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Inicio > Bitácora africana >
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Reche, Paquita

Nació en Chirivel (Almería). Estudió Magisterio en Almería, Licenciaturas de Pedagogía y de Filosofía, en la Complutense de Madrid.

Llegó por primera vez a Africa en 1958 (a Argelia): después estuvo en Ruanda, Guinea Ecuatorial y desde el 1975 en Burkina Faso.

En África trabajó como profesora en el Instituto Catequético Lumen Vitae de Butare, Profesora de enseñanza secundaria de español y filosofía; Universidad Popular (filosofia). También ha colaborado con Asociaciones de mujeres y con niños de la calle en Burkina Faso.

Está en España desde 2004, actualmente, en Logroño. Colabora con la revista de los misioneros de África "Africana", Los Comités de Solidaridad con África Negra y con Rioja Acoge.

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Sabiduría Africana : La hospitalidad es un modo de ser en África, por Paquita Reche, mnsda

25 de enero de 2012.

He aquí dos historias de vida. Se sitúan en el norte y en el oeste de África. Podríamos encontrar miles que ilustrarían bien una realidad bien africana, designada con una bonita palabra: “hospitalidad”.

“Hace algún tiempo, el toque de queda estaba en vigor en Argelia. Una noche llegando en avión de Túnez con mucho retraso, nadie me esperaba y el aeropuerto iba a cerrar sus puertas. Embarcada en un taxi, no podía llegar a mi destino antes de media noche. El chofer me invita a ir a su familia; hizo levantar a su hija de la cama donde dormía, y a pesar de mi insistencia que yo podía dormir en cualquier sitio tuve que aceptar la cama. A las 5h30 de la mañana vino a buscarme para llevarme a casa de las hermanas, su mujer había preparado el café. Este señor no nos conocía de nada. Cuando le pagué la carrera, quise también darle algo por las molestias ocasionadas, no quiso aceptar. Marchó después de haberme estrechado la mano”.

“Íbamos de Bobo Dioulasso a Bamako cuando tuvimos una avería cerca de un poblado. Varías personas se acercaron para ver lo que pasaba. Un chico con una vieja bicicleta se ofreció a ir a buscar un mecánico. Tardó mucho en encontrarlo y hasta el día siguiente no se podía hacer nada. Teníamos que pasar la noche allí. “Ningún problema hermanas”, podéis pasar la noche en nuestra familia”, dijo el catequista”.

Los testimonios podrían multiplicarse, los de estas Misioneras de África se sitúan en regiones bien distintas, norte y oeste de África. Ellos ilustran bien la universalidad de la hospitalidad africana, que más que una palabra es un modo de ser, un estilo de vida. Tanto, que llamó la atención de los viajeros, que en el siglo XIX, se adentraron en el África profunda. En las narraciones de sus viajes se extrañan de que los africanos la consideren más que una virtud un deber, por el carácter general que tenía. Muchos de esos viajeros ponderan la generosidad de esta hospitalidad. En varias ocasiones también se ha podido oír la voz de los papas Pablo VI y Juan Pablo II, alabando la generosa y cordial hospitalidad. Que recibieron en sus visitas a África.

La hospitalidad hunde sus raíces en lo más profundo de las entrañas de África. La hospitalidad es sagrada y como dicen los tuareg “al enemigo puedes devolver todo el mal que te hizo, menos privarle de hospitalidad”.

En cada uno de los países africanos en los que tuve la suerte de vivir y trabajar durante largos años me encontré la hospitalidad en distintos medios y situaciones. Fue la gran lección que los africanos me dieron durante muchos años. Cuando me preguntan qué es lo que más me llamó la atención al llegar a África, mi respuesta es la de muchas personas que han sido objeto de la generosa hospitalidad africana. ¿Anécdotas? Tenemos una y mil anécdotas que contar: el té ofrecido, el perfume generoso derramado sobre nosotras por la mujer argelina, la casa abierta cuando estás de paso, la mejor estera y choza puesta nuestra disposición, el cubo de agua caliente a tu puerta para que puedas ducharte con ese agua que se tubo que buscar muy lejos…

“El huésped es rey”, dice un proverbio. Una y mil veces nos hemos sentido reinas y muchas veces confundidas, por la acogida que nos han hecho a nosotras o a las personas vinieron a visitarnos y que hemos llevado a los poblados. No puedo olvidar la fiesta que organizaron en un poblado bobo- fing para acoger a un grupo de profesores de la Universidad de Granada, ni la velada de música y danza improvisada para mi sobrino la noche que pasamos en ese mismo poblado poco tiempo después.

