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Conan Businge

Periodista ugandés formado en la Universidad de Makerere. Nació en Kakumiro, en el distrito de Kibale. En la actualidad trabaja en el periódico The New Visión y en la productora Mayday Press, ambos medios ubicados en Uganda.

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Los problemas de la educación superior en Uganda

21 de noviembre de 2013.

Puede decirse con seguridad que la educación SUPERIOR en Uganda está colgando de un hilo. Simplemente es cuestión de tiempo que, si no se hace nada al respecto, acabe por colapsar. Prácticas más cortas, las clases abarrotadas, el racionamiento de comida en los comedores universitarios y la reducción de dietas son solo algunas de las cosas que están ocurriendo en las universidades de Uganda. Pero eso no es todo. Debido a la falta de fondos, las universidades también tienen que hacer frente a situaciones como la de pagar sueldos bajos a los profesores, contratar personal inadecuado, no poder expandirse o no llevar a cabo planes de desarrollo del personal para poder salir a flote.

Hay una serie de compromisos relacionados con la calidad de la educación y con la variedad de programas académicos que se ofrecen. Los padres también están asfixiados por el número tan limitado de universidades que se ofrece. Actualmente existen 34 universidades en el país, y solo 5 de ellas son públicas. Además de todas las universidades públicas, que por defecto cuentan con acreditación, solo siete de esas 34 están debidamente acreditadas. Estas son la Universidad Islámica de Uganda, que consiguió el certificado en 1988, la Universidad Cristiana de Uganda, certificada desde 1999, la Universidad Martys de Uganda (1993), la Universidad de Ndejje (1992), la Universidad de Bugema (1994), la Universidad de Nkumba (1999) y la Universidad Internacional de Kampala (2001).

Las universidades se están multiplicando en Uganda, pero, a pesar de haber muchas, no pueden admitir solo a una pequeña parte de los estudiantes que buscan una educación superior en el país. Solo unos dos estudiantes por cada 1.000 personas en Uganda pueden acceder a los estudios universitarios, y solo 4,4 estudiantes de cada 1.000 personas se pueden permitir matricularse en cualquier tipo de institución de estudios secundarios, ya sea pública o privada. Estos datos se pueden comparar con los casi 100 por cada 1.000 en la mayoría del resto de países africanos, lo que muestra que Uganda no se encuentra siquiera cerca de satisfacer la demanda de educación superior de su población.

Es una pena que la mayoría de las universidades africanas sean privadas. En países desarrollados como Alemania el 95% de las universidades son públicas y disponen de fondos. La mayoría de los países desarrollados invierte en investigación, mientras que en países en vías de desarrollo como Uganda es casi un privilegio contar con fondos para este fin.

La condición para ayudar a los menos privilegiados en Uganda en temas educativos es peor de lo que se esperaba. En Uganda, los casi 4.000 estudiantes que reciben ayudas públicas no son aquellos con más necesidades. Varios estudios han demostrado que entre un 60 y 80% de los estudiantes que acceden a la universidad pertenecen a un grupo privilegiado, muchos de los cuales pueden permitirse pagar parte de sus estudios. Estos estudiantes se forman en buenos centros de educación infantil, primaria y secundaria, generalmente en Kampala o en sus alrededores. En el mismo informe, el Prof. Kasozi también señala las desigualdades geográficas en relación con las personas que se inscriben. «La mayoría de los estudiantes son de la Región Central (34.4%), y de la Región Occidental (30.5%). La Región Oriental (18%) y la extensa Región del Norte (17%) solo cuentan con un tercio del total de estudiantes universitarios en Uganda.

Para los padres tampoco es fácil educar a sus hijos. El precio de la educación universitaria se ha disparado últimamente, como consecuencia del incremento del coste de vida. La mayoría de los vicerrectores y educadores universitarios aseguran que para que un estudiante reciba educación de calidad, debe pagar entre 12 y 15 millones de chelines ugandeses al año (+- 3.500 €/4.400 €). El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo estima que el coste de la educación universitaria en África de una carrera de cuatro años oscila entre los 10.000 y 15.000 dólares anuales. Datos consecuentes con los recogidos por el Banco Mundial y encuestas estudiantiles. Los informes del Banco Mundial muestran que el presupuesto gubernamental destinado a la educación debería de ser de 2.000 dólares por estudiante al año. El coste total anual en educación en África oscila entre los siete mil quinientos millones y los once mil millones de dólares, de los cuales dos mil millones son aportados por los estudiantes y sus familias.

El Profesor Kasozi, director del Consejo Nacional para Educación Superior, publica en su trabajo, titulado «Cost of the politics of fees to the incomes of public universities (el coste de las políticas de tasas a los ingresos de las universidades públicas)», que los datos de conocidos estudios muestran que en la mayoría de las universidades en Uganda los estudiantes pagan entre el 30 y el 40% del coste unitario de los programas en los que están matriculados. El profesor advierte de que «las instituciones gubernamentales, que cada vez tienen menos presupuesto, infraestructuras más deterioradas y menos capacidad para conseguir inversiones y aumentar el número de estudiantes, lo tendrán más difícil en el futuro para poder ofrecer una educación superior de calidad de forma constante». Algunas universidades, como la Uganda Martyrs University Nkozi y la Uganda Christian University Mukono han impuesto cuotas que reflejan los costes. Todos los estudios creíbles sobre los precios de los créditos en la educación superior realizados desde 2002 demuestran que las cuotas que se pagan son inferiores al coste derivado de ofrecer una educación superior. Pero ninguno de estos estudios se ha aceptado totalmente por todas las partes interesadas.

