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La juventud, frustrada en Eritrea por el largo servicio militar
18/07/2008 -

Un día Dios contempló el mundo, viendo las montañas, los valles, mares y todo lo que hay. De repente Dios se paró y exclamó: “¿por qué es Eritrea tan verde? ¡Yo hice específicamente ese país seco y amarillo!”. El ángel Gabriel se inclinó sobre Dios y le susurró: “Mi señor, eso son uniformes militares”.

Así reza un chiste sobre el servicio nacional obligatorio en Eritrea, un estado del Mar Rojo, que tiene aproximadamente a uno de cada 15 ciudadanos en el ejército durante años después de que hayan pasado los obligatorios entre 12 y 18 meses, muy a menudo.

Uno de los estados más nuevos y pequeños de África presume de uno de los mayores ejércitos del Continente, en una región donde una guerra en Somalia y la propia disputa fronteriza de Eritrea con Etiopía avivan la inestabilidad. Al menos 320.000 eritreos están en el ejército, de los 4,7 millones de habitantes, según el Banco Mundial.

Asmara tiene las fuerzas armadas más grandes del África subsahariana, más que su archi enemigo, Etiopía, que tiene 138.000 soldados, según el Instituto Internacional para Estudios Estratégicos, IISS.

El Gobierno de este país gobernado con mano dura, dice que un gran ejército es necesario por las tensiones con Etiopía. Los soldados también trabajan en proyectos de desarrollo, alega el Gobierno. Pero muchos jóvenes eritreos aseguran estar frustrados por tener que pasar años haciendo el servicio militar y ganando sólo unos 20 dólares al mes. Algunos incluso han empezado a intentar huir del estado del Mar Rojo.

“quiero servir a mi país, pero no para siempre”, dice un joven que ha estado cuatro años en el servicio militar, hasta el momento, y pide que no se le nombre, como mucha gente en Eritrea cuando habla con los periodistas.

Todos los eritreos de más de 18 años y menos de 40 deben prestar entre 12 y 18 meses de servicio nacional en el ejército, según una promulgación tras la independencia de Eritrea de Etiopía, en 1991. Pero en la práctica, el servicio militar puede ampliarse indefinidamente, según los analistas y grupos de defensa de los derechos humanos.

Cada año, alrededor de 25.000 eritreos abandonan el país de manera ilegal, la mayoría de ellos, cruzando a Sudán y Etiopía, para abrirse camino desde allí a Europa y Oriente Medio, según fuentes diplomáticas y de agencias de ayuda. Muchos de ellos aseguran que huyen del servicio militar. Eritrea restringe los visados y pasaportes de los hombres y mujeres de menos de 50 y 47 años respectivamente, elegibles para el servicio militar.

Forzoso

La cultura militar está profundamente arraigada en un país que nació de la guerra: la mayor parte de la gente sabe cómo utilizar un kalasnikov.
Eritrea combatió durante 30 años con su vecina Etiopía, antes de la independencia. Entonces, se inició el conflicto por la frontera común entre 1998 y 2000, matando a 70.000 personas.

Eritrea dice que la negativa de Etiopía a aceptar la resolución de 2002 de una comisión de fronteras independiente, hace que debe mantener un gran ejército. “Eritrea se ve obligada a tener el ejército que tiene debido a la amenaza que siempre ha tenido desde el conflicto por la frontera”, dice un artículo de la página web del partido en el poder, el Frente Popular para la Democracia y la Justicia, PFDJ.

Grupos de defensa de los derechos humanos acusan al Presidente Isaias Afwerki y a su Gobierno de utilizar el conflicto de la frontera para aplastar a los disidentes y encarcelar a miles de personas por supuestos crímenes políticos.

El Gobierno niega todo esto, alegando que se ha visto obligado a tomar algunas medidas de seguridad temporales por la situación de “ni guerra ni paz” que tiene con Addis Abeba.

La caldeada disputa fronteriza no es sólo un asunto político, sino que también afecta al crecimiento de Eritrea. El Fondo Monetario Internacional, FMI, dice que este punto muerto en que se encuentra el conflicto seguirá perjudicando la economía, en gran medida agrícola.
El FMI ha declarado que el producto interior bruto de Eritrea creció en 2007 aproximadamente un 1.3 %, debido a los trabajos de construcción y a una mejor cosecha, después del retroceso económico en un 1 % el año anterior. El FMI calcula que la economía eritrea crecerá este año un 1.2 %.

