En cumplimiento de la legislación vigente, solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web.
Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies
Más información
| ACEPTO

Fundación Sur
Revista
Radio
Foro de Emprendedores

África en la Escuela
AfroIslam
Taller de Radio


Búsqueda personalizada


Blog Académico
El candomblé y el tiempo, por Reginaldo Prandi
...leer más...
Estrategia para un objetivo preciso: el pueblo, sujeto soberano de la democracia, por Benjamín Forcano
...leer más...
La miopía política de España en el Sáhara y el surgimiento del Frente Polisario
...leer más...
Consecuencias de la decisión de Trump de reconocer la soberanía marroquí sobre los territorios ocupados del Sahara Occidental
...leer más...
Neocolonialismo: Desarraigo cultural y dependencia en la República del Congo (parte 2/2)
...leer más...

Blog Académico

Noticias
Guinea comenzará la vacunación contra el Ébola en los próximos días
...leer más...

El expresidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, condenado a dos años de prisión
...leer más...

Liberado por indulto presidencial el periodista argelino Khaled Drareni
...leer más...

El destino del Océano Índico y África Oriental en manos del presidente de Comoras
...leer más...

La muerte priva a Tanzania de 10 personalidades destacadas en febrero
...leer más...

El presidente de Malaui aclara la situación de las vacunas contra la covid-19
...leer más...

Bobi Wine retira el recurso legal contra los resultados electorales
...leer más...

Las Noticias de la República Democrática del Congo (2021-02-1 / 2021-02-15), edición quincenal en francés de Luc de l’Arbre
...leer más...

Embajador italiano asesinado en una emboscada en el Congo
...leer más...

La UA manda a un enviado especial para resolver la disputa fronteriza entre Sudán y Etiopía
...leer más...

La OMS pide a Tanzania que actúe frente al COVID-19
...leer más...

PEPFAR entrega libros de texto a comadronas y enfermeras
...leer más...

La islamofobia es un problema que crece en Europa
...leer más...

Derrocar al régimen de Argelia, el principal objetivo de los terroristas del país
...leer más...

Chimamanda Ngozi Adichie anuncia el lanzamiento de su nuevo libro “Notes on Grief”
...leer más...


Noticias

Bitácora Africana
La guerra del agua en el desierto del Sahara, por Bartolomé Burgos
...leer más...
La masacre del 12 de Yekatit, por Mario Lozano Alonso
...leer más...
Un país muerto, por Ika Oliva Corado
...leer más...
Noches tristes en el corazón de África, por José Carlos Rodrígez Soto
...leer más...
El turismo, tabla de salvación para las economías africanas, por Carlos Luján Aldana
...leer más...

Bitácora Africana

Inicio > REVISTA > Cultura > Cuentos y relatos africanos >

-

Puncel Reparaz, María

Nace en Madrid y se educa en un colegio de religiosas de la Compañía de maría. Es la mayor de siete hermanos y empieza muy pronto a inventar cuentos para sus hermanos y hermanas pequeños. Al dejar el colegio estudia francés e inglés en la Escuela Central de Idiomas en madrid. Ha trabajado en Editorial Santillana como editora en el departamento de libros infantiles y juveniles. Ha escrito más de 80 libros y traducido alrrededor de los 200.

Ha escrito guiones de TV para programas infantiles y colabora en las revistas misionales GESTO y SUPEGESTO .

Algunos de sus libros más conocidos:

"Operación pata de oso", premio lazarillo 1971

"Abuelita Opalina" . SM,1981

Un duende a rayas", SM, 1982

"Barquichuelo de papel, Bruño, 1996

Ver más artículos del autor

¿ Porqué las ratas y los hombres se entienden tan bien? , traducido por María Puncel
16/06/2010 -

¡Pobre Kiluwe! No había tenido suerte en su matrimonio. Siempre solo en la casa. Su mujer, que no era mala, era tan independien-te que, en vez de cuidar de la casa y del bienestar de su marido, estaba siempre fuera para charlar con el primer desocupado que encontraba.

