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Inicio > Bitácora africana >
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Muñoz Abad, Rafael

Cuando por primera vez llegué a Ciudad del Cabo supe que era el sitio y se cerró así el círculo abierto una tarde de los setenta frente a un desgastado atlas de Reader´s Digest. El por qué está de más y todo pasó a un segundo plano. Africa suele elegir de la misma manera que un gato o los libros nos escogen; no entra en tus cálculos. Con un doctorado en evolución e historia de la navegación me gano la vida como profesor asociado de la Universidad de la Laguna y desde el año 2003 trabajando como controlador. Piloto de la marina mercante, con frecuencia echo de falta la mar y su soledad en sus guardias de inalcanzable horizonte azul. De trabajar para Salvamento Marítimo aprendí a respetar el coraje de los que en un cayuco, dejando atrás semanas de zarandeo en ese otro océano de arena que es el Sahel, ven por primera vez la mar en Dakar o Nouadhibou rumbo a El Dorado de los papeles europeos y su incierto destino. Angola, Costa de Marfil, Ghana, Mauritania, Senegal…pero sobre todo Sudáfrica y Namibia, son las que llenan mis acuarelas africanas. En su momento en forma de estudios y trabajo y después por mero vagabundeo, la conexión emocional con Africa austral es demasiado no mundana para intentar osar explicarla. El africanista nace y no se hace aunque pueda intentarlo y, si bien no sé nada de Africa, sí que aprendí más sentado en un café de Luanda viendo la gente pasar que bajo las decenas de libros que cogen polvo en mi biblioteca…sé dónde me voy a morir pero también lo saben la brisa de El Cabo de Buena Esperanza o el silencio del Namib.

@Springbok1973

cuadernosdeafrica@gmail.com

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Compromisos discutibles, por Rafael Muñoz Abad - Centro de Estudios Africanos de la ULL

5 de abril de 2013.

Decía un tal De Gaulle que la autoridad no se entiende sin prestigio ni el prestigio sin distanciamiento. ¿Es esta la razón por la que Francia siempre hace frente a sus “responsabilidades” con sus ahijados africanos? Compromisos e intereses que allende del debate moralista y lejos de la apología del colonialismo, generan una amplia y delicada cuestión. La intervención en Malí ya pasó a la rebotica de los medios; para saber lo que puede ir sucediendo, pues ya he afirmado [con anterioridad], que de esto, poco nos iban a contar, no queda más remedio que seguir a las agencias francófonas que dedican un espacio exclusivo al nuevo episodio de ese eterno serial llamado françafique. Pensamiento que lejos de diluirse ante las nuevas estructuras geoeconómicas, no hace sino reinventarse gracias a las perennes crisis de las excolonias francas. No se aporta nada bajo la afirmación de que Francia ha empuñado la lucha contra el islamismo radical en el Sahel. Cruzada vendida como ideológica; cuando lo que se busca es salvaguardar los fuertes intereses económicos en la zona y asegurarse de que su patio africano no realimente el alto grado de islamización que vienen sufriendo los extrarradios franceses. El denominado Sudán francés es un inmenso secarral que engloba a algunas de las naciones con menor índice de desarrollo humano del mundo. Una geografía trazada bajo la avaricia del cartabón y la escuadra del reparto colonial. Una pléyade de estados frágiles con escasos medios materiales para mantener sus vastos espacios controlados; escenario que los hace especialmente atractivos para que las bandas armadas y bajo el paraguas del anonimato, en ellos se establezcan. El episodio intervencionista de Malí no viene a ser más que un continuismo de los anteriores despliegues militares en Chad o los desmanes institucionales que regularmente sacuden a la estratégica y “discreta” Republica Centroafricana. A la intervención militar en Mali y Níger se suma ahora el descontrol gubernamental que Centroáfrica sufre; uno más. El habitual reparto de las crisis institucionales africanas recoge a facciones armadas que generan el caos, haciendo que las ya de por si frágiles estructuras estatales se derrumben y den con el presidente en el exilio. Trance que acaba resolviéndose bajo la mediación militar de la exmetrópoli; habitualmente Francia.