El ejercicio de la hospitalidad es una riqueza que pertenece a todos. Para los pobres, muchas veces es la única. Para ellos sería un insulto, que el rechazo de hospitalidad por bien intencionado que sea, los desposeyera. Lo importante no es lo qué se da, sino cómo se da. Eso te obliga a aprender a recibir con humildad y a no ofender, rechazando al que en su pobreza comparte lo que tiene y hasta se priva para honrarte. Aceptando tú honras al que te recibe.

El valor, la importancia y las exigencias de la hospitalidad se reflejan en la sabiduría popular vehiculada por los siguientes proverbios malienses seleccionados por Pilar Vigil:

• “Acoger bien a alguien es hacerlo uno de los vuestros”.

• “El extranjero bien tratado no cambiará de hospedaje”.

• “Si no acoges bien al extranjero tu reputación se estropeará”.

• “Para el extranjero la persona que lo acoge es como una luz que ilumina su ruta”.

• “Sed hospitalarios y pacientes con los extranjeros antes o después se irán”.

• “El extranjero es como el rocío a menudo se va al alba como el rocío que el sol hace desaparecer”.

La hospitalidad va más allá de las fronteras de la gran familia o del clan. Muchos jóvenes han podido y pueden hacer estudios gracias a ella. Pero la hospitalidad se convierte en un peso enorme en las nuevas condiciones del África urbana. El gran número de jóvenes que emigran a las ciudades para buscarse la vida y que son acogidos por parientes o amigos, puede pesar mucho sobre la economía familiar en un contexto nuevo. De la hospitalidad se usa y abusa tanto, que no es raro que un pequeño funcionario puede encontrarse con cinco y más personas en su casa: gente de paso o instaladas por mucho tiempo, como hermanos menores, sobrinos o sencillamente hijos de amigos que hacen estudios. Sencillamente llegan y se instalan.

Antes era fácil ser solidarios y ejercer la hospitalidad. En el poblado todos se marchan a cultivar al campo y todas las personas válidas contribuyen para alimentar a los que están bajo el mismo techo. En la ciudad no es posible, el marido y la mujer se marchan al trabajo y tienen que dejar a los parientes o conocidos que llegaron del pueblo de visita o para buscarse la vida, mano sobre mano, tomando el fresco a la sombra. Así, en las ciudades aparece la vertiente negativa de este valor, el parasitismo, contra el que Nyerere puso ya en guardia hace muchos años.

El ex presidente del Mali, Alpha Oumar Konare, sacó a la modernidad en 2002 la costumbre “diatiguiya”, es decir “hospitalidad” para acoger a muchos extranjeros venidos para la Copa de África de Naciones. El Foro Social Mundial de Bamako de 2006 ha continuado en esta línea. Oumar Diamoye nos habla en el Republicano de la “diatiguiya” como la sensibilidad del maliense a ponerse a la disposición de una persona de paso y cita el testimonio de una estudiante: belga:

“La ‘Diatiguiya’ es algo muy positivo que el Mali ha sabido guardar. Sólo hace tres días que estoy aquí con compañeros belgas como yo y lo que más me ha impresionado es la capacidad de la Señora Fanta y su marido para hacer que unos extranjeros se sientan a gusto en su casa”.

La hospitalidad es un gran valor del África tradicional. Las nuevas condiciones de vida del África moderna la pueden poner en peligro. Su pérdida, por las nuevas situaciones y condiciones de vida, sería un gran mal para todos. Es un valor que pertenece a lo mejor de la humanidad y a la esencia misma de África. ¿Cómo hacer para conservar este valor? ¿Cómo hacerlo sin que se desarrolle en el nuevo terreno social de la modernidad su vertiente negativa que es el parasitismo? Sólo los africanos pueden encontrar el camino.



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