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Ibañez Gomez. Fernando

Doctor por la Universidad de Zaragoza en el Programa de Conflictos, Seguridad y Solidaridad. Máster en Seguridad Global y Defensa, licenciado en Ciencias Políticas por la UNED y Certificate in Terrorism Studies por la Universidad de St. Andrews (Escocia). Miembro del Grupo de Investigación VIGIA de la Universidad de Zaragoza. Ha publicado diversos trabajos sobre proliferación nuclear y piratería marítima. Su tesis doctoral, de reciente publicación por el Ministerio de Defensa, lleva por título La amenaza de la piratería marítima a la seguridad internacional: el caso de Somalia.

Escribe el blog "Una de piratas" donde según afirma "El área del Golfo de Guinea y, sobre todo, las aguas próximas a Somalia han dado lugar a un nuevo fenómeno que, en mi opinión, supone una amenaza a la seguridad internacional. Después de varios años dedicado a labores de analista de inteligencia y al estudio de la piratería marítima, este blog pretende analizarla de modo riguroso."

E-Mail: ferigom@unizar.es

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Similitudes y diferencias entre la piratería clásica y la actual, por Fernado Ibáñez

15 de marzo de 2013.

El programa de Radio Nacional de España (RNE) “Viaje al centro de la noche” emitió recientemente un monográfico dedicado a todo tipo de piratería bajo el título “Patente de corso”. El equipo de nuestra radio pública tuvo la enorme gentileza de entrevistarme para hablar de los piratas marítimos del siglo XXI. Al escuchar el programa, me vino a la cabeza la idea de escribir sobre las semejanzas y diferencias que podemos encontrar entre la piratería marítima clásica, por ejemplo, la que surcó en la Edad Media elMediterráneo o el Caribe, y la piratería actual, en particular, la que en los últimos añosse ha desplegado en aguas próximas a Somalia.

Para realizar dicha comparación he recuperado las notas que tomé en su día relativas a un maravilloso libro que nos introduce en la historia de este fenómeno criminal. Se trata de Historia de la piratería de Philip Gosse, en una reedición publicada por la editorial sevillana Renacimiento, que ha dedicado toda una colección denominada “Isla de la tortuga” a la piratería. Renacimiento tiene también otras colecciones no menos interesantes, como “Espuela de plata”, donde mi buen amigo Diego Navarro publicó recientemente su espléndido Morir matando.

Pues bien, releyendo a Gosse, he podido comprobar que, en efecto, piratas clásicos y contemporáneos comparten más semejanzas de las que en un principio pudiera parecer, tanto en fines como en medios. Tanto entonces como ahora era una actividad delictiva cuyo fin era el lucro y el beneficio económico. Muy lejos de esa visión romántica que nos han ofrecido a lo largo décadas las novelas y las películas de aventuras e, incluso, hoy en día las series de dibujos para niños que emiten en televisión. Hace siglos el objetivo de los piratas era capturar seres humanos para traficar con ellos, es decir, parael comercio de esclavos. Raro era el año en que no desaparecían miles de europeos. Ahora, el fin es capturar también seres humanos, a ser posible, occidentales (por los que se paga más y antes) con el fin de pedir un rescate por ellos.

Gosse recuerda el episodio sucedido tras la expulsión de los moros de España por parte de los Reyes Católicos en 1492. Algunos de ellos se volvieron piratas. A fin de cuentas tenían importantes alicientes para ello: conocían el idioma, los hábitos comerciales de España y disponían de fuentes de información entre los compatriotas que permanecían en la península. Y, como siempre ha sido una constante en la historia de la piratería,pagaban una parte del botín (un 10%) a las autoridades de Túnez para que les permitieran mantener sus bases en la costa. Todo ello recuerda al modo de actuación de los piratas somalíes.