Afortunadamente, cuando Kiluwe se aburría en casa, podía irse de caza: recorría el país y corría aventuras.

Sin esto, su vida hubiera sido bien triste.

Un día, durante una de sus caminatas, se encontró con una rata, una pobre rata tan debilucha y enclencle, que Kiluwe se conmovió, y se apiadó de ella. Volvió su bolsa del revés y sacudió las mi-gajas que quedaban en el fondo, las recogió y se las ofreció en la palma de la mano a aquel pobre engendro. Al día siguiente, co-mo se sentía solo, volvió al lugar en que estaba la rata y, esta vez, le ofreció un pedacito de carne.

- Tienes un buen corazón -le dijo la rata- y me gustaría mucho ser tu amiga.

-Pero ¡si ya lo eres, ratita!

-Querría demostrarte que no soy una desagradecida. ¿Te gustaría que yo te enseñase a excavar túneles para atrapar presas?

Y así fue como la rata, en agradecimiento, enseñó a Kiluwe a excavar trampas. Desde ese momento, en vez de perseguir a los animales a flechazos, el hombre se convirtió en un hábil prepara-dor de trampas para atraparlos. Las excavaba en forma de embudo, luego con ramas y hojas disimulaba el agujero de forma que hasta los animales más listos caían en ellas.

¡Es increíble todo lo que consiguió así!

Un día en que el león caminaba por la selva, concentrado sólo en el hambre que tenía, cayó en una de aquellas trampas.

Os podéis imaginar su cólera y su rabia. ¡Él, el rey de la selva, atrapado en una trampa para antílopes!

Arañó con sus garras las paredes del foso, rugió, se azotó in-quieto los flancos con la cola, se desmelenó tanto y con tanta furia que acabó por estar cada vez más hundido. Durante toda la noche se revolvió y jadeó, y sus rugidos mantuvieron despierta a toda la selva.

Por la mañana, a la hora habitual, Kiluwe llegó para examinar su trampa. Viendo que el león estaba en el fondo, se dispuso a matarlo.
-Sé generoso y perdóname la vida. El enorme trabajo que has rea-lizado para preparar esta trampa demuestra el hambre que tienes.
Seamos amigos, tú no perderás nada. Sabes que yo soy un gran cazador. ¡Ya no tendrás que hacerte más ampollas en las manos excavando trabajosamente estas traidoras trampas para obtener carne!

Kiluwe no le respondió.

-¿Quieres un búfalo? Lo tendrás. ¿Deseas un ciervo? Será un ciervo lo que yo te ofreceré, y para variar la siguiente vez te traeré un antílope, una cebra...¡lo que quieras! Pero, claro, antes tendrás que sacarme de aquí.

-No me atrevo -dijo el cazador-. Temo que una vez fuera del foso, me mates y me comas.

-¿Cómo puedes pensar eso de mí? ¡Yo no soy de esos que comen carne humana...!

Por medio de un entretejido de cañas y palos atados con lianas,
Kiluwe, consiguió fácilmente liberar al león.

Pero, en cuanto el animal estuvo fuera y hubo desentumecido sus extremidades y sacudido el polvo que cubría su espléndida melena, estalló en una furiosa cólera.

-¡Mira! ¡Atrévete a contemplar las heridas que le has hecho al rey de la selva! ¡No sólo has osado cazar en su territorio, sino que hasta has tratado de matarle! ¡Yo te voy a enseñar cómo se castiga a los asesinos de un rey!

El pobre Kiluwe temblaba de pies a cabeza. Poco faltó para que llegase a mostrar su debilidad de maneras más patentes.

-¡Piedad, no me hagas daño, Rey León! Yo te aseguro que mi trampa no estaba prepara para ti, sino para gente más vulgar. En ningún momento me pasó por la cabeza que un rey pudiera caer en ella.

