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Eisman, Alberto

Alberto Eisman Torres. Jaén, 1966. Licenciado en Teología (Innsbruck, Austria) y máster universitario en Políticas de Desarrollo (Universidad del País Vasco). Lleva en África desde 1996. Primero estudió árabe clásico en El Cairo y luego árabe dialectal sudanés en Jartúm, capital de Sudán. Trabajó en diferentes regiones del Sudán como Misionero Comboniano hasta el 2002.

Del 2003 al 2008 ha sido Director de País de Intermón Oxfam para Sudán, donde se ha encargado de la coordinación de proyectos y de la gestión de las oficinas de Intermón Oxfam en Nairobi y Wau (Sur de Sudán). Es un amante de los medios de comunicación social, durante cinco años ha sido colaborador semanal de Radio Exterior de España en su programa "África Hoy" y escribe también artículos de opinión y análisis en revistas españolas (Mundo Negro, Vida Nueva) y de África Oriental. Actualmente es director de Radio-Wa, una radio comunitaria auspiciada por la Iglesia Católica y ubicada en Lira (Norte de Uganda).

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Sísifo no entiende de ecología, por Alberto Eisman

1ro de septiembre de 2017.

En agosto nos llegaron imágenes escalofriantes de destrucción en Freetown y en otras partes de Sierra Leona debido a las torrenciales lluvias que se han cebado con zonas montañosas llenas de construcciones ilegales, con medios de construcción precarios donde han perecido varios cientos de personas, enterrados por aludes de lodo y agua.

Éste es uno de los problemas endémicos de África que, por desgracia, se repite machaconamente sin importar de qué latitud del continente estemos hablando. En casi todos los lugares o falta una legislación o la aplicación de la legislación medioambiental existente brilla por su ausencia. La proliferación de asentamientos urbanos informales en estas zonas montañosas y en áreas sin infraestructuras de saneamiento es uno de los caldos de cultivo de estas tragedias. Además, las necesidades energéticas de estas poblaciones significan que los recursos naturales que rodean a estas poblaciones se extinguen a una velocidad vertiginosa: no hay árbol que se resista ante la necesidad imperiosa de combustible doméstico... y como consecuencia se esquilman los valles y zonas escarpadas, cuya vegetación en un principio debería ayudar a fijar el suelo e impedir que se corra la tierra...

Como un Sísifo que ignora una vez y otra las leyes de la naturaleza y que vuelve a subir la montaña una y otra vez chapoteando en un barro mortal entreverado de sangre y de destrucción... parece que este fuera el destino de muchas de las sociedades africanas, abocadas a una hecatombe periódica porque cuando enmudezcan los lamentos funerarios y se vuelva a asentar la tierra, otros desesperados vendrán y construirán de nuevo sus casas en los escombros de la tragedia, y por un tiempo incierto volverá la calma... hasta que los elementos se conjuren de nuevo y la bola de Sísifo vuelva a recorrer la trayectoria de la cima al valle en una espiral de violencia y de muerte.

¿Es esto algo propio de las sociedades africanas? En absoluto que no, porque en Europa también hay periódicos sucesos de cariz similar simplemente porque la gente, no tanto por desesperación sino más bien por especulación o por ambición urbanística, se mete a construir en zonas que históricamente forman parte de barrancos y cauces secos y que cuando se conjuran los elementos arrasan con todo lo construido... Claro, en estos casos no hablamos de grandes pérdidas materiales y humanas en comparación con lo que está pasando en Sierra Leona, pero es la prueba de que en todos los lugares cuecen habas... y que en muchas latitudes siempre hay algún pardillo que se pasa de listo intentando jugar con la naturaleza e ignorando lecciones que nos ha dado la historia.

Como siempre, son los más pobres los que pagan el pato. A este ritmo mundial en el que vamos, donde parece que nos trae al pairo que suban las temperaturas, que se deshielen los polos y que se eleve el nivel de los mares... y las primeras víctimas serán los que apenas tienen planes de contingencia y están regidos por gobiernos completamente indiferentes a las consecuencias o que incluso niegan la evidencia de que el clima se nos va de las manos. Veo a las víctimas de Freetown como una parte más de un ridículo y sangriento juego de piezas de dominó que van cayendo una detrás de otra con una precisión relojera, pero con la diferencia de que cuanto más avanza la caída de las fichas más virulencia y más energía destructiva acumula.

Por un lado estarán los episodios de inundaciones, corrimientos de tierra, aguas que se desbocan, por otro estarán las inminentes guerras del agua, los pozos que se secan, los campos que se esquilman, los rebaños que se ven desplazados y los grupos humanos que luchan por los recursos más fundamentales. Todo esto forma parte de un aterrador mosaico que hará peligrar nuestro futuro a largo plazo. El problema es que ahora las inundaciones y las tragedias en su gran mayoría afectan a las trastiendas de nuestro mundo. El día que lleguen a nuestras costas, a nuestras casas y a nuestros campos, posiblemente será ya demasiado tarde. Y mientras tanto, en España sin ir más lejos, nosotros hondamente preocupados por el futuro de la relación de Bigote Arrocet y la precaria situación marital de David Bustamante. No tenemos remedio.

Original en: En Clave de África



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