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Zubiría Orayen, Jesús

Jesús Zubiría , misionero de África, Padre Blanco . Nacido en la localidad navarra de Etxarren-Arakil el día de Navidad de 1938 , estudió filosofía en el seminario de pamplona ordenándose sacerdote en 1965 en Logroño. . Estudios de teología en Roma, profesor en los seminarios de Katigondo y Ggaba en Uganda, vicario en Nyarushanje Parish (Kabale) y Nyakishenyi Parish también en Uganda, cursó estudios en Londres, Roma y Jerusalén . Rector de Totteridge Londres (Inglaterra ) Profesor en Mozambique en San Pio X (Maputo) y en la Universidad Católica de Beira, director del Centro de Nazaré en Beira, actualmente es el Secretario General de la Fundación Sur

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La salud, derecho de todos… ¿y en África qué?, por Jesús Zubiría

20 de febrero de 2012.

No se puede hablar de África como si fuese un único país o una única región. África es un inmenso continente con grandes diferencias en casi todo, entre los diferentes países y regiones. Por otro lado, como sucede en otras partes y continentes del mundo, hay también semejanzas muy importantes en muchas áreas y países. Por eso, lo que aquí se dice sobre la salud, a partir de la realidad de Mozambique, puede aplicarse, con algunos matices diferentes, a muchos otros países africanos, sobretodo a países del África subsahariana.

1. Una situación desastrosa

Desastrosa tal vez sea una de las palabras, que mejor define el estado actual de la salud en Mozambique y en muchos otros países africanos. Un indicador evidente de esta lamentable situación es la media de vida. La media de vida en España se sitúa alrededor de los ochenta años: un poco más para las mujeres; algo menos para los hombres. La media de vida en Mozambique es de 43 años: muy lejos de la media española y también por debajo de la media africana.

¿A qué se debe la alta mortalidad o la baja esperanza (media) de vida? ¿Cuales son las razones que explican esta situación desastrosa?

En primer lugar, esta situación se debe al estado lamentable, en cantidad y en calidad, de los servicios de salud. Según estadísticas recientes, en España hay un médico por cada 240 habitantes. La diferencia es abismal con Mozambique, donde la proporción es de un médico para 45.000 habitantes. Algo semejante se podría decir sobre el número y porcentaje de enfermeros/as.

Los centros de salud (hospitales, clínicas, ambulatorios, etc.) son escasos y pobremente equipados. Lo que hace que una gran parte de la población, sobretodo en las áreas rurales, tenga que hacer muchos quilómetros, hasta 50, 60 y 70 kilómetros, para llegar al puesto sanitario más próximo.

Muchos puestos sanitarios, incluso hospitales, carecen de los medicamentos más básicos. A veces esto es debido a las grandes distancias y a las condiciones precarias de los medios de comunicación, que dificultan la distribución. Otras veces también se puede deber a la dificultad para conservar los medicamentos por falta de electricidad y de sistemas de refrigeración adecuados. Y tampoco podemos excluir, en algunos casos, la falta de responsabilidad y la avaricia del personal sanitario, que se aprovecha de la escasez de medicamentos en beneficio propio, vendiéndolos en el mercado...

Otro factor importante, que explica la situación extremamente precaria de la salud en la mayoría de los países africanos, es la alta prevalencia de algunas de las enfermedades infecciosas más mortíferas, que actualmente existen en el mundo. Estamos hablando sobre todo del HIV-SIDA (“la pandemia del siglo”), de la malaria (paludismo) y de la tuberculosis. Estas tres enfermedades, auténticas plagas, cuentan por más de 80% por ciento del número total de hospitalizaciones y de muertes en gran parte de los países del África subsahariana y evidentemente de Mozambique.

2. Señales de esperanza

“La esperanza es lo último que se pierde”, se suele decir. En la situación desastrosa en que se encuentra la salud en la mayor parte de África hay señales de esperanza. La salud está mal. Pero en muchos países, entre ellos Mozambique, ha estado ciertamente mucho peor. Aunque no lo suficiente, pero se ha mejorado. Se ha avanzado. ¡No siempre los tiempos pasados fueron mejores!

Se ha avanzado, se ha mejorado ¿en qué sentido? ¿Cómo? Aunque algunas de las deficiencias anteriormente mencionadas continúen, se ha conseguido mitigarlas parcialmente. En la mayoría de los países, se va formando más personal sanitario en las facultades de medicina, que lentamente van aumentando. También se construyen nuevos hospitales, clínicas y centros de salud, mientras que se van equipando mejor los ya existentes. La aparición de medicamentos genéricos, a precios “razonables”, está contribuyendo considerablemente para hacerlos más asequibles. Los medios de comunicación (mejores carreteras, ambulancias, teléfonos móviles) están acercando las estructuras sanitarias de la población, sobretodo en áreas rurales.

Ha habido también progresos considerables en el campo de la medicina. Progresos que, aunque demasiado lentamente, también están llegando a África.

