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Inicio > REVISTA > Entrevistas >

Entrevista a Mari Carmen Ocón Moreno: “La realidad del África subsahariana te impacta”
04/11/2011 -
maricamenoconmoreno

Rafael Sánchez: ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en África?

Mari Carmen Ocón: En total hace 20 años que entré en la congregación de las Hemanas Misioneras de Nuestra Señora de África, la mayoría los he pasado en África solo cinco en Europa.

R.S.: Has estado en Kenya, Zambia, Mozambique y Tanzania, así que supongo que te conoces toda la costa del Índico perfectamente.

M.C.O.: Sí he tenido la suerte de trabajar en toda el área del África del Este, pero también conozco otros países como Uganda, Zimbabwe, Malawi...

R.S.: Ya que conoces también todo el África Oriental permíteme una pregunta sencilla: ¿Cual es el país más interesante de todos los que ha visitado?

M.C.O.: Pues no sabría decirte cual es. En Mozambique pude conocer la montaña pero Tanzania tiene también sus montañas, playas, lagos..., es difícil quedarse con un solo país. África es bella en cualquier sitio que llegues con diferencias en cualquier país.

R.S.: Tu estancia en África ha sido un periplo en el cual has tenido que aprender lenguas sobre la marcha. En Kenya y Zambia hablabas en inglés y en Mozambique el portugués, aunque el castellano lo entienden bastante bien porque el portugués es muy dulce, muy brasileño.

M.C.O.: Sí, es cierto pero en Mozambique te dicen: “hablarás español o portuñol” y era algo que no quería. Cuando llego a un pueblo me gusta intentar hablar, aunque lo haga mal, la lengua de ese pueblo. Sí que es cierto que he hablado inglés y portugués, pero también las lenguas de cada sitio donde he estado: el swahili, el chindao, el chibemba…

R.S.: El portugués en Mozambique es la lengua oficial pero es cierto que cada región tiene su lengua.

M.C.O.: Sí, es cierto. En la zona donde vivíamos solo hablaba portugués la gente que trabajaba en algún organismo del Estado, la administración, la escuela, el hospital..., pero luego la gente local hablaba el chindao.

R.S.: En la última etapa en Tanzania utilizaste el swahili, claro.

M.C.O.: Los tanzanos están muy orgullosos de su lengua y por todos sitios te hablan en su lengua, solamente te hablan en inglés si no conoces el swahili.

R.S.: En estos doce años has tenido que aprender cuatro o cinco idiomas ¿Es verdad que cada vez es más fácil: que el segundo más fácil que el primero y aprender el tercero resulta más sencillo que el segundo?

M.C.O.: Es cierto, por lo menos así me lo parece porque la estructura es de lenguas bantús que se parecen una a la otra, lo que pasa que el vocabulario hay que aprenderlo, pero la estructura lo facilita.

R.S.: Háblanos de tu periplo por África que comienza en Kenya. Estás un año de formación básicamente para prepararte a trabajar con la sociedad africana.

M.C.O.: Es cierto, las misioneras de África ya tenían toda la formación como religiosas en África. Yo estuve haciendo el postulantado en Nairobi, en un suburbio pequeñito que se llamaba Kangemi.

R.S.: Me imagino que de esa época lo más importante es el choque con África; venir de España y de repente estar un año conviviendo en un barrio que, aunque no es los más difíciles, es una sociedad completamente diferente.

M.C.O.: Cierto, en eso Kenya siempre se quedará para mí como el primer encuentro con el África subsahariana ya que conocí el tema de Marruecos por haber nacido en Algeciras y haber pasado bastante tiempo en este país, pero es otro mundo, la realidad del África subsahariana te impacta de otra manera, y el hecho de sentirte en la mayoría de las veces la única persona de un color diferente te hace sentirte diferente, pero poco a poco te vas olvidando de que tú tienes un color concreto y vas entrando en la vida de la gente, en su forma de ser y en su acogida.

R.S.: Cuestión que empiezas realizar al año siguiente. Te vas a Zambia, al Coperbelt, el cinturón del cobre, y allí empiezas a trabajar con los más jóvenes.

