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Burgos, Bartolomé

Bartolomé Burgos Martínez nació en Totana (Murcia) en 1936. Sacerdote miembro de la Sociedad de Misiones de África (Padres Blancos), es doctor en Filosofía por la Universidad Gregoriana de Roma, 1997. Enseñó filosofía en el Africanum (Logroño), en Dublín y en las ciudades sudanesas de Juba y Jartum. Fue fundador del CIDAF (Centro de Información y Documentación Africana) a finales de los setenta, institución de la que fue director entre 1997 y 2003.

Llegó a África con 19 años y desde entonces ha vivido o trabajado para África y ha visitado numerosos países africanos. De 2008 a 2011 residió en Kumasi, Ghana, donde fue profesor de filosofía en la Facultad de Filosofía, Sociología y Estudios Religiosos de la Universidad de Kumasi. Actualmente vive en Madrid y es investigador de la Fundación Sur.

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Divide y vencerás: el ejemplo de Sudán, por Batolomé Burgos

28 de febrero de 2012.

1 Introducción

El día 9 de Julio Sudan quedó oficialmente dividido en Sudán y Sudan del Sur.

Este desmembramiento, para muchos, ilustra el dicho “divide y vencerás” y se señala a Los EEUU como el principal agente de la división. Sin duda alguna que los EE UU han jugado un papel importante en el desmembramiento de Sudan, aunque no creo que haya sido el único ni tan siquiera el principal. Sin un factor interno muy poderoso, de hecho decisivo, todos los esfuerzos de EE UU hubieran resultado insuficientes. Por otra parte los EE UU no fueron los únicos poderes extranjeros que intervinieron en Sudán, como veremos más adelante.

El estado sudanés, por su parte, también utilizó la estrategia del divide y vencerás aplicada a los estados y grupos étnicos del Sur.

2 Factores externos

Durante el periodo de lucha por la independencia, o por la autonomía, un buen número de países africanos y más allá de las fronteras de África, ejercieron influencia, más o menos directamente, en la lucha, en la economía y en la política de Sudan (Norte y Sur).

A un momento u otro de la contienda los países Árabes favorecieron los regímenes de Jartum, Particularmente Egipto, si bien hubo altos y bajos en las relaciones. Entre estos países podríamos mencionar a Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudí y el Magreb.

Egipto tiene una historia de relaciones con Sudán que se remonta al siglo XIX cuando Sudan estaba sometido al control Turco-egipcio. En 1981 Sudan se rebela contra la administración Turco-Egipcia (El-Mahdi). Entre 1899 y 1955 Sudan fue un protectorado Anglo-Egipcio. En el momento de la independencia (1955) Egipto tenía la esperanza de que se estableciera una federación Anglo-Egipcia que le permitiría asegurase el control de las aguas del Nilo. Ya en aquel momento los líderes del Sur protestaron porque el Norte les había hecho esperar que el Sur gozaría de una fuerte autonomía mientras que pronto vieron frustrada la esperanza de una federación. Comprendieron también que el Norte pretendía darle a todo el país una identidad árabe y musulmana. Este factor se ha mantenido vivo desde la independencia hasta nuestros días y ha sido, sin duda, una de las dinámicas internas más poderosas a la hora de explicar los movimientos independentistas en el Sur. También Egipto se vio decepcionado porque Sudan optó por una total independencia, en lugar de una federación Egipto-Sudanesa.

El malestar en el Sur existió desde antes de la independencia y la guerra por la independencia estalló ya en 1962 (Anya-Nya). Esta fase de la guerra duró diez años y en 1972 se firmaron los acuerdos de Addis-Abeba que ponían fin a la guerra concediendo al sur una fuerte autonomía. A partir de entonces el gobierno de Jartum aplica la estrategia del divide y vencerás aprovechando las rencillas étnicas entre tribus para dividir la autonomía del Sur en tres autonomías, privándolas de poder y reduciéndolas progresivamente al estatuto de provincias que había tenido anteriormente. El mismo Numeiri, que había conseguido la paz de Addis-Abeba, fue quien provoco la segunda fase de la guerra de independencia (1983 hasta la independencia) diluyendo la Autonomía del Sur e introduciendo la ley Islámica. A partir de este momento el esfuerzo del Norte por arabizar e islamizar el Sur ha sido sin tregua. En esta segunda fase de la guerra, también el Norte ha llevado a cabo una política de divide y vencerás de cara al Sur, aprovechando las rencillas entre grupos tribales y entre jefes de guerra sureños, pactando con unos y enfrentándolos a los otros, armando a facciones para que lucharan contra las facciones opuestas, etc.