Desde el año 2004 El Chad viene produciendo una media diaria entorno a los 150.000 barriles de crudo; ¿razón esta que justifica los arbitrajes franceses en pos de salvaguardar sus intereses mineros en la zona? El Chad es rico en hidrocarburos y muy posiblemente en depósitos de uranio gracias a la llamada franja de Aouzou. Área de gran valor mineral y lindante con Libia que ha sido a la par causa directa y casus belli del historial de tensiones entre Paris y Trípoli. Y de ello, buena fe dan las resoluciones 915 y 926 de Naciones Unidas para la retirada de las tropas libias del norte de El Chad. Las operaciones Manta (1983-84) y Épervier (1986) representaron el despliegue de fuertes contingentes militares para asegurar la franja de Aouzou de las injerencias de Gaddafi. La génesis de la actual intervención armada en Mali y Níger presenta similitudes con las llevadas a cabo en El Chad. En el primer caso, busca sofocar al gobierno malí del acoso de las insurgencias desestabilizadoras de organizaciones islámicas de corte radical; en el caso de El Chad, de las [en su momento] pretensiones libias sobre la citada franja fronteriza. Dentro de los petroestados africanos, el caso de El Chad es casi único; ya que sólo un 28% de las ganancias del petróleo es retenido en el país en comparación con el 80% de Nigeria o el 75% de Gabón; siendo quizás las cifras más herméticas de las petroleras occidentales en Africa(1) . El país da salida a su crudo por medio de un oleoducto que llega hasta el Golfo de Guinea a través del vecino Camerún. Ambas reflexiones esconden como segunda derivada los fuertes intereses económicos en la zona. No debiéndose perder de vista, que el 80% de la electricidad que Francia produce es de origen nuclear y que sociedades del estilo de Areva ya gestionan importantes yacimientos de uranio en Arlit (Níger) y el filón de Bakouma en Centroáfrica. Ex colonia que podría convertirse en la siguiente reserva en materias primas a explotar; pues se le suponen bolsas de hidrocarburos y ya es un importante suministrador de diamantes para uso industrial. Actividad que también oculta uno de los habituales pecados africanos: la lucha por el control del flujo de diamantes “sucios”, suele estar detrás del alzamiento de guerrillas y milicias que siembran el caos, acusando al poder establecido de corrupción y fraude electoral; nada nuevo. Las intervenciones en Centroáfrica para derrocar a Jean-Bedel Bokassa (operación Barracuda, 1979) y para restaurar el orden (operación Almandin, 1996), ponen de manifiesto, que Francia no titubea a la hora de salvaguardar en muchas de sus excolonias africanas ni la seguridad de sus intereses ni la de sus ciudadanos.

El pensamiento de célebres líderes, casos de Felix Houphouët o Moktar Ould Daddah, en lo referente a que el bien de Francia es el bien del Africa francófona, es el Ponendo ponens de que cuanto mejor le vaya a la exmetrópoli, mejor le irá a la ex colonia. Escuela previsible; pues París ejerció un tutelaje cultural y educativo que asegurase unas relaciones fructíferas el día después de la descolonización. Inercias. La intervención en Malí y el salvaguardo de las minas de uranio de Níger, ejemplariza la cita [inicial] de De Gaulle: Francia tiene un prestigio en Africa ganado por el camino de implantar “el orden y la paz”. El compromiso, se hace fehaciente, con el recibimiento a lo Bienvenido Mr. Marshall, con el que los legionarios galos son vitoreados desde las cunetas de las polvorientas carreteras africanas ¿Si según el general francés, la autoridad necesita el respaldo del prestigio y este requiere de la distancia?; me surge una pregunta aún sin solución y a la espera de una posición institucional definida: ¿dónde quedan nuestras responsabilidades históricas y políticas para con el Sahara occidental?

(1 ) Chad´s oil: miracle or mirage; following the Money in Africa´s newest Petro-state; Ian Gary & Nikki Reisch.

cuadernosdeafrica@gmail.com



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