¡Qué torpe era aquel pobre Kiluwe! Nada podía ser más humillante
para el león que haber caído en un trampa preparada para gente vulgar.

En ese momento, la rata, que había escuchado todo lo dicho desde
el fondo de su madriguera, asomó su tembloroso hocico:

-¿Qué pasa? -preguntó al león.

-¡Pasa que me voy a dar un banquete comiéndome a este hombre!.

-Eso estará muy bien y le harás un gran honor, Bwana León. Mátale como corresponde y yo te diré -añadió la rata acercándose- la mejor manera de guisarlo para que esté tierno y apetitoso.

Kiluwe se preguntó si había oído bien. ¿Cómo, era posible? ¿La rata, su mejor, su única amiga, animaba al león a que se lo comiera y se ofrecía a guisarlo ella misma?

Por su parte, el león, feliz al comprobar que una parte de su pueblo le aprobaba, se enderezó sobre sus pates traseras y barrió el suelo de la selva con el penacho de su cola. Cuando la rata vió al león donde ella quería llevarlo, se encaró con el hombre:

-¿Y tú, cómo te has atrevido a encerrar al león?

-Soy yo el que le ha salvado.

-Bueno, ha sido el que me a ayudado a salir del foso...

-Con todo respeto os diré que no puedo imaginar que hubierais caído en una trampa. ¡Este hombre es un jactancioso y miente!

-No, te digo que no miente.

El león se aproximó al borde del foso para narrar las peripecias de su salvamento y, en el momento propicio, la rata se lanzó sobre él y le mordió con tanta fiereza, que el Rey de la Selva, instivamente retrocedió de un salto y cayó en el foso.

-Y, ahora -dijo la rata a su amigo Kiluwe, mata sin piedad a este traidor que no cumple su palabra.

El león trataba de salir dando saltos desesperados. Kiluwe le había lanzado una flecha con la punta envenenada.

El león gemía y suplicaba.

¡Él, tan arrogante minutos antes!

-Ha muerto -dijo la rata, inclinándose sobre el foso, ahora silencioso.

Conocéis a Kiluwe tan bien como yo. No tengo que explicaros el
agradecimiento que sentía por la que acababa de salvarle la vida.
La tomó entre sus manos, se la apoyó en la mejilla y la acarició suavemente sonriendo y mirándola con ojos llenos de cariño.

-Escucha, vente a vivir a mi casa. ¡Estoy tan solo! Mi choza será tu choza, mi alimento será el tuyo y compartiremos nuestro destino.

-¿Que estás solo? -se asombró la rata-. Tienes a tu mujer en tu casa.

-Siempre está fuera.

-¿No te arrepentirás de lo que vas a hacer?

-Jamás, te lo prometo.

-Pues entonces, vamos.

Pero, en cuanto los hijos de Kiluwe vieron a la rata, agarraron sus bastones. Sin la intervención de Kiluwe, la recién llegada lo hubiera pasado mal.

-¡Os prohibo que le hagáis daño! -les gritó su padre-. Me ha salvado la vida y gracias a ella estoy aquí y no os falta comida. Deberéis respetarla y dejar que ella y su familia se muevan a su gusto por todo el poblado.

Y desde ese día hasta ahora -no sabemos que ocurrirá en el futuro- las ratas viven en las techumbres de paja de las chozas. Este es el lugar que más les gusta, porque la paja las mantiene calientes y las perfuma. Comen de todo lo que comen los hombres y se sienten en buena compañía cerca del hombre.

Y a nadie se le ocurrirá nunca hacerles daño.

Tomado del libro "Sur des lèvres congolaises" de Olivier de Bouveignes , pág 122)


Comentarios
Las opiniones expresadas en estos comentarios no representan necesariamente el punto de vista de la Fundación Sur. La Fundación Sur no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los usuarios