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WIRIKO

“Wiriko” es una palabra perteneciente a la familia de las lenguas bantúes cuyo significado hace referencia a la idea de estar despierto. En este sentido, pretendemos despertar conciencias y romper con los tópicos y estereotipos que envuelven al continente africano en lo que a manifestaciones sociales y culturales se refiere. Wiriko está en pie y con los ojos bien abiertos, atentos a todo lo que acontece en torno a las sociedades africanas contemporáneas. Muchas veces, bebiendo e inspirándonos de los frutos del pasado, y otras, escuchando los ecos en la diáspora, pero siempre, volviendo la mirada a nuestros pies, enraizados en esta tierra que tanto tiene que decir y enseñar. www.wiriko.org

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Sarakasi: el pulso del baile y el circo en Kenia, por Wiriko

28 de enero de 2014.

Publicado por Gemma Solés i Coll

“Soy de Kisumu, pero vine a Nairobi buscando cumplir mi sueño: hacerme bailarín” dice Óscar, de veinticinco años. “Desde muy pequeño el baile fue mi pasión, pero nunca había tenido la oportunidad de aprender a bailar profesionalmente hasta que apareció Sarakasi”.

La coreógrafa Renee, de treintaidós años y residente en Pangani, uno de los suburbios de la capital keniana, nos explica que durante su adolescencia sólo tuvo oportunidad de bailar en la iglesia, y que sus primeros pasos importantes fueron junto al grupo de hip hop Kalamashaka. Pero con los ojos a punto de estallar nos confiesa: “Es Sarakasi lo que me ha dado la oportunidad de mantener a mi familia, a mi abuela y a mi hija de trece años”.

Sarakasi Trust es una organización que tiene como objetivo el desarrollo, empoderamiento, apoyo y promoción de las personas con pocos recursos, para fomentar sus capacidades a través de la creatividad y la cultura. ‘Sarakasi’, o ‘Circo’ en kisuajili, tiene diferentes programas de formación que se desarrollan en Sarakasi Dom, un gran edificio situado en la céntrica calle de Ngara Road, y la primera escuela de danza y acrobacias que existió en el África del Este.

Erigida en el corazón de Nairobi gracias al empeño de su directora, Marion Van Dijck, hoy en día es una factoría de profesionales y de jóvenes comprometidos con su entorno, tanto en el campo de la danza, de la música, como de las acrobacias. En Sarakasi Dom unos dieciséis profesores entrenan a un total de cien estudiantes, que provienen de diferentes puntos del estado y que, tras pasar unas duras pruebas de selección, son formados gratuitamente para formar parte de una nueva generación de profesionales. Sarakasi está formado actualmente por cien apasionados y adictos al baile o la música, que gracias a la fundación, han encontrado una forma de mejorar sus vidas. Pero los valores transmitidos por esta escuela de danza van mucho más allá de instruir a los mejores profesionales y darles oportunidades de trabajo.

Detrás de todos estos jóvenes talentosos se encuentra un gran elenco de artistas, pero también de personas cuyo objetivo es contribuir a crear una nueva generación de ciudadanos comprometidos socialmente. “De 8.00h. a 17.00h., aquí se trabaja duro”, sentencia Edwin Odhiambo, director creativo y coreógrafo de Sarakasi Trust. “Aunque en Sarakasi no sólo se baila -confiesa-, los alumnos son nuestra familia, así que lo que pretendemos es enseñarles a ser mejor personas. Es inútil enseñar a cómo moverte sin enseñar a pensar o a sobrevivir. Les enseñamos a comportarse con los demás, cómo conseguir contratos, cómo comunicarse con los clientes. A ser más honestos y a tener objetivos en la vida. Les ayudamos a saber lo que quieren ser, los guiamos para que se respeten y que los demás los respeten. Les ayudamos a focalizarse en la vida y a construir una sociedad mejor”, dice con orgullo Edwin. “Los bailarines que formamos en Sarakasi se convierten en modelos a seguir para otras personas fuera de la escuela”.

Gregory, un joven de veintitrés años que proveniente de Gara, nos dice que su expectativa es aprender más para inspirar a otras personas. “He estado aquí cinco años, y ahora creo que me toca inspirar a otras personas”, dice. Del mismo modo, Agnés, de veinticinco años, manifiesta con entusiasmo: “Me gustaría poder llegar a montar mi propia escuela de danza, y ayudar a la gente a que crezca, darles herramientas a aquéllos que creen que no pueden hacer nada o que se sienten menospreciados; sea una mujer oprimida por su marido o una chiquilla que cree que no puede más que vivir del dinero de su novio… Quiero ser la armadura de la gente que tiene pasión por el baile pero por el motivo que sea, no tiene el coraje para dedicarse a ello”. La joven suspira cuando le preguntamos “¿qué es la danza para ti?”, traga saliva y nos dice: “¡La danza es mi vida! Es lo que me hace feliz. ¡Es lo que me anima a levantarme de la cama cada mañana!”.

