudar a superar las carencias que las que las fuerzas africanas presentan, el Comando de Estados Unidos para África (AFRICOM) ha puesto en marcha un programa de entrenamiento y refuerzo de las mismas.

África cada vez quiere ser más protagonista en la resolución de los conflictos que se desarrollan dentro de su territorio y está dando los pasos y poniendo las bases que le permitan asumir este rol. En el momento actual, todavía se encuentra muy dependiente de la ayuda exterior. Posiblemente, la gran contribución de los países africanos a la paz del continente no solo dependa de la intervención militar sino también de otros elementos como el cada vez mayor compromiso de lucha contra la impunidad, la abstención por parte de los gobiernos de apoyar grupos rebeldes en otros países y la aportación de elementos culturales propios del continente a la resolución de los conflictos.

Original en : Blogs de El país- África no es un País



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