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Inicio > REVISTA > Opinión >

Quedarse embarazada en un hogar negro tradicional religioso
18/04/2017 -


En la mayoría de los hogares religiosos y tradicionales, quedarse embarazada fuera del matrimonio es un tabú, y generalmente son las mujeres las que se enfrentan al escrutinio social.

Busiswa (nombre cambiado) es una mujer embarazada de 24 años que vive en Johannesburgo con su novio. Su familia vive en el Cabo Oriental. Ella optó por ocultar su embarazo a su familia porque tiene miedo de las consecuencias si llegan a enterarse.

Vengo de una familia muy tradicional y religiosa, y quedarse embarazada fuera del matrimonio ya se ve como algo tabú: eres vista como la oveja negra de la familia, que ha cometido un pecado imperdonable. Tengo 24 años y acabo de empezar a trabajar, pero todavía me tratan como a una niña en casa, porque todavía no estoy casada y no tengo permiso para interactuar con el sexo opuesto. Cuando era una niña pequeña, siempre se me dijo que nunca duerma con los chicos, que nunca me mude con un novio. Básicamente, he hecho todo eso. Es por eso que he decidido mantener mi embarazo en secreto ante mi familia. Es lo mejor, porque todavía sigo siendo un poco dependiente de ellos y tengo también mis dificultades financieras.

Mis padres no están bien de salud. Mi padre es diabético y no quiero empeorar su condición, y ya es lo bastante sobreprotector conmigo. Me llama literalmente todos los días, me dice que tengo que cuidar de mí misma y que no tengo que dejar que ningún chico de Johannesburgo me deje embarazada. Cada vez que dice eso se me hace un nudo en el estómago, porque la primera vez que me dijo tal cosa por teléfono fue, literalmente, después de descubrir que estaba embarazada. Me destroza cada vez que pienso en ello. Siento que le he fallado, le miento y le digo que nunca dejaría que un "chico Jo’burg" me deje embarazada. Siempre es difícil que esas palabras salgan de mi boca.

Mi familia honra la tradición y la religión, y obviamente las culturas negras y el cristianismo valoran la virginidad de las mujeres por encima de todo, de manera que si pierdes la virginidad no eres buena para la familia. Lo que también me estresa es que soy la primera chica de la casa en quedarse embarazada. Mi hermano mayor embarazó a su novia en sus treinta, y mi familia hizo que pareciera que había cometido un crimen inimaginable, obligándole a casarse con la chica para compensar ese "pecado". Así que ya puedes imaginar lo que me va a pasar.

Vivimos en una sociedad donde como mujeres, jóvenes o no, se espera que seamos perfectas. Como mujeres jóvenes negras nos enfrentamos constantemente a esta presión de agradar a nuestras familias. Tenemos que probar lo inteligentes que somos, y al mismo tiempo demostrar que somos unas santas para que vean si somos "material matrimonial". Mi mayor temor es que descubran antes de tiempo lo que les tengo que decir, porque sé que su reacción sería exagerada. No sé qué haria si se enteraran, y pienso en ello todos los días. Me da miedo que me castiguen económicamente o que se desentiendan de mí y me digan que me quede en Johannesburgo para nunca volver. Es aterrador y lo que más miedo me da es el escrutinio que tendré que afrontar cuando lo anuncie, porque nadie se centrará en mi novio. En la sociedad en la que vivimos, se ve bien que un hombre deje embarazada a una mujer, pero para nosotras no está bien quedarse embarazada. No entiendo la lógica detrás de esto.

Al principio pensé en abortar porque, aparte de no tener dinero, me convencí de que no estaba lista para ese escrutinio social. Llegué tan lejos que miré dónde saldría más barato hacerlo. Pero también se me pasó por la cabeza que aun así me enfrentaría a la humillación pública si hubiera abortado. Y, quién sabe, podría haber sido peor que quedarme con el bebé. Es muy difícil ser una joven negra embarazada. Siento que estoy atrapada en este ciclo de opresión de los estándares sociales que son designados para complacer a los hombres, y me pregunto si alguna vez nosotras podremos ser libres en esta espiral.

Fuente: Mail&Guardian

[Traducción y edición, Mario Villalba]

[Fundación Sur]


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