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Inicio > REVISTA > Opinión >

Recolonizando el Azawad, la “Françafrique” abrazará al Sahel
31/10/2012 -

El pueblo Tuareg del Azawad vive una odiosa conspiración: la negación de su existencia, de su Historia y de un siglo de lucha contra el colonialismo. La última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, inspirada por Francia, evoca a “grupos rebeldes, armados, criminales, terroristas, extremistas, Al Quaïda”, sin citar en ningún momento al pueblo Tuareg y sus reivindicaciones.

Sorda a la negociación política, la “Françafrique” quiere precipitarse en una nueva guerra colonial para “reconquistar” el territorio liberado por el ejército del MNLA, sin medir la gravedad de las consecuencias sobre toda la región.

Los países vecinos del Azawad sufren ya plenamente el azote de un desastre humanitario que no para de agravarse día tras día. Pero a Francia le es indiferente, está muy lejos del escenario de las operaciones y sigue cultivando un complejo de dominación y arrogancia. “África es el último continente que esté al alcance de Francia, el único que puede darle a Francia el sentimiento de ser una gran potencia, el único continente donde con quinientos hombres sea aún capaz de cambiar el curso de la historia”. (Cita de Louis de Guiringaud, ex ministro francés de Asuntos Exteriores 1976-1978).

Una guerra de arena inútil y contagiosa

El Azawad es un inmenso desierto sin economía, ni carreteras, ni infraestructuras, poblado de nómadas que sólo viven de la ganadería tradicional extensiva y trashumante. Las tres ciudades de Kidal, Gao y Tombouctou pueden ser reconquistadas en tres días, ¿y entonces? ¿Qué viene a hacer un ejército extranjero en este desierto? ¿Desertificarlo aún más haciendo huir a lo que queda de los nómadas y del ganado? ¿Echar a los “grupos rebeldes y extremistas” hacia los países vecinos para desestabilizarlos en una estrategia de caos que se extenderá desde Mauritania a Somalia? Si Francia mete un solo dedo en el engranaje, se dejará el brazo entero. ¿Se va a divertir persiguiendo a grupos armados por todo el Sahel, e interviniendo más allá de las fronteras malienses?

Sabemos que el movimiento terrorista islámico de Al Quaïda puede desplazarse fácilmente por todo el Norte de África y el Sahel, y reclutar masivamente a jóvenes desocupados.

Los países más frágiles cercanos al caos generalizado son Mauritania, Níger, Burkina Faso y Chad. Los nuevos gobiernos de Túnez, Libia y Egipto no necesitan realmente de un desastre semejante a su alrededor, para poder reconstruir sus Estados en la calma y la paz.

Los dos Sudanes, Etiopía, Eritrea y Somalia viven desde siempre en una inestabilidad crónica. A Argelia y Marruecos les costará gestionar el aumento del doble flujo de refugiados e inmigrantes clandestinos, y no están a salvo de una nueva ola de atentados terroristas.

Las diferentes fuerzas presentes en Azawad tienen objetivos militares distintos. Se desplazan al buen grado de su voluntad y de sus alianzas, en un desierto transfronterizo. Por consiguiente nos adentraremos en una guerra de usura que no beneficiará nunca a los ejércitos regulares desmotivados, que perderán hombres en expediciones lejanas, costosas e inútiles. Las opiniones públicas y oposiciones políticas se van a hartar y pedirán una retirada sin gloria ni victoria. En resumen, una pérdida de tiempo pura y dura.

Hemos podido ver en Iraq y Afganistán que las intervenciones extranjeras no arreglan los conflictos locales. Al contrario, los atizan. Y sin embargo, son los ejércitos más potentes, los mejor encuadrados y equipados del mundo los que operan allí.

El Jihadismo se ha convertido en un fenómeno de moda y de rechazo del modelo occidental. Se nutre y se amplifica de estas expediciones coloniales punitivas. El islamismo armado ha hecho émulos en todo el mundo árabe y África. Queriendo echar a estos grupos armados de Azawad, les vamos a empujar a moverse por toda África, y enjambrar nuevas organizaciones terroristas, como Boko Haram y el MUJAO. Hay sectas islamistas pacíficas que están bien implantadas en países como Senegal. Nos arriesgamos a que se radicalicen e involucren a la región en conflictos religiosos.

Los jefes de bandas de la CEDEAO

El aprendiz François Hollande no conoce África y está mal aconsejado, sucumbiendo a los deseos de la clase dirigente militar-industrial francesa. Declaró que “el tiempo de la françafrique ha pasado” en Dakar el 12 de octubre, el mismo día del voto de la resolución del Consejo de Seguridad, confundiendo así los actos con sus palabras.

La Françafrique es ante todo mecanismos de corrupción y retro-corrupción, relaciones incestuosas neocoloniales con regímenes ilegítimos, déspotas y subdesarrollados.