El estudio más reciente sobre el dilema de la educación en Uganda lo ha realizado Collins Gyavira Rubanju, quién publicó su tesis de máster en la Universidad de Oslo en septiembre de 2008, titulada «Quality Challenges in Higher Education Institutions in Uganda (Desafíos en la calidad de las instituciones de educación superior en Uganda). Rubanju escribió que «la participación de Uganda en la educación superior es de un 1,23% frente al 10% de África en su conjunto. La media anual de crecimiento en la demanda de matrículas en educación superior ha sido, en la última década, de un 46% anual (Banco Mundial, 2000), con un 63% de estudiantes matriculándose en las universidades. El resto debe inscribirse en estudios en instituciones terciarias. Los estudios recientes demuestran que la cantidad general de personal por ratio de estudiante en todas las universidades era de 1:24, pero los de Makerere and Kyambogo (1:33), ambas públicas, y Nkumba (1:32), eran inadmisiblemente altas. Al mismo tiempo, a pesar de que se hayan hecho una serie de estudios sobre los costes unitarios de la educación superior, el Gobierno todavía no ha acordado un coste unitario ni ha reconocido ninguno de los estudios para informar sobre sus asignaciones del presupuesto. A lo largo del tiempo, no ha habido un coste unitario conjunto de la educación superior que permitiese a las universidades ofrecer una educación de mejor calidad y que cobrase la cantidad adecuada a sus servicios. Los estudiantes han reaccionado varias veces ante las subidas de los precios. Son, con todo el derecho, la parte con más voz y preocupación en el debate de los precios. Los estudiantes se consideran pobres y, por lo tanto, incapaces de hacer frente a precios más altos. Esta es una razón más por la que el Gobierno debería implementar el plan de préstamos, como se prometió que sucedería para el próximo año académico. Aunque es cierto que algunos de ellos provienen de familias pobres, no es así en la mayoría de los casos de aquellos que llegan a la universidad. No es sorprendente que Uganda tenga la proporción más alta de estudiantes extranjeros en instituciones de educación superior de la región del este de África. El motivo es que allí es más barato que en el resto de universidades de la región. También es cierto que la mayoría de jóvenes de familias pobres no suelen llegar hasta los niveles superiores de educación; a fin de cuentas no pudieron ir a una buena escuela infantil ni a un colegio internacional como ocurre en la mayoría de los casos de estudiantes que van a la universidad. Los estudios han demostrado que la contribución gubernamental a las universidades públicas ha sido, de media, de tan solo un 0,3% del PIB. En Kenia se ha contribuido con alrededor del 0,9% y Tanzania con un 1,0% en el mismo periodo. El problema de financiación en las universidades públicas se traspasa a los estudiantes en forma de tasas, y es un problema político».

Muchos investigadores han expresado su preocupación por la «fuga de cerebros» en África, la pérdida de personas altamente cualificadas. Es importante diferencias los dos efectos de esta emigración: la pérdida de personas altamente cualificadas que no se pueden sustituir y la pérdida de dinero que supone educar a los estudiantes y que después se vayan. La gran demanda de educación superior en África muestra que la fuga de cerebros no es prejudicial de por sí. En muchos casos, si se dispusiera de los fondos necesarios, se podría formar a más profesionales que podrían reemplazar a los que se marcharan. En ese caso, el daño principal que causa la emigración es la pérdida económica. La pérdida de profesionales de la salud, en particular, viene dada por el mundo desarrollado: los servicios de seguridad social de países europeos atraen a enfermeras y enfermeros africanos, muchas veces ofreciéndoles contratos antes de que se gradúen. Los gobiernos y donantes deben trabajar para aumentar los salarios y mejorar las condiciones laborales en los hospitales y universidades africanos para poder mantener los servicios sanitarios locales y la formación profesional.

No obstante, en muchos casos, la demanda explosiva de educación superior significa que los que se van pueden ser reemplazados. En estos casos, la pérdida es principalmente económica. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que se marchan 100.000 emigrantes desde el África Subsahariana cada año, y que la mayoría tienen estudios superiores (el 75% de ellos ha ido a la universidad). Esto supone que casi un 10% de los graduados universitarios emigran. Si empleamos los datos de costes anteriormente citados, esto representa una pérdida de casi mil millones de dólares anuales. Si se tiene en cuenta el gasto en formación de postgrado (los médicos y otros estudiantes con postgrados son más proclives a emigrar), ese coste se eleva a mil quinientos millones de dólares anuales. Si se incluyen los gastos en educación primaria y secundaria, el gasto total asciende a tres mil quinientos millones al año. Esta cantidad supera el total de ayuda al desarrollo a África. África está pagando la formación de médicos, enfermeras y profesionales para el mundo desarrollado.

Hay que tener en cuenta que la emigración no representa solo una pérdida para África, ya que los emigrantes envían remesas por valor de entre cinco y diecisiete mil millones al año. Sin embargo, el dinero no vuelve a las universidades africanas. Las remesas de unos pocos no solucionan los problemas económicos de las universidades africanas, ni permiten la expansión de la educación a toda la sociedad. Durante más de un cuarto de siglo, los políticos han debatido establecer algún tipo de compensación para las universidades públicas en los países en desarrollo para equilibrar las pérdidas causadas por la emigración.

Conan Businge

The New Vision

(Traducido por Ana María Peña Rubio)



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