El Festival Sawa Sawa y Sarakasi fuera de la escuela:

Hace un mes, Sarakasi celebró su séptimo festival urbano anual, centrado en el tema de los cincuenta años de independencia del país.Una plataforma multidisciplinar donde se reúne talento del mundo de la danza, de la música y de las acrobacias de Kenia y de todo el África del Este. Wiriko no faltó a la cita del Sawa Sawa en la capital keniana, que demostró que cada vez hay más audiencia para las artes escénicas en la ciudad. A pesar de que “los kenianos no somos muy callejeros; en Sarakasi intentamos motivar a que la gente salga fuera, es un desafío para nosotros, pero no dejamos de intentarlo” nos cuenta Odhiambo acerca de la cada vez más amplia audiencia en los festivales organizados por la asociación.

Edwin, coreógrafo de Safari Park Hotel durante más de ocho años, en la actualidad es uno de los profesores del famoso show televisivo Tusker Project Fameo de Niko na Safaricom– donde participan muchos de los bailarines de Sarakasi-, y uno de los más comprometidos docentes de la organización, de la que forma parte desde que arrancó, en 2001. “También trabajamos con muchos músicos y con festivales organizados por Safaricom, con muchos eventos culturales de todo el África del Este, con programas de televisión…”

Y bien cierto es que su persistencia y constancia los ha llevado a tener partenariados internacionales de alto voltaje. Su vinculación con festivales como el Festival Mundial de Holanda o el Umoja Cultural Festival de Maputo, ha consolidado la presencia de sus bailarines en cada edición. Pero también han podido pisar escenarios de Estados Unidos durante tres años y han actuado en Gran Bretaña, donde volverán en Junio. Con Noruega tienen un programa de intercambios y también reciben estudiantes de otros lados del continente, sosteniendo programas como el Umoja Exchange Carpet. “Kenia es el centro neurálgico de las artes escénicas en el África del Este, y creo que Sarakasi es un gran centro de capital artístico”, dice Edwin.

A parte de sus programas de intercambio, Sarakasi ha ido ampliando poco a poco su presencia y tejiendo red con otros proyectos como el Africa Yoga Project, abrazando, así, cualquier iniciativa que pretenda fortalecer las capacidades de los jóvenes en el campo artístico y escénico.

Pero no sólo el baile inunda las salas de Sarakasi Dom. En la planta baja del edificio se escuchan chirridos de gomas de zapatillas. Asomamos la cabeza y comprobamos como cinco jóvenes construyen una estructura humana. Dos chicas se contorsionan una encima de la otra. Nos dejamos llevar por los sueños del circo keniano y nos maravillamos como niños chicos ante cualquiera de los números que están ensayando. Rápidamente, el profesor John Washika los organiza para mostrarnos sus virtudes. Malabares con fuego, acrobacias en el aire…

Washika tiene 40 años y su vida como acróbata cambió completamente desde que “fichara” para Sarakasi. “Empecé con la acrobacia en los 90 -nos dice- aunque por aquél entonces no teníamos un lugar donde entrenar. No teníamos un lugar común, así que se hacía difícil aprender los unos de los otros”. A pesar de que el gobierno no apoyaba mucho las iniciativas del mundo escénico, pasaron de tener la acrobacia como un simple hobby a convertirlo en un campo del que vivir. “Empezamos a ir a hoteles, escuelas y eventos a actuar, e incluso pudimos viajar por Holanda” reconoce Washika. Sin embargo, en los 90, el salario de un acróbata en Kenia, con suerte, era de unos 20 euros por show. “Desde que estamos con Sarakasi, los acróbatas podemos sacarnos entre 50 y 100 euros por persona” manifiesta sonriendo. “Sarakasi nos dio la oportunidad de formarnos en China durante un año”, nos explica John. Durante ese tiempo, los acróbatas aprendieron técnicas nuevas y se posicionaron con un estilo nuevo dentro de las artes escénicas del país. “La acrobacia keniana se parece mucho de un lugar a otro del país, pero en Sarakasi aportamos ideas nuevas gracias a nuestros intercambios internacionales. Eso nos da un plus”, dice el veterano.

“Los chavales a los que entreno tienen muchas más oportunidades de las que tuvo mi generación. Ahora los chicos tienen un lugar con buen equipamiento, que además es absolutamente gratuito, donde aprender con profesorado internacional… ”.

Sarakasi: un milagro sanador

Y si la danza o las acrobacias pueden convertirse en “el desayuno, la comida y la cena” de los estudiantes de Sarakasi, como bien confiesa uno de ellos, su proyecto en el hospital convierte el baile en un milagro sanador. “La presencia de bailarines y músicos en el hospital motiva a los niños enfermos a levantarse de la cama. Muchos médicos alucinan de los procesos de recuperación de algunos chiquillos”, nos dice el director creativo de Sarakasi Trust.

El proyecto de Sarakasi Hospital se inició en 2006 con una visión holística de la sanación: curar a través del arte, la creatividad y la sonrisa. Desde entonces, se han beneficiado niños y jóvenes en proceso de rehabilitación de hospitales como el Kenyatta National Hospital o el hospital del distrito de Mbagathi; pero también se ha alargado fuera de los hospitales, ya que muchos niños con desventajas sociales no pueden hacer frente a las facturas de la sanidad en Kenia. Actualmente, este programa llega a unos seiscientos niños y adolescentes kenianos, no solo curando, sino también, inspirando a los jóvenes a que salgan de la situación de desventaja y quizás, algún día, puedan también vivir de cantar, bailar o hacer acrobacias; y por encima de todo, que puedan formar parte de una transformación social más amplia.

Original en : wiriko



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