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Inicio > Bitácora africana >
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Lacunza Balda, Justo

Justo Lacunza Balda, sacerdote de la Sociedad de Misioneros África - Padres Blancos, nació en Pamplona el 14 de marzo de 1944. Obtuvo la diplomatura en estudios árabes, en PISAI, Roma, en 1977, y la licenciatura en Estudios Árabes e Islámicos, en la misma institución de Roma en 1978.
Perfeccionó la lengua árabe en Túnez, en el Institut Bourguiba des Langues Vivantes, entre 1975 y 1978. Tras los estudios, Justo Lacunza obtuvo el doctorado en lenguas y culturas africanas, con especialización en el Islam y literatura islámica en lengua suajili, en la SOAS (School of Oriental and African Studies), de Londres, en 1989.

Ha realizado trabajos de investigación sobre el Islam y las sociedades musulmanas en multitud de países entre los que destacan Alemania, Argelia, Bélgica, Burundi, Canadá, China, Congo, Egipto, España, Estados Unidos, Francia, Irlanda, Italia, Jordania, Kenia, Liberia, Libia, Malasia, Malí, Marruecos, Noruega, Reino Unido, Singapur, Sudán, Suecia, Taiwán, Tanzania, Tailandia, Túnez, Uganda, Venezuela y Zanzíbar.

Ha publicado libros y numerosos artículos y colaboraciones sobre el Islam en diversas publicaciones y medios de comunicación de diferentes países. Lacunza Balda ha sido distinguido con la Placa de Reconocimiento, por su contribución al diálogo entre Civilizaciones (Embajadores de Asia ante la Santa Sede, 1999). También ha sido nombrado "Embajador de Paz" por los Ayuntamientos de las ciudades italianas de Eboli (2001), Barletta (2002) y Trani (2003) y Educador Internacional del 2005 por el Instituto de Biografías de Cambridge, Reino Unido.

Ver más artículos del autor


Chinua Achebe (1930-2013) La voz libre de un escritor africano , por Justo Lacunza Balda

2 de abril de 2013.

Uno de los novelistas y pensadores más elocuentes, lúcidos y controvertidos de África, Chinua Achebe, ha muerto a la edad de 81 años en Boston. Para muchos escritores y poetas el célebre autor nigeriano era la fuente inspiradora de la literatura africana en lengua inglesa. Su nombre habría que escribirlo con letras mayúsculas. Nunca se plegó a otros principios que no fueran su dignidad personal, su sentido de libertad y, sobre todo, el uso de su palabra hablada y escrita. Fue un crítico mordaz de la época colonial británica en Nigeria y consideró racista la legendaria obra de Joseph Conrad, Heart of Darkness. Igual suerte tocó al libro de Joyce Cory, Mister Johnson, en el que el autor irlandés narra la historia de un colono británico que mata de un tiro, sin motivo alguno, a un empleado nigeriano Achebe también se transformó en crítico audaz e implacable de los dirigentes políticos de la República de Nigeria a quienes acusaba de saquear al pueblo, corromper a los ciudadanos y destruir la nación.

La novelista surafricana, Nadine Gordimer, lo describió en junio de 2007 como “el padre de la literatura moderna en África” cuando formaba parte del jurado que designó a Chinua Achebe como el ganador del Man Broker Internacional Prize. Siguiendo la tradición cultural de los Ibo cuando un reconocido y famoso personaje muere toca a las máximas autoridades anunciarlo. El anuncio oficial de su fallecimiento lo ha hecho el portavoz del gobernador del Estado de Anambra, Mike Udah, con estas palabras: “Estamos de luto por la muerte de un ilustre hijo de Nigeria y de África”. Al llanto étnico de los Ibo y al luto nacional en Nigeria, se añade otro que casi tan doloroso: el hecho de que Chinua Achebe haya muerto en Estados Unidos, el país que lo adoptó durante los últimos 20 años de su vida. Allí pudo enseñar, escribir, dirigir seminarios y comunicar el inmenso bagaje de su cultura con sello propio. Además, sus condiciones físicas exigían cuidados especiales en sus desplazamientos y en su vida cotidiana.