En 1978 se descubre petróleo en Bentiu (Sur) y este será un factor fundamental que ha determinado las políticas de los países extra-Africanos de cara al conflicto Norte-Sur.

En esta fase del conflicto se han visto implicados los países africanos vecino de Sudán, sobre todo Etiopía Eritrea; Uganda, Kenia, Chad, etc. También se han visto implicados países extra africanos como Canadá, Francia, Rusia Bulgaria, China, Malasia y los Estados Unidos, unos favoreciendo al gobierno del Norte y otros apoyando a la guerrilla del Sur. Más tarde Alemania e Inglaterra se vieron también atraídos por las perspectivas económicas de Sudan.

Una compañía petrolera americana (Chevron) fue la primera en prospectar y encontrar petróleo en Sudan. La compañía francesa Total prospectaba más al sur con grandes expectativas. Tanto una como la otra abandonaron Sudán una vez que la segunda fase de la guerra civil creo dificultades insuperables para la explotación del crudo. Con todo, otras compañías mineras las remplazaron rápidamente: Canadá (Arakis Energy Group), China (National Petroleum Corporation), Malasia: (Petronas) y la sudanesa Sudapet. Alguna compañía americana invitada a formar parte de este consorcio declinó la invitación hasta “tiempos mejores”. En la construcción del oleoducto de 1600 kilómetros que une Heglig y Unity con Mar Rojo colaboraron Wier-UK y Allen Diesel (Británica), Techint (Argentina) y CNPC (China).

En otros tipos de minería han colaborado también Bulgaria y China (minas de oro en Geissan KURMUK) Francia (Mine Or) en Ariab. Al parecer la canadiense Diamond-Work estaba también interesada en la minería sudanesa.

Un ejército especial aseguraba los campos mineros y petrolíferos en el que participaban la agencia de seguridad Executive Outcomes, Militares chinos y milicias sudanesas.

Algunos de estos países y compañías se decían neutros en el conflicto pero proporcionaban al gobierno de Jartum los medios económicos para continuar una guerra que costaba al país uso 350 millones de dólares al año (presupuesto que fue rápidamente en aumento) y que sin los ingresos del petróleo y de la minaría el gobierno de Jartum hubiese sido incapaz de mantener.

3 Factores internos

Por lo dicho hasta ahora podemos ya comprender las razones para la guerra de independencia. Podríamos resumir diciendo que

Los sureños vieron sus esperanzas de un estado federal denegadas.

Acusan a Jartum de imponer una identidad Árabe-Musulmana.

Denuncian diferencia en el desarrollo y la distribución de riqueza a favor del Norte.

Constatan desigualdad de oportunidades:

por ejemplo, tan pronto como se descubrió petróleo en Bentiu la región fue designada Unity Province (la provincia de la unidad) intentando establecer un lazo con el Norte

El Oleoducto por el que se exporta el crudo va de los campos de petróleo a Port Sudan en el Norte y la refinaría está también situada en el Norte

Con el canal de Jongley se proyectaba encauzar las aguas del Nilo Blanco y verterlas en el mismo rio 350 kilómetros más al norte evitando así su esparcimiento en las marismas llamadas el Sud. Este proyecto (que llegó a realizarse en casi dos tercios, pero que nunca se concluyo a causa de la guerra) procuraría un aumento de agua considerable que beneficiaría al Norte y a Egipto pero que desecaría las tierras de pastoreo vitales para las tribus pastoriles del Sur que habitan dicho territorio, creando además serios problemas ecológicos.

La introducción de la Sharria (Ley Islámica) reducía a los no musulmanes a ciudadanos de segundo orden estableciendo desigualdad de derechos en beneficio de los musulmanes.