Otra similitud: en la Edad Media muchos marineros eran enrolados para luchar contra la piratería y algunos de ellos tenían la tentación de acabar convirtiéndose en piratas. Esto también ha sucedido en la piratería somalí actual y hemos visto a antiguos miembros del servicio de guardacostas somalí o pescadores que, conocedores de su oficio, handecidido “pescar” otro tipo de peces, en este caso, buques mercantes para pedir un rescate por ellos. También sabemos, incluso, de alguna empresa de seguridad privadaque fue contratada por las autoridades somalíes para formar a soldados que lucharan contra los piratas y que estos soldados acabaron utilizando la formación que les habían dado para ello para convertirse en piratas. Asimismo, algunos somalíes que fueron formados en cuestiones marítimas en la Unión Soviética también parece que se volvieron piratas.

De igual forma, la organización de un grupo pirata no ha cambiado demasiado con el paso del tiempo. Si hace siglos se reunían en un consejo para organizar la expedición,decidir su lugar de actuación y cómo repartirse el botín, también en la actualidad sabemos que los piratas somalíes regulen previamente la selección de personal, la logística, el reparto de beneficios, etc. Y bajo la eterna ley, que vale para entonces y para ahora, de “si no hay presa, no hay paga”.

Por otra parte, los piratas a lo largo del tiempo han dispuesto de lo que podemos llamar “códigos de buena conducta”, es decir, normas que debían cumplir a rajatabla. En la piratería clásica no podían subir mujeres a bordo, ni jugar dinero a las cartas, ni reñir en el barco, sólo en tierra firme. Se trataba con todo ello de evitar las disensiones internas.También los piratas somalíes tienen un catálogo de buena conducta: no pueden disparar sus armas sin razón, no pueden dormirse durante su guardia, no pueden tocar la mercancía que lleva el barco, etc. Y todo esto está penado con una serie de multas que van desde los 100 dólares por retrasarse de volver de un permiso en tierra hasta la expulsión de la organización si se atreven a criticarla.

Asimismo, resulta muy curioso el capítulo de lo que llamaríamos “pagos eindemnizaciones”. Tanto en la piratería clásica como en la actual se establece el dinero que recibe un pirata. También en el supuesto de que resulte herido en el ejercicio de su actividad. Por ejemplo, si un pirata perdía hace siglos el brazo derecho, cobraba más que si perdía el izquierdo. Si perdía un ojo cobraba poco porque se consideraba que nole impedía desarrollar su trabajo. Los piratas somalíes también pagan indemnizaciones: los familiares de un pirata que muere en una operación o que ha sido capturado por efectivos militares reciben una paga por ello.

A su vez, el modus operandi de los piratas parece no haber cambiado en exceso. Los piratas clásicos utilizaban las principales rutas del comercio marítimo para acechar a sus víctimas. Si hace siglos, atacaban en el Mediterráneo o el Caribe, ahora lo hacen en la importante vía de navegación que va desde el Estrecho de Ormuz hasta Suez, pasando por el Cuerno de África y el Golfo de Adén, que son las áreas habituales de actuación de los piratas somalíes. Gosse relata cómo hubo un tiempo en que la piratería inglesa llegó a tal nivel que atacaban, incluso, a barcos de su propio pabellón. Hasta el punto de que se cerró la ruta marítima y los comerciantes decidieron que sus mercancías fueran por tierra. De modo que un barco salía de Londres con dirección a Venecia y atravesaba el Rhin y los Alpes para alcanzar su destino. Esto era así porque el coste de defender un barco contra los piratas era enorme y las empresas no se lo podían permitir. Había que contratar bastante más tripulación y también artilleros para proteger el barco ante un ataque pirata. Esto también ha sucedido en parte en la piratería somalí. Hay navieras que no pueden pagar la contratación de seguridad privada en sus barcos o que han decidido evitar riesgos. Por ello, sus mercantes ya no navegan a través del cuerno de África, de modo que, por ejemplo, un buque que sale de la India en lugar de ir hacia Suez, prefiere rodear toda África por el cabo de Buena Esperanza para llegar a Europa o a América.

