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Armada, Alfonso

Alfonso Armada (Vigo, 1958). Ha estudiado periodismo y teatro en Madrid. Ha trabajado para los diarios Faro de Vigo, El País (fue corresponsal para África) y ABC (fue corresponsal en Nueva York, actualmente reportero radicado en Madrid). Ha publicado, entre otros libros, Cuadernos africanos, España, de sol a sol y El rumor de la frontera (ambos con fotografías de Corina Arranz) y Nueva York, el deseo y la quimera, además de poemarios como Pita velenosa, porta dos azares y Los temporales. Es editor y director de la Revista digital FronteraD.

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Ruanda agita las aguas del Congo , Por Alfonso Armada

3 de diciembre de 2008.

El agente electoral de la MONUC la desprestigiada Misión de la ONU en Congo pasea su desconcierto y frustración por el campo de desplazados de Kibati a las afueras de Goma, teatro de todas las miserias congoleñas, reactivadas una vez más tras una década atroz que se ha llevado por delante,en medio de un estruendoso silencio, cuatro millones de almas.

El agente confirma lo que se va convirtiendo en una evidencia: con 250.000 desplazados a causa de los combates atizados por las fuerzas de Laurent Nkunda, el general tutsi rebelde que tiene en jaque al disipado ejército congoleño y ya controla parte de los principales yacimientos de la zona, una nueva catástrofe está en marcha.«No hay paz que mantener. El capítulo 7, el que permite a los “cascos azules” hacer uso de la fuerza, se aplica de forma restrictiva», y corrobora lo que han denunciado expertos en derechos humanos: «A fines de octubre, cañones ruandeses apoyaron desde su lado de la frontera la ofensiva deNkunda. Nomenos de una decena de avionetas parten cada día desde Goma hacia Kigali, la capital ruandesa, cargadas de mineral ynadie las supervisa.Decenas de camiones hacen la ruta terrestre.En Kigali tiene Nokia su oficina regional. El origen y el fondo de todo este conflicto son las minas.Ruanda vive de la riqueza de este lado».

Por una calle que es un lodazal donde se atoran los camiones se accede a la sede del Programa Mundial de Alimentos en Goma. Allí tiene su despacho Rossetta Bottone, napolitana de 31 años. Para ella no hay duda de que el argumento de Nkunda de que sus armas pretenden «proteger a los tutsis» congoleños (banyamulengues) no es más que un pretexto: «Esta claro que lo que busca es poder, acceso a las minas. Hay una alianza entre los grandes terratenientes de Kivu Norte y Nkunda para asegurarse la explotación de los recursos. Ruanda niega que esté ayudando a Nkunda, pero es evidente que tienen intereses comunes. Dos informes de la ONU han demostrado que la explotación irregular de las minas semantiene y que la violación del embargo de armas es constante. Nkunda dispone de un fortísimo aparato ideológico, con un ejército tan bien adiestrado y eficaz como el ruandés».

Las informaciones del agente electoral de la MONUC y la funcionaria del PMA en la castigada capital de Kivu Norte coinciden con las que maneja Ramón Arozarena, especialista en los Grandes Lagos: «Las diversas “guerras de liberación” han partido siempre de los Kivus, con implicación directa de los ejércitos de Uganda y Ruanda, países vinculados a la política de Washington y Londres en la región. Los resultados electorales (en2006) fueron elocuentes en los Kivus: triunfo arrollador de Joseph Kabila y severo castigo en las urnas a las personalidades y fuerzas políticas aliadas y colaboradoras con las armas ruandesas. El Ejército,más que garante de la seguridad, se parece a las tristemente célebres FAZ (fuerzas armadas zaireñas de Mobutu), expertas en perder batallas y saquear a ciudadanos»

Arozarena recuerda que el general Nkunda«es el gran desestabilizador del Kivu. De 1990 a 1994 luchó en el entonces ejército rebelde del actual presidente ruandés, Paul Kagame. En 1996, enrolado de nuevo en el ejército ruandés, participó en la instalación de Kabila padre en Kinshasa, no sin antes haber aniquilado a cuantos ruandeses hutu encontró. De 1998 a 2003, colaboró en la ocupación y control de los Kivu por parte de Ruanda. Tras los acuerdos de Pretoria, rechazó integrarse en el nuevo ejército congoleño ymantuvo activo un numeroso grupo de rebeldes que controlan zonas mineras, de las que parten hacia Kigali camiones y avionetas cargados con el fruto del expolio. Las fuerzas de la ONU incumplen su misión de proteger a la población civil y de neutralizar a los rebeldes. Tras las aventuras guerreras de Nkunda estaría la mano larga de las multinacionales,que ven en China un indeseable competidor». Y en medio, como siempre en la desgraciada historia del Congo, la población, víctima de Leopoldo II de Bélgica, de Mobutu y de la última década de abusos, violaciones y muerte. Rossetta Bottone recalca que la comunidad humanitaria es contraria a la violencia, «pero una fuerza de protección y un mandato más fuerte ayudarían a fortalecer al ejército congoleño. Esto es un pozo sin fondo. El Estado casi no existe aquí, y ese vacío lo llena Nkunda. La comunidad humanitaria se ve en un dilema. Se crea un mecanismo perverso, porque al encargarnos de lo que debería hacer Kinshasa, las autoridades se desentienden».

«Creo que nos hemos convertido en parte del problema», dice la representante del PAM. «La vida de la gente no deja de degradarse cada mes, cada año, y lo que nos parecía inaceptable se convierte en moneda corriente, con gente viviendo hacinada y en el puro lodo durante meses, con una promiscuidad y una degradación inadmisibles, y la gente acaba muriéndose no sólo a causa de una mera diarrea, sino por una gripe. La ayuda humanitaria no ataja las causas del problema, que son políticas, económicas y militares. La gente está resentida, ya no cree en nada ni en nadie. Las tragedias se suceden como una condena en una tierra tan rica y que podía ser un paraíso. Es tristísimo».



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