Si países extranjeros, como los EE U han podido alentar los movimientos separatistas es porque existía ya una gran desafección en el Sur de la que el Norte y sus dirigentes son los principales responsable.


4 Las razones de los EE UU

Los ataques al State Building y más tarde a las torres gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, pusieron a Estados Unidos en pié de guerra total contra el terrorismo. Los EE UU han considerado a Sudan como un país patrocinador del terrorismo y con buenas razones. Usama Ben Laden residió en Sudan (en donde disponía de una explotación agrícola de 2.000 hectáreas cerca de Damazin) hasta 1996 cuando decidió fijar su residencia en Afganistán, después de la victoria de los talibanes.

Sudan facilitó en su propio territorio campos de entrenamiento a terroristas de diversos pelajes: Los “Afganos” (árabes de diversos orígenes que había luchado en Afganistán para establecer el régimen Talibán, Los GIAs (que habían sembrado el terror en Argelia). Las Jihadas eritrea e iraní. Cerca de Juba (Sudan del Sur) encontraba refugio (y al parecer también financiación) el Ejército de Resistencia del Señor que, por décadas ha estado hostigando a los países de la zona, favorables a los EE UU. Sudan apoyó también a la guerrilla desestabilizadora del Chad, un país pro occidental El famoso terrorista Carlos residió en Jartum sin ser molestado, durante bastante tiempo, hasta que Jartum decidiera un trueque con Francia. El gobierno de Jartum se vio acusado de estar detrás del atentado a Mubarak y del intento de atentado a Afeworki de Eritrea.

Por todo lo cual los EE UU pusieron a Sudan en la lista de los países promotores del terrorismo y asistieron a los combatientes por la independencia del Sur.

5 Sudan divide a Occidente

Hablando de divide y vencerás, el gobierno de Jartum se las arregló para dividir a Occidente. Viéndose aislado, intentó por todos los medios mejorar su imagen. En el terreno diplomático inició un movimiento de acercamiento a Egipto. Se intensificaron los contactos con el SPLA que luchaba por la independencia del Sur, se restablecieron contactos con parte de la oposición interna y esbozó un proceso de democratización.

El día 21 de Abril de 1999, los gobiernos de la Unión Europea aprobaron una resolución elogiando la intención expresada por el Gobierno Islámico de Jartum de promover un proceso de democratización. Dicha moción estuvo liderada por Francia e Italia, seguidas de Alemania y Gran Bretaña. La única oposición, más bien tibia, vino de Holanda.

Más tarde el ministro Francés de la cooperación, Josselin, mostró un gran interés por las proposiciones de acercamiento provenientes de Jartum que esperaba encontrar en Francia un interlocutor ante la Unión Europea.

Francia tenía fuertes intereses en Sudán. Italia por su parte parecía dispuesta a hacer frente a los altos riesgos de las inversiones en Jartum. Alemania y Gran Bretaña participaban en algunos de los grandes proyectos que se desarrollaban en torno al petróleo y no eran insensibles a las expectativas de un futuro prometedor. Sin duda lo más tentador para la UE sean las expectativas económicas, más que nada el petróleo.

El mayor logro del régimen de Jartum fue entonces dividir a Occidente. La Unión Europea y los EE UU no miraban el problema sudanés con los mismos ojos: los EE UU insistían en renovar el embargo, retiraron su embajada y se abstuvieron de negociar con Sudán al que consideran un estado promotor del terrorismo. Por el contrario la UE (algunos de cuyos países nunca han dejado de hacer negocios con Sudán) parecía abrirse a una colaboración con el régimen de Jartum, gracias a los buenos oficios de Francia y a la perspectiva de oportunidades económicas prometedoras: el petróleo y la industrialización que llevaría consigo el sector petrolífero y los beneficios que de él se originarían. No es que los EE.UU. se desinteresen del petróleo sudanés. La diferencia estriba en por quién se apuesta y cuándo conviene extraer el petróleo. La UE parecía dispuesta a apostar por el gobierno mientras que los EE.UU. continuaron apostando por la oposición, sobre todo por los independentistas del Sur.