François Hollande comete un grave error apoyándose en el sindicato de los Jefes de Estado masones de la CEDEAO, niños mimados por las redes de corrupción de la Françafrique. Ninguno de ellos dirige un Estado digno de ese nombre. Son más bien jefes de bandas. Todo lo que sus países cuentan en cuanto a funcionarios civiles y militares sirven solamente a una actividad lucrativa, la extorsión sistemática de la población. Hay que vivir en África o haberla atravesado para conocer la amplitud del fenómeno.

Preocupados por mantenerse el mayor tiempo posible en sus puestos, temiendo los golpes de Estado, los dirigentes africanos apadrinan la extorsión y bloquean el equipamiento y modernización de sus ejércitos. Es por ese motivo que el ejército malí ha sido desconcertado en unas semanas por el MNLA.

Las tropas de la CEDEAO, con las que cuenta la Françafrique, no tienen una tradición de guerra noble. No sirven más que para extorsionar al pueblo en tiempos de paz. En tiempos de conflicto o de guerra, operan masacres, violaciones, rapiñas, bandolerismo…

Frente a una élite africana sorprendentemente silenciosa, la crítica sobre el discurso de Dakar vino del frente izquierdista francés que dictó a Hollande las condiciones del fin de la Françafrique: “acabar con el apoyo a las dictaduras, revisar las condiciones de las ayudas públicas al desarrollo, sostener el desarrollo de una agricultura del campesinado, respetar la soberanía agrícola, actuar contra la depredación de las tierras, exigir y controlar la transparencia de las prácticas de las grandes empresas francesas en África, devolver a los africanos la autonomía en la gestión del franco CFA, crear una fuerte oposición frente a estructuras internacionales que saquean África, reexaminar la deuda y anularla, sostener las políticas de educación y enseñanza superior, adoptar una política abierta de circulación y de residencia de personas, mirar de frente a nuestra historia sosteniendo la creación de comisiones de investigación parlamentaria para esclarecer las responsabilidades de Francia en las atrocidades cometidas durante la colonización y su implicación en genocidios, golpes de Estado y derrocamientos militares”.

El frente de Izquierdas critica también la opción militar en Mali: “es sin escrúpulos que Francia se mantiene presente militarmente en Costa de Marfil para apoyar al régimen de Ouattara, conducido al poder por el ejército francés y mantenido por criminales de guerra. Es sin escrúpulos que injieren en asuntos internos en Mali por medio de la CEDEAO, imponiendo un gobierno de una pretendida unión nacional y una solución militar exterior”.

Si se involucra precipitadamente en su primera aventura guerrera, el socialista Hollande se pondrá rápidamente en contra a las opiniones públicas francesa y africana, y dejará una imagen penosa de su presidencia, al igual que Sarkozy, olvidado rápidamente por los africanos.

Argelia, el único mediador pragmático

El origen de la crisis de Mali se remonta a 1957, cuando los Tuaregs y los Moros del Azawad pidieron no formar parte del proceso de independencia del oeste africano a través de una petición firmada por 300 jefes locales. Subrayaban su incompatibilidad con las sociedades subsaharianas y pedían ser integrados en el Sahara francés que era entonces la parte sur de la Argelia francesa.

En una carta dirigida al General De Gaulle el 30 de mayo de 1958, escribieron: “Afirmamos nuestra oposición formal al hecho de ser comprendidos en un sistema autónomo o federalista del África negra… nuestros intereses y nuestras aspiraciones no podrían en ningún caso ser defendidas válidamente mientras estemos ligados a un territorio representado fuertemente y gobernado por una mayoría negra cuya ética, intereses y aspiraciones no son iguales a los nuestros. Es la razón por la cual solicitamos su intervención equitativa para ser separados política y administrativamente, y lo más pronto posible del Sudán francés para integrar nuestro país y su región Anillo del Níger al Sahara francés del cual formamos parte históricamente y étnicamente”.

Basándose por tanto en esa reivindicación histórica, fuente de todas las rebeliones, las negociaciones pueden abrirse sin el estrépito de las armas, que el MNLA depuso después de haber liberado su territorio, y que no ha querido usar contra sus hermanos de armas, aunque fueran islamistas.

Argelia está en el puesto avanzado de este conflicto y debe oponerse firmemente a toda aventura militar, de la que pagaría caras consecuencias.

Ni Francia, ni EEUU, ni la CEDEAO, ni la ONU tiene otra elección, que la de dejar que Argelia juegue su papel de pieza maestra en el tablero de las negociaciones, como siempre ha hecho durante 50 años.

Saâd Lounès

Publicado en Kabyles.net, Argelia, el 27 de octubre de 2012.

Traducido para Fundación Sur por Juan Ramos Peris.


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