La piratería en el Mediterráneo se desarrollaba cuando las condiciones meteorológicas lo permitían. Y explotaba en primavera cuando mejoraba el tiempo. También los piratas somalíes, debido a la influencia de los monzones, se encuentran limitados en su actuación y, por ello, despliegan sus ataques preferentemente entre marzo y mayo y entre septiembre y noviembre. Otra semejanza: los ataques de los piratas clásicos solían ocurrir en el momento del amanecer. Ahora también, los piratas somalíes prefieren atacar cuando amanece y cuando anochece, momentos del día en que intentan pasar más desapercibidos.

También era habitual que los mercaderes de ciertas ciudades marítimas llegasen a acuerdos con los piratas para que éstos atacasen cualquier barco menos los de su propiedad. Esto es algo que, asimismo, sabemos que sucede en la piratería somalí actual: si los piratas secuestran barcos cuya mercancía está destinada a los comerciantes somalíes, éstos suelen pagar un rescate módico por el barco. A veces, incluso, el barcoes liberado sin pedir dinero a cambio. En materia de rescates, también se desarrollaba en la piratería clásica una negociación y un regateo en el que los piratas pedían al principio una cantidad elevada, que iba reduciéndose hasta que ambas partes consideraban que podían alcanzar un acuerdo. Esto apenas ha cambiado, más allá de que ahora estén involucrados bufetes de abogados, consultoras o empresas de seguridad que ayudan a la naviera a gestionar la crisis que supone un secuestro.

Los piratas también son parecidos en cuanto a su osadía. Gosse nos cuenta cómo en el siglo XVI un pirata argelino se atrevió a cruzar, por primera vez, el estrecho de Gibraltar y atacar en pleno Atlántico, en las islas Canarias. También los piratas somalíes han demostrado su atrevimiento y ya no actúan sólo en aguas próximas a Somalia sino que desarrollan sus ataques incluso a más de 1.000 millas de la costa somalí hasta alcanzar el dominio marítimo de la India o el estrecho de Ormuz.

Otra similitud: cuando se producía un secuestro de personas que eran convertidas en esclavos, la única manera de liberarlas era el pago de un rescate a los piratas. Y, por ejemplo, Philip Gosse reseña cómo en el siglo XVII los familiares de los secuestrados ingleses se concentraban frente al parlamento inglés para presionar a sus diputados con el fin de que se pagara el rescate. Y en ocasiones cuando la protesta era muy fuerte conseguían su propósito y se abonaba ese dinero. Esto también ocurre en la actualidad con los piratas somalíes: las familias de los secuestrados intentan presionar a sus propias autoridades a través de los medios de comunicación para que el pago de un rescate se produzca y se haga con prontitud con el fin de tener a sus seres queridos en casa lo antes posible.

Más semejanzas: tanto en la piratería clásica como en la actual era harto complicadojuzgar a un pirata. Imaginemos a un pirata que era detenido y debía ser puesto a disposición de los jueces, por ejemplo, en Inglaterra: había que transportarlo hasta allí junto a los testigos y las pruebas recogidas y ponerlo a disposición del Tribunal del Almirantazgo, un proceso largo y costoso. Hoy también nos encontramos conproblemas para enjuiciar a los piratas somalíes: en ocasiones, algunos países no tienen regulado el delito de piratería y sigue siendo un problema logístico importante llevar a unos piratas somalíes ante un tribunal y conseguir su enjuiciamiento: deben aportarse pruebas, declaraciones de testigos, etc. La Royal Navy ha recomendado que no sean conducidos piratas para ser juzgados en Gran Bretaña, ante el riesgo que se corre de que pidan asilo político.

Si en los siglos precedentes los piratas se emborrachaban con ron para sentirse eufóricos y lanzarse al ataque, ahora sus homólogos somalíes toman khat, una droga local que les permite también “aumentar” su coraje.