M.C.O.: Sí, otra vez en un barrio desfavorecido de la ciudad donde venían los mineros que no tenían acceso a la vivienda que les concedían a muchos por el hecho de trabajar en las minas. Solían ser casas de ladrillo, barro, y en una parroquia ahí, insertadas, trabajábamos con la juventud en proyectos que tenían dificultad. Entre una de las cosas que se hacían era crear un espacio donde poder estudiar, entonces montamos una biblioteca con los mismos chavales. Vendíamos cosas para comprar los libros, no dependíamos de ninguna ayuda exterior sino todo lo hacíamos vendiendo dulces, alguna cosilla con cacahuete, panecitos..., alguna madre nos dejaba un horno y todo se vendía, y así fuimos consiguiendo los fondos necesarios. A la gente le gustaba también el deporte, a los chicos el fútbol y a las chicas el netball, y era una manera de sacar y entretener a los jóvenes porque había mucho alcoholismo y drogas en los locales.

R.S.: La zona de Coperbelt es rica en recursos naturales, pero también está muy expuesta a las fluctuaciones de los mercados, si baja el precio del cobre hay una gran cantidad de despidos, se pueden cerrar las minas... Cuando esto ocurrió hace unos años la zona comenzó a tener una fuerte migración hacia Sudáfrica. Aunque han pasado nueve años, ¿cómo estaba la situación?

M.C.O.: En aquel momento podemos decir que el primer año estaba estable, la gente trabajaba en la mina y cubría sus necesidades incluso con ayuda alimentaria, servicios de salud..; pero al segundo año el precio del cobre baja y empezaron los despidos de gente perdiendo incluso la vivienda, toda la ayuda que tenían, con lo cual empiezan a sufrir porque lo que has tenido en un año te cambia. En aquel tiempo no había tanta emigración Sudáfrica, más tarde sí.

R.S.: Después te destinan a Mozambique, cerca de la frontera con Zimbabue, que por lo que hablábamos antes es la experiencia más dura. ¿Qué hacíais allí?

M.C.O.: Bueno, las Hermanas Blancas llegaron a la diócesis de Chimoio, a un pequeño pequeño pueblo a tres kilómetros de la frontera con Zimbabwe, cuando en 1992 se firma el tratado de paz de Mozambique, que había sufrido diecisiete años de guerra civil. Esta era además una zona donde la guerra fue muy intensa porque la RENAMO estaba inserta en el área.

R.S.: Creo que fue la región de entrada de la ayuda a la guerrilla.

M.C.O.: Exactamente, que venía de Zimbabwe. El apoyo a la RENAMO venía de Sudáfrica a través de Zimbabwe y por lo que me contaron allí la guerra fue muy intensa. Además, es una región a la que la FRELIMO tenía un poco olvidada, porque sabían que la gente pertenecía a la RENAMO. En los años en que Mozambique empezó un desarrollo importante esta zona se quedó marginal porque era una zona que no interesaba mucho.

R.S.: Como en tantos otros sitios de África se efectúa un voto social; según a la sociedad a la que perteneces votas a un partido o a otro y estaba claro que a la FRELIMO no le iban a votar.

M.C.O.: Exactamente, entonces sabían que aquel era territorio RENAMO, aunque tenían el alcalde por allá, pero casi nadie se preocupó de la zona.

R.S.: Y allí estuviste trabajando realmente duro, no tenías ni tiempo para descansar porque estábais trabajando con enfermos de sida, huérfanos víctimas del sida y de la guerra y con los abuelos y abuelas, fundamentales en sociedades que han sufrido tanto. Por otra parte, estábais trabajando en potenciar la medicina tradicional y apoyando a personas mayores acusadas de brujería... Bueno, no os faltaba casi ningún mal de África por intentar luchar contra él.

M.C.O.: Bueno, se intenta dar una solución siempre en la medida que es posible y con los medios que se tienen, pero con un poco de creatividad yo creo que se pueden hacer muchas cosas y era lo que intentábamos hacer en esa zona, porque los medios no llegaban en una zona tan aislada del país; era más fácil acceder por Zimbabwe que por otra zona del país, porque las carreteras eran muy malas. Pero en ese sentido se potencia el desarrollo de la creatividad y se utilizan los recursos locales sin ninguna dependencia exterior.

R.S.: De hecho al principio no teníais retrovirales, lo genéricos que se estaban dando por otros países de África, y empezasteis a potenciar la medicina tradicional, por lo menos para intentar paliar todas las enfermedades asociadas al sida.