Se cree que Eritrea es rica en oro y otros metales industriales, pero pocos incidentes se conocen sobre su economía, que depende en exceso de los envíos de dinero. Sin embargo, se espera que el sector minero estimule el crecimiento en los próximos años.

La diáspora eritrea, establecida desde hace mucho, que ayudó a financiar la guerra de la independencia y está asentada principalmente en Europa, Estados Unidos y los países del Golfo, sigue siendo la que provee hasta un tercio del producto interior bruto nacional, a través de sus envíos de dinero.

Pero los analistas y diplomáticos dicen que la diáspora, que se calcula que es un cuarto del total de los eritreos, todavía tiene que producir una fuerza de oposición organizada.

Intento orquestado

Por la noche en Asmara, la policía militar uniformada con sus distintivos trajes de color arena y llevando bastones amarillos patrullan las calles. Los diplomáticos dicen que además de dar seguridad, los militares buscan eritreos que se evaden del servicio militar.

Los jóvenes eritreos aseguran que no se aventurarán a salir sin un carnet de identidad y permisos de movimiento, que tengan datos biográficos y, de manera crucial, su estado con respecto al servicio nacional. Sin esos papeles, pueden ser arrestados.

Según cifras del IISS y de las Naciones Unidas, Eritrea supone el 18 % del total de las fuerzas armadas subsaharianas, pero sólo el 0,6 % de su población.

“Amo mi país, pero soy un hombre joven y quiero ganar dinero para mantener a mi familia”, dice un recluta eritreo del servicio nacional, que gana 145 nakfas al mes (12,74 €). “Aquí tenemos un dicho que es: el Servicio sin recompensa es un castigo”.

Además de servir en la frontera con Etiopía, los reclutas son una fuente crucial de mano de obra para proyectos comerciales y de desarrollo, y para trabajos de funcionariado civil, en un país donde según el Banco Mundial, tan solo hay unas cuantas empresas privadas.

El PFDJ del gobierno dice que los reclutas trabajan en la defensa, en la infraestructura, en la agricultura, en la educación y en la capacitación. Para aquellos que deciden marcharse en lugar de servir a su país, los riesgos y costes son muy altos, según los activistas de derechos humanos.

Los diplomáticos aseguran que los eritreos pagan a los intermediarios varios miles de dólares americanos para que les lleven a Sudán. Si los cogen, serán considerados migrantes y por tanto encarcelados durante meses, con interrogatorios para obtener información sobre los intermediarios, según grupos de derechos humanos y diplomáticos en Asmara.

Incluso si logran marcharse, los activistas aseguran que la familia del migrante ilegal puede ser multada con hasta 50.000 nakfas (4.400 euros), una enorme cantidad de dinero en un país donde el ingreso medio per capita es de 125 euros.

Isaias declare en una entrevista con la agencia Reuters, a mediados de mayo, que funcionarios de los servicios de inteligencia de Estados Unidos y Gran Bretaña y de la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas, estaban atrayendo a los jóvenes eritreos para que se fueran del país. “Cientos de jóvenes han sido engañados con que el extranjero es el paraíso… es un intento orquestado de reducir la juventud de esta nación”, declaró.

Eritrea ha impulsado acuerdos con algunos países vecinos para repatriar a los ciudadanos huidos, según los grupos de derechos humanos. En junio, Egipto deportó a 1.000 eritreos que pedían asilo político en el país, a pesar de las protestas y preocupación de muchos grupos, por que podrían enfrentarse a la tortura en sus países.

“La juventud de Eritrea no tiene perspectivas educacionales ni profesionales, lo único a lo que pueden aspirar es a toda una vida de servidumbre silenciosa”, explica una página web de la oposición, con sede en el extranjero.

Jack Kimball

Corresponsal en Asmara, Eritrea, del diario surafricano ‘Mail & Guardian’, que publicó el artículo el 18 de julio de 2008.


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