Su primera obra maestra fue Things fall apart (1958), traducida a 45 lenguas (Todo se derrumba en español), tuvo un gran éxito literario por los hilos conductores del tema: enfrentamiento entre culturas diferentes con especial referencia a la llegada de la época colonial europea y sus nefastas consecuencias en los países africanos. La idea preponderante era la superioridad cultural de la raza blanca europea que se enfrentaba al atraso industrial, a la discriminación racial y al subdesarrollo de la raza negra africana. Achebe se transforma en voz rebelde contra la trampa envenenada de las civilizaciones superiores y abre la senda del diálogo consciente, de la interacción permanente y del reconocimiento explícito del otro. Cueste lo que cueste esa empresa dolorosa, ardua y difícil. Todo ello, en la visión de Achebe, supone un desafío frontal en el que no hay tregua posible. No permite la actitud de venganza recíproca, ni da espacio al lamento continuo, ni se refugia en el abatimiento enfermizo. Por encima de toda demarcación étnica, borde cultural y frontera geográfica está la dignidad humana. En ese sentido, uno de sus admiradores era Nelson Mandela (Mvezo 1918), que pasó 27 años en la prisión de Robben Island, acusado por el régimen Apartheid de sabotaje e insumisión. Mandela, leyendo el libro de Achebe, Things fall apart, hizo este comentario: “Con las páginas de Achebe se derrumban las paredes”.

En septiembre de 2012 Achebe publicó sus últimas memorias There was a country: a personal history of Biafra. Permaneció en silencio más de 40 años, llevando consigo toda su vida el dolor imborrable, la amargura perenne y las llagas ocultas de la guerra de Biafra (1967-1970). Fue considerado como un embajador de Biafra, pero criticó severamente tanto la posición de las Naciones Unidas como la del gobierno de Nigeria. Adoptaron una escandalosa actitud de indiferencia, apatía y pasividad hasta que Biafra fue pisoteada y aplastada. El dramático resultado fue la muerte de un millón de muertos de la etnia Igbo en los tres años que duró la guerra. Es una de las páginas más horrorosa y terribles de la historia de los pueblos de África.

Achebe vivió sin comprometer su dignidad y su libertad. No cayó en la trampa que le tendieron los diferentes gobiernos de Nigeria para que cayera en sus redes y se pusiera del lado de los corruptos. Rechazó el premio de Comandante de la Orden de la República que el Presidente Olusegún Obasanjo quiso concederle en 2004. Hizo lo mismo cuando la iniciativa la tomó el actual Presidente Goodluck Jonathan. Los argumentos de Achebe no tenían doblez: “¿Cómo se puede recibir un premio cuando la gente tiene hambre y está abatida?” El destino quiso que Achebe sufriera un grave accidente de coche en 1990. Quedó parcialmente paralizado y confinado a una silla de ruedas. Emigró a los Estados Unidos para hacer frente a las dificultades físicas y volvió a Nigeria solamente dos veces en 20 años. En su novela The trouble with Nigeria Achebe utiliza la imagen de la carretera y la experiencia personal para narrar la situación actual de su país natal: “No hay un sitio mejor para describir la indisciplina sin límites de Nigeria que ver lo que ocurre en las carreteras donde se percibe la energía frenética, la mala educación y el ruido ensordecedor”.

Chinua Achebe ha dejado las huellas profundas de su espíritu tradicional y observador en muchos escritores africanos. Contribuyó a defender, promover y elevar la dignidad de los africanos y del continente africano. Supo armonizar la tradición oral de sus antepasados con su espíritu innovador ante los retos del poder colonial y de los endémicos problemas nigerianos. Murió en tierra extranjera. Lejos de su pueblo, de su amada patria, la de los Ibo de Biafra. Con Chinua Achebe se apaga una de las voces más libres de las letras africanas, pero el viento de la libertad, de los derechos y de la dignidad, que se respira en su gran legado intelectual, oral y escrito, nunca se eclipsará.

Justo Lacunza Balda 30 de Marzo 2013



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