M.C.O.: Sí, exactamente. Había una compañera que era médico. Trabajaba en el hospital pero con muy pocos medicamentos químicos y mucho menos había nada de retrovirales. Era un momento en que el SIDA tenía un gran auge en África y sin medios para detectarlos, solamente por los síntomas de la gente que presentaba... no te podías arriesgar a decir: “usted tiene sida”, porque no había ningún test que lo pudiera afirmar. Pero viendo los síntomas que iban apareciendo se intentaban buscar soluciones y con la medicina tradicional, que la gente ya tenía grandes conocimientos, se fueron creando grupos y se fueron ampliando, sobre todo con religiosos brasileños que tenían mucha formación porque en Brasil es muy conocido.

R.S.: Eso era un modelo de cooperación Sur-Sur

M.C.O.: Sí, Brasil sigue empeñado en proporcionar medicamentos a bajo coste y compartirlos con África. En fin que se crearon cosas de manera sencilla, con áloe vera, con plantas tradicionales que tenían antibióticos, que tenían calmantes, que utilizábamos incluso para enfermedades de la piel, pues realmente en el hospital ya se referían enfermos a nuestra parafarmacia para buscar esos medicamentos que parecían más efectivos que los que tenían en el hospital.

R.S.: O sea, que cuando la cosa mejoró en Mozambique al final de los años de tu trabajo cuando llegaban los medicamentos genéricos, los médicos os seguían derivando hacia vosotros a los enfermos porque se había demostrado que era positivo el tratamientos con estos medicamentos de la medicina tradicional.

M.C.O.: Sí, exactamente aunque se diesen los retrovirales y su efecto beneficioso, que es real. Pero el problema que tienen los retrovirales hoy en mucha población africana, es que necesita una buena alimentación y cuando esta no se cubre es como un bomba y si tú no tienes una buena alimentación la gente sufre más. Entonces se fue creando no solo la medicina alternativa sino también un proyecto de ayuda alimentaria, es decir, proporcionar vitaminas y algún alimento alternativo para que la gente pudiera acoger el retroviral con una capacidad física para aguantarlo.

R.S.: Y llegasteis a crear una industria alimentaria, una farmacopea con capsulas y todo, ¿no?

M.C.O.: Sí, de una manera muy sencilla. Recuerdo que para el comprimido de adulto, la medida era la del tapón de un vino espumoso que venía perfecto, y la dosis pequeña con el tapón de un bolígrafo Bic venía estupenda para los niños. Son comprimidos como los que puedes encontrar en una herboristería.

R.S.: También trabajasteis apoyando a personas mayores, por ejemplo acusadas de brujería, lo que en algunos casos no es más que una forma de quitar las tierras a personas que se ven indefensas.

M.C.O.: Sí, esto creo que es una creencia inculcada en ciertos pueblos, pero cuanto más al interior y más cerrado puede ser el lugar donde te encuentras ésta es más arraigada, y con tanta gente que moría de SIDA pues también encajaba con la creencia. Si a una señora se le han muerto todos los hijos y crees que la muerte no es algo natural sino que ha sido provocada por algo pues lo más fácil era acusar a la madre o al padre de haberse comido a los hijos, entonces esta persona terminaba siendo acusada por un hechicero y al final la persona tenía que dejar la casa, la tierra que tenía... Y venían al pueblo donde vivíamos y en lo posible intentábamos reconstruir alguna pequeña choza e instalarles, y si todavía podían cultivar, darles algún trozo de tierra para que pudiesen vivir dignamente. En un caso de esos, cuando te encuentras a una abuela que viene andando desde cincuenta o sesenta kilómetros y no tiene nada, no tiene dinero, lo primero que atiendes es la necesidad material Luego viene acompañar a esa persona y escuchar la historia que te cuenta, darle cariño de una comunidad y gente que se va a ocupar de ella.

R.S.: Cuéntanos tu experiencia de tres años en Tanzania, justo en uno de los barrios más difíciles de la capital, Dar es Salaam.