En estos últimos tiempos Jartum ha continuado su proceso de acercamiento a Occidente, intentando así romper el cerco de aislamiento cada vez más severo. Las atrocidades cometidas en la guerra de Darfur le han creado un ambiente muy adverso: Se imponen a Sudan repetidas sanciones por parte de los EE UU. En julio de 2008, el acusador de la Corte Criminal Internacional pide la detención de El-Bashir por genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en Darfur, la primera vez que la CCI pide la detención de un jefe de Estado. En 2009 la CCI de la Haya emite una orden de detención de El- Bachir por los mismos crímenes, orden renovada en 2010. Las revueltas en el mundo árabe de 2011 han afectado directamente a Sudan; también allí hubo manifestaciones pidiendo democracia y mejora en las condiciones de vida. Pero el golpe más duro lo asentó sin duda el referéndum, en el que un 99% de la población sureña optaba por la independencia del Sur que dispone del 80% de las reservas de petróleo.

China, el gran aliado de Sudan, previendo una independencia anunciada ha ido minimizando su compromiso con Jartum y acercándose al nuevo estado del Sur. Este cambio de actitud de China y la reciente benevolencia de EE UU hacia Jartum han sido decisivas en el acercamiento de El-Bashir a la Liga Árabe y a los países árabes más cercanos a Occidente, y su cambio de postura sobre Siria, su apoyo militar a los rebeldes libios y su colaboración en la captura de Saif al-Islam Gaddafi.


6 La ambigüedad de los EE UU

Durante las presidencias de Bush y de Obama (un ex agente de la CIA afirma que incluso desde la época Clinton) ha existido un estrecha relación entre la CIA y los servicios secretos de Sudan (NISS), intercambiando información sobre el terrorismo internacional. La CIA ha ofrecido formación a agentes del NISS y les ha proporcionado tecnología avanzada a la vez que los EE UU imponían severas sanciones al gobierno de Jartum. Esta estrecha colaboración continuó incluso cuando, al finales de los noventa Jartum cerró la embajada de los EE UU por un breve periodo y a pesar de las repetidas ordenes de detención del Tribunal penal Internacional de la Haya contra el Bashir y algunos de sus secuaces, por genocidio, por crímenes de guerra y contra la humanidad. Esta estrecha colaboración entre servicios secretos provocó una gran controversia en los EE UU cuando el periódico Los Angeles Times desveló que la CIA había organizado el vuelo en jet privado del general Sáleh ´Gosh´ a Washingtom. Dicho general sudanés es el jefe de los servicios secretos de su país y el artífice del genocidio de Darfur y de múltiples y muy graves atentados contra los derechos humanos en Sudan. La controversia llegó a tal punto que elementos del Departamento de Justicia planearon detener al general sudanés. Las reuniones entre el general Gosh y agentes americanos siguieron llevándose a cabo, generalmente en Inglaterra.

La colaboración entre servicios secretos en materia de terrorismo parece haber sido muy fructuosa para la CIA y sin duda también para el régimen de Jartum que ha utilizado el entrenamiento y la tecnología proporcionados por la CIA para usos internos: para detectar, detener, interrogar y torturar a disidentes y opositores del régimen de Jartum.

Durante la época Obama esta colaboración ha continuado, es más, ha tenido una influencia decisiva en la inaudita benevolencia que los EE UU muestras en el momento presente hacía el gobierno de Jartum, lo cual es un incentivo muy atractivo para El-Bahsir. A comienzos de 2011 el senador demócrata John Kerry viajo a Jartum para transmitir el mensaje de que si Sudan aceptaba la independencia del Sur (muy deseada por los EE UU) estos sacaría a Sudan de la lista de los estados promotores del terrorismo. Notamos un cambio de actitud sorprendente en la posición del presidente Obama quien, en 2008, como candidato a la presidencia, afirmaba refiriéndose a dicha colaboración durante la época Bush: “Esta iniciativa cínica e imprudente premiaría al régimen de Jartum, que tiene un amplio historia de traiciones a todos los acuerdos que firma. Para empezar, ningún estado debería ser retirado de la lista de los estados patrocinadores del terrorismo si no muestra evidencias incuestionables de que su gobierno no apoya organizaciones terroristas”. (Texto en la web de Obama, aunque retirado posteriormente). En contraste con dicha afirmación el equipo de Obama, siendo éste ya presidente, afirmó (refiriéndose a las atrocidades cometidas por el gobierno de Jartum en Abyei, Sur Kordofan, Blue Nile y Darfur): “debemos apártalo de las deliberaciones sobre si conceder a Jartum su retirada de la lista de Estados terroristas”.

