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Inicio > Bitácora africana >
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Reche, Paquita

Nació en Chirivel (Almería). Estudió Magisterio en Almería, Licenciaturas de Pedagogía y de Filosofía, en la Complutense de Madrid.

Llegó por primera vez a Africa en 1958 (a Argelia): después estuvo en Ruanda, Guinea Ecuatorial y desde el 1975 en Burkina Faso.

En África trabajó como profesora en el Instituto Catequético Lumen Vitae de Butare, Profesora de enseñanza secundaria de español y filosofía; Universidad Popular (filosofia). También ha colaborado con Asociaciones de mujeres y con niños de la calle en Burkina Faso.

Está en España desde 2004, actualmente, en Logroño. Colabora con la revista de los misioneros de África "Africana", Los Comités de Solidaridad con África Negra y con Rioja Acoge.

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El “oro” de las mujeres, por Paquita Reche, mnsda

17 de noviembre de 2011.

Desde hace unos años encontramos cosméticos de lujo, con un componente exótico: “manteca de karité”. Cada vez más, utilizamos jabones, cremas, lociones y ungüentos fabricados con ella. También esta manteca vegetal se emplea en farmacia y en productos alimenticios, especialmente en pastelería y chocolatería. Pocas personas, de los que los utilizan esos productos, fuera de África, saben su origen. Menos aún, conocen el lazo que hay entre la manteca de “karité” y las mujeres rurales africanas. Una relación que justifica el nombre que a veces se le da: “oro de las mujeres”. “Oro” que ellas extraen con mucho trabajo y esfuerzo Esta manteca vegetal se obtiene de un árbol que desde hace milenios crece en estado silvestre en la sabana del continente africano. De la actividad generada por este cultivo informal, se calcula que tres millones de mujeres, sólo en Burkina Faso y Malí, obtendrían el 80 % de sus ingresos.

El karité es un árbol específico del continente africano, pertenece a la familia de las saponáceas. Lo encontramos en una franja de vegetación que se extiende en una superficie de 5 000 kilómetros, desde Senegal a Etiopía y Uganda. Pasando por Malí, Burkina Faso, Costa de Marfil, Ghana, Guinea, Nigeria, Camerún, República del Congo, RDC y Sudán. Puede tener una vida de trescientos años, alcanzar quince metros de altura y un diámetro de un metro. Su sistema de raíces que se cruzan, previene la erosión y permite la asociación de otros cultivos. Cuando se desbroza la tierra para la agricultura se respetan estos árboles, que pasan a formar parte del sistema agrícola tradicional. Son considerados “sagrados” y no pueden cortarse ni quemarse, aunque los hombres, siempre sin dañar el árbol puedan fabricar objetos con su madera, como los famosos tazones dogón (Malí) y hacer un carbón de muy buena calidad. Pero, la quema de rastrojos sin control, es una amenaza muy seria para una especie preciosa que necesita un periodo tan largo para crecer y fructificar. El árbol de karité (Vitellaria paradoxa) necesita unos 15 años para empezar a dar fruto y unos 50 para alcanzar la madurez y plena producción.

El fruto, con el mismo nombre que el árbol, es ovalado y de color verde; mide entre cuatro y seis centímetros de largo. Su parte exterior pulposa y dulce es muy rica en vitaminas, sales minerales y proteínas. Contiene una o dos almendras de las que más de la mitad de su peso es materia grasa. De ella las mujeres obtienen una manteca vegetal, que desde tiempos muy remotos tiene múltiples usos: alimentario, fuente de energía, cuidado de la piel, medicina tradicional y hasta para ritos sagrados

Reservado a las mujeres, el procesamiento tradicional de las nueces de Karité, es largo y duro

Lo he visto hacer muchas veces en barrios de Bobo Diulasso y en los poblados de Kumi y Kokorowe de Burkina Faso.