M.C.O.: Pues sí, me pusieron y a la vez lo escogí con gusto. Hay un trayectoria, parece que el tema de los suburbios va con mi historia de misionera y en esa época me tocó en el lugar más grande, más poblado; es un barrio de Dar es Salaam que se llama Tandale, donde en tres o cuatro kilómetros cuadrados tienes a 70.000 personas viviendo. Eso indica el gran número de personas que puedes llegar a conectar, sin moverte mucho todo lo visitas a poco. Hay gente que llegó desde distintas zonas del país buscando una vida mejor, un trabajo, algunos tuvieron éxito y otra mucha gente sólo sobrevive.

R.S.: Sobrevive en unas condiciones de hacinamiento y salubridad precarias

M.C.O.: Totalmente. Por ejemplo, hay falta de agua permanentemente a lo largo del año. Todas las aguas subterráneas están expuestas al exterior, con lo cual cuando llueve aquello se convierte en una zona difícil de transitar. Hay gente que vive en la época de lluvias permanentemente con agua en la casa y eso provoca muchísimas enfermedades y encima la malaria es muy común, así como el cólera y la disentería.

R.S.:¿Qué actividades desarrollas en Tandale?

M.C.O.: Bueno, en la parroquia a la que llegue existía un proyecto en colaboración con los misioneros de África, que son lo que llevaban la parroquia, que se llama Salomé que se dedicaba a la promoción de la mujer y las chicas jóvenes del barrio, con clases de alfabetización y de costura. Poco a poco empezamos a crear distintos proyectos y a dar salida a las distintas necesidades que iban surgiendo. Era un proyecto nuevamente de atención a huérfanos que vivían en sus casas. También a chavales que terminaban la escuela primaria y no conseguían aprobar el examen nacional, con lo cual las familias no pueden pagarles una escuela privada que sería la alternativa, y ahí dábamos un año de formación para ver si el chaval se podía integrar en una escuela privada, barata o en algún curso de formación, y de allí fuimos creando distintos actividades.

R.S.: También la lucha contra el SIDA y suministro de alimentación para personas con SIDA que luego extendéis al resto de la población.

M.C.O.: Si, en un sitio así se dan todas las necesidades. En el barrio, donde la prostitución es alta porque la gente se busca la vida de cualquier manera, había dos focos de prostitución conocidos y se pidió ayuda a otra entidad local de la iglesia católica, que estaba muy especializada en tema de SIDA, y ofrecieron dos enfermeras. Nosotros pusimos el local y la promoción para que la gente viniera al centro a consultar la enfermedad y hacerse la prueba y en caso de que lo tuviesen hacer cuidados domiciliarios y empezar la medicación.

R.S.: Tandale es un barrio eminentemente musulmán, con cerca de un 90%, pero la presencia vuestra no es marginal porque trabajáis en perfecta armonía con la sociedad musulmana.

M.C.O.: Sí, eso es algo que llevamos muy dentro, ese encuentro, ese acercamiento con el creyente de fe musulmana se dio por sí mismo. La gente empezó a ver si ellos siendo musulmanes podían participar en los proyectos que teníamos... y nosotros encantados. Y puedo decir que incluso hay proyectos como el de la mujer o el de los huérfanos donde la mayoría de los estudiantes son musulmanes. Hemos hecho actividades comunes de acercamiento, de las dos maneras de acercarse: la musulmana y la cristiana, y por ejemplo celebramos juntos el final del Ramadán y luego en Navidad nos toca el turno a los cristianos, y en ese sentido es una manera de compartir, una manera muy sencilla, a veces a través del teatro u otra cosa, la fe de ambos y respetarnos.

R.S.: Hablamos de un islam diferente, un islam africano y lo que comprobamos es que cuando hay problemas que se revisten del tinte ideológico o religioso, normalmente lo que hay son luchas de poder económico, de poder político.

M.C.O.: Sí, yo estoy convencida que cuando la gente se dedica a creer en un dios, que para el uno y para el otro es básicamente el respeto del otro, e intentar crear un mundo donde podamos vivir lo mejor posible y con dignidad los seres humanos, esos problemas de fe, teológicos, políticos, que les interesa mover a algunos políticos de un lado a otro, no aparecen, y se vive el diálogo de la vida que yo creo que hay en todo barrio de vecinos. La gente que se lleva bien al final termina primando sin mirar de qué raza eres o de qué religión sino cómo nos comportamos los unos con los otros y cómo nos podemos ayudar. Eso es lo que intentamos hacer en el barrio de Tandale.

(Fuente: Africanía)

Entrevista publicada con la colaboración de Miguel Obregón.


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