Hay dos áreas en las que este progreso se hace notar más fuertemente, donde el impacto es más evidente y benéfico. Hace unos 20 años, la persona seropositiva moría de SIDA inexorablemente en un período de unos diez años. Una de cada tres mujeres embarazadas, portadoras del virus HIV, daba a luz a un/a niño/a “infectado” con el VIH, que en la mayoría de los casos moría antes de los dos años. Hoy, gracias a los antirretrovirales, una persona seropositiva puede vivir una vida casi “normal” durante muchos años, y la transmisión “vertical” del virus de la madre embarazada al hijo/a es muy baja, alrededor de 3% en los peores casos.

También se han hecho progresos considerables en la lucha contra la malaria (paludismo). Los medicamentos actuales son mucho más eficaces que los medicamentos utilizados algunos años atrás, y también tienen menos efectos colaterales. Actualmente muere aproximadamente una de cada cien personas que contraen la malaria. En el pasado, el porcentaje era muchísimo más alto.

Desde muchos puntos de vista, el VIH-SIDA ha cambiado radical y dramáticamente el mapa sanitario de África, que tiene aproximadamente dos terceras partes de todas las personas infectadas por el virus en el mundo. Pero también en este caso se vislumbra un rayo de esperanza. Además de los beneficios innegables de los medicamentos antirretrovirales, parece ser que en bastantes países se ha llegado al ápice en número de infecciones. Hay algunos países, Uganda es un ejemplo formidable, en los que el número de infecciones ha bajado considerablemente. Las campañas de prevención, sobre todo en la línea de una sexualidad responsable, están dando sus frutos.

3. Hacia un futuro mejor: “La salud un derecho de todos”

¿Cómo estará la salud en los próximos años? ¿Qué podemos esperar? Hay algunos indicadores que nos permiten mirar hacia el futuro con un cierto optimismo. En condiciones normales, los progresos ya realizados contra la malaria, sobretodo gracias a los medicamentos mejorados, a los insecticidas y a las redes mosquiteras, continuarán en los próximos años. Pero la solución definitiva no es eso. La solución definitiva es una vacuna eficaz y barata contra la malaria. Después de muchos años de investigación y ensayos, hay esperanza muy bien fundada de que la tal vacuna está casi al alcance de la mano. Ya hay varias vacunas, entre ellas las del Dr. Manuel Patarroyo (colombiano) y Pedro Alonso (español), en fase de experimentación en Kenia y Mozambique. Una vacuna eficaz y barata salvaría millones de vidas humanas cada año.

La situación es más complicada en el caso del VIH-SIDA. Por ahora, no hay indicadores fiables que nos permitan esperar una vacuna en los próximos años. Pero sí podemos esperar que las mejoras introducidas con el uso de los antirretrovirales vayan en aumento, y que vayan a mejorar los métodos de diagnóstico y seguimiento de las personas infectadas.

4. Papel de los agentes de la salud

Cada uno/a es el/la primer/a responsable de la propia salud. Por eso, las campañas de sensibilización (información y formación) son de gran importancia. Junto con, y al lado de, sus ciudadanos, los diferentes gobiernos deberían considerar el cuidado de la salud y el desarrollo de los servicios sanitarios necesarios como una de sus grandes prioridades. Desgraciadamente, muchas veces ese no es el caso.

Por otro lado, dada la escasez de recursos y la extrema precariedad de la salud en la mayoría de los países pobres, muchos gobiernos, aun con la mejor voluntad, no pueden responder adecuadamente ni siquiera a las necesidades más urgentes. En algunos países africanos, por lo menos la mitad del presupuesto del Estado viene de la ayuda externa al desarrollo. Sin esta ayuda, se produciría un enorme colapso en el sistema de salud. Además del apoyo oficial, ofrecido por los países más desarrollados, las Organizaciones No Gubernamentales, entre ellas muchas organizaciones de inspiración religiosa, juegan un papel fundamental en los sistemas de salud de los países pobres. Las instituciones católicas, por ejemplo, son responsables de los cuidados sanitarios ofrecidos a cerca de una tercera parte de la población mundial afectada por el VIH-SIDA. Gran número de hospitales, clínicas, dispensarios, farmacias y facultades de medicina son creados, financiados y mantenidos en funcionamiento en los países más pobres gracias a la generosidad y solidaridad de los católicos del mundo entero.

Entre las organizaciones católicas, que ocupan un lugar destacado en el campo de la salud a nivel mundial, figura Manos Unidas. Sólo en el año 2010, Manos Unidas financió 130 proyectos de salud en los países más pobres de tres continentes. Manos Unidas realiza este trabajo en estrecha colaboración con las entidades locales de los países beneficiarios.

Yo mismo he tenido la suerte de haber sido tratado (de malaria/paludismo), con mucho cuidado y profesionalidad, en un centro de salud subvencionado por Manos Unidas, el de Nhaconjo, en la ciudad de Beira, Mozambique.



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