Las almendras que están en el interior de la nuez, deben secarse al sol o al calor de un horno, después se machacan en el mortero de madera, hasta reducirlas a una pasta grasienta, que debe hervirse durante bastante tiempo, hasta que la grasa flote y pueda recogerse, amasarse y batirse hasta que se obtenga la manteca. Este modo artesanal de extracción y refinamiento de la manteca, es muy largo y expone a las mujeres que trabajan en grupo, al humo, al calor y a los gases tóxicos desprendidos por el aceite hirviendo. Esto supone un gran desgaste físico para las mujeres, que para obtener un gramo de manteca necesitan 20 kilogramos de nueces. El coste en leña de este método tradicional es también muy alto y contribuye al deterioro del medio ambiente. Son muchas las razones para promover un cambio y facilitar los medios necesarios. Este cambio se está produciendo en muchos lugares.

Nuevas formas de trabajar menos duras, más respetuosas del medio ambiente y más productivas

Desde finales de los ochenta el Fondo de desarrollo de las Naciones Unidas (UNIFEM) concedió ayudas financieras y técnicas para favorecer la promoción de los derechos de las mujeres, en cuatro campos estratégicos, poner fin a la violencia contra las mujeres, limitar la propagación del VIH/sida, conseguir la igualdad entre los dos sexos y reducción de la pobreza de las mujeres, facilitando actividades respetuosas del medio ambiente y fuente de recursos.

He aquí algunos ejemplos:

Las mujeres de la Cooperativa de Gbimsi, aldea del norte de Ghana, situada a 750 kilómetros de Accra, pudieron conseguir un molino triturador, extractores de aceite, que funcionan con motores diesel y un capital inicial. Desde entonces el empleo de leña se ha reducido en un 80 % y el tiempo de la jornada laboral en más de tres horas. La producción ha aumentado hasta conseguir la producción de una tonelada de manteca al mes. La vida familiar ha mejorado gracias a la simplificación del trabajo y el aumento de los ingresos además ha mejorado la calidad de vida, muchos tejados de paja se han podido sustituir por placas de aluminio.

En 1995, se constituyó en el Norte de Uganda, la Asociación de Elaboradoras de Karité con más de 2.000 miembros, de distintos grupos comunitarios, para la conservación y desarrollo local del karité. Con una financiación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) ha podido mejorar y aumentar su producción y actualmente vende varias toneladas de manteca de excelente calidad para productos farmacéuticos y cosméticos a empresas privadas de USA, Japón y Europa.

Desde 2003, encontramos en Tahghin Dassuri – a pocos kilómetros de Uagadugú, capital de Burkina Faso una asociación de Mujeres, “Ragoussi” que reúne a mujeres de 22 poblados. Gracias a las iniciativas para añadir valor, mejorando la calidad del producto se abren más oportunidades de mercado.

También en Burkina Faso, podemos señalar el apoyo que presta el Centro de estudios y cooperación internacional de Québec (CECI a la Unión de Grupos de Productoras de productos de Karité (UGPPK), unión de cooperativas que reúne a unas 3.000 productoras, para crear una unidad de producción de manteca de karité ecológica y más respetuosa con el medio ambiente. Persigue varios objetivos: empleo de recursos naturales, reciclaje de residuos vegetales y de aguas residuales, así como un mayor uso de energía renovable, mediante la producción de biogás y de energía solar. La capacitación de las productoras forma parte del proyecto.

Se podrían citar centenas de ejemplos, ya que, muchos proyectos, más o menos ambiciosos, presentados por asociaciones o cooperativas de mujeres, han encontrado una acogida favorable en distintos organismos, en cuyas políticas de ayuda convergen objetivos, tales que la lucha contra la desertificación por el empleo de energías alternativas a la quema de leña; la promoción de la mujer y la reducción de la pobreza. Gracias a ella, asociaciones y cooperativas de mujeres pueden procesar las nueces de karité con menos desgaste humano y energético, pueden aumentar la producción y mejorar la calidad del producto para comercializarlo con más éxito y responder a una creciente demanda exterior.



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