El enviado especial para Sudan Princeton Lyman, en su testimonio ante el Congreso decidió omitir aspectos terribles de los ataques indiscriminados de Jartum contra la población de Abyei Sur Kordofan, Blue Nile y Darfur. Esta situación se prolongó hasta los acuerdos de paz de 2005 y sobre todo hasta la independía del Sur en 2011.

Abyey es un territorio situado al norte del presente Estado de Sudan del Sur y había sido incluido en el mapa del sur cuando los tratados que en el 2005 concluyó con el cese de hostilidades. Es una zona rica en petróleo (habitada principalmente por los Dinka, una tribu negro-africana) que Jartum sigue ambicionando. El contencioso fue sometido por acuerdo de Sudan Norte y Sur a la corte Internacional de la Haya que decretó de manera definitiva que Abyey pertenece Sudan del Sur. Con todo en mayo de 2011 las tropas del Norte invadieron Abyey y EE UU no hizo nada por evitarlo. Es más han presionado al gobierno del Sur para que haga mayores concesiones al Norte sobre Abyey de donde unos 300 000 Dinkas han sido desplazados, el territorio ha sido saqueado, un 20% de sus viviendas han sido destruidas y milicias árabes bien armadas por Jartum y afines al Norte han sido instaladas en lo que aparece como un intento de limpieza étnica.

7 El futuro

Las tensiones entre Sudan del Norte y del Sur están lejos de una solución definitiva. Es de esperar que algún día se establezcan relaciones constructivas entre los dos países. Por el momento Sudan del Sur se aleja cada vez más de las orbita de Jartum. China planea construir para Sudan del Sur un oleoducto por el que gran parte del petróleo del Sur será exportado a través de Kenia y el océano Indico, liberándose de este modo de la dependencia del Norte. Las infraestructuras del Sur están en gran parte destruidas o por construir pero dispone de grandes riquezas en petróleo y posibilidades agrícolas prometedoras. En la extensísima zona del Jongley existen inmensas cantidades de agua subterránea, entre 20 y 30 metros de profundidad, un hecho demostrado por un número considerable de perforaciones llevadas a cabo. Es dudoso que el gobierno del Sur permita retomar la construcción del canal de Jongley (que sería muy conveniente para el Norte y para Egipto) a menos que por un tratado internacional de los países del Nilo, que tendrá que ser acordado, Sudan del Sur reciba una justa participación en las aguas del Nilo. Un peligro que acecha al Sur, y que ya jugó en su contra después del tratado de Addis Abeba, es la mutua desconfianza de los grupos étnicos que lo integran y la tendencia a la división. Sin duda, Sudan del Sur revertirá el proceso de arabización e islamización programado y llevado a cabo, en parte, por Jartum.

En cuanto al régimen de Jartum, es muy probable que tarde o temprano se vea acosado por la rebelión del pueblo, profundamente decepcionado con la segregación del Sur (de la que muchos responsabilizan a las políticas del gobierno) y por la búsqueda de democracia y mejores condiciones de vida. Sudan del Norte está ya gobernado por un régimen islamista más severo que los que se han establecido en otros países musulmanes del Norte de África, después de las rebeliones recientes. A diferencia de estos otros regímenes, el de Jartum sigue siendo ferozmente dictatorial a pesar del lavado de imagen. Es muy posible que las presiones internas y los cambiantes factores geopolíticos terminen dando al traste con el gobierno de El-Bchir y que tanto él como un buen número de sus secuaces sudaneses (en cuya lista el general Saleh ´Gosh´ figura en segundo lugar después del El Bashir) tengan que dar cuentas de sus crímenes ante el Tribunal Criminal Internacional de la Haya.



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