Sin embargo, entre la piratería clásica y la actual también hay notorias diferencias. Un fenómeno curioso es que el apogeo de la piratería en el siglo XVII se debió a que no hubo acuerdo entre las principales potencias de la época para acabar con la piratería. Gosse nos advierte de que una operación militar desplegada por Francia, Holanda y España en el Norte de África hubiera sido suficiente para acabar con los piratas del Mediterráneo. Pero, claro, lo habitual es que las grandes potencias europeas se encontrasen batallando entre sí y los piratas salían beneficiados de esas divisiones, aliándose con unos u otros según sus propios intereses. De hecho, el primer país que se negó a pagar a los piratas bereberes fue EEUU ya en el siglo XIX. Incluso realizó un bloqueo de dos años de la base pirata de Trípoli hasta que obtuvo de los piratas la firma de un tratado por el cual dejarían de molestar a los mercantes norteamericanos. En la actualidad, las principales potencias sí que se han puesto de acuerdo para enfrentarse con la piratería somalí y han puesto en marcha diversas misiones militares y enviado decenas de barcos de guerra a la zona de actuación de los piratas somalíes para proteger a los buques que navegan por esas aguas. Aunque se ha desarrollado algún ataque aéreo contra las bases piratas de Somalia, también es verdad que no se han atrevido a poner un pie en tierra firme. Los somalíes han demostrado en diversas ocasiones ser muy reacios a la intervención extranjera en su suelo.

Otra diferencia: en la piratería clásica había Estados que pagaban a los piratas para que no molestaran a sus mercantes. Hoy esto no ocurre. Sí que puede haber pesqueros que faenan de manera ilegal en aguas de Somalia y que pagan una “licencia” a las autoridades locales para que les proporcionen protección, pero ya no son los gobiernoslos que pagan esa especie de “impuesto revolucionario”.

Philip Gosse comenta que, por ejemplo, en Inglaterra el 80% del dinero de los rescates nunca llegaba a los piratas sino que se lo quedaba la marina británica para pagar sus deudas. En esto ahora hay una diferencia importante. Y es que no sólo hay que pagar el rescate en sí, sino que se suman otras cantidades que hay que abonar: al bufete de abogados en Londres que negocia el secuestro con los piratas, a la empresa a la que se le contrata una avioneta para que lance un paracaídas con el dinero sobre el barco que está secuestrado, etc. Otra diferencia es que en el pasado hubo algún caso de mujeres piratas y hoy no se reporta que participen mujeres en las andanzas de los piratas somalíes.

Por último, pero no por ello menos importante. Si un pirata clásico tenía pocas dudas a la hora de violar o asesinar a sus secuestrados, esto ha cambiado, en buena medida, en la actualidad. Los piratas somalíes deben respetar la “mercancía”, sobre todo, si es occidental, ya que se les exigirá una prueba de vida antes de que les llegue el dinero del rescate. Si no lo hicieran, las autoridades de los nacionales que se encuentran secuestrados tendrían bastantes menos dudas a la hora de ordenar a los efectivos militares que patrullan la zona la puesta en marcha de operaciones de rescate aun a riesgo de poner en peligro la vida de alguno de los secuestrados.

Una última cuestión: tanto entonces como ahora era muy difícil que una persona que hubiera llevado una vida de pirata pudiera volver a una existencia simple y honesta. Qué difícil es abandonar un delito que tantos beneficios reporta con tan escasa inversión. El actual presidente somalí acaba de ofrecer una amnistía a los piratas que abandonen su actividad. ¿Desincentivará este ofrecimiento a los piratas más jóvenes?

Original en Iuxsed

José María Gil Garre, CEO de Intentto Europgroup S.L., ha puesto recientemente en marcha un nuevo medio de comunicación: Iuxsed, donde se publican noticias y análisis de diversos aspectos relacionados con la seguridad internacional. En este nuevo observatorio ha tenido a bien publicarme un breve y desenfadado análisis donde comparo la piratería marítima clásica y la actual.

Una de Piratas



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