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Inicio > REVISTA > Opinión >

Otro mundo ¿es posible?
18/02/2007 -

Algunas reflexiones sobre el Foro Social Mundial de Nairobi

Activistas de movimientos sociales de todo el mundo acudieron en masa a la ciudad brasileña de Porto Alegre hace seis años para el Primer Foro social Mundial. Fue organizado bajo el lema “Otro mundo es posible” para demostrar de modo impresionante su postura en contra del proyecto de globalización neo liberal representada y buscada por los que están en el poder político y económico. Éstos se reunían cada enero para celebrar el Foro Económico Mundial en la elegante estación de esquí suiza de Davos.

A menudo mal denominado movimiento anti-global, los activistas que se movilizan para el Foro Social Mundial representan simplemente otro movimiento global, desafiando las formas de la actual hegemonía capitalista (y, como muchos reivindicarían, del capitalismo en sí mismo). El “otro mundo” que ellos creen que es posible representa el deseo de un “mundo mejor”, un mundo sin explotación, discriminación, marginalización. Ellos aprecian como si fuera un tesoro las condiciones sociales globales, que permitirían la seguridad humana y una vida dignificante para todos, (bueno, al menos para la mayoría, dado que existen esa clase de intereses representados por los seres humanos, que se opondrían a la implementación de semejantes alternativas). Han pasado seis años, el último Foro Social Mundial en Nairobi mostró que mientras que es bastante fácil tener estas ideas, es mucho más difícil implementarlas.

El resultado final es un cierto desgaste natural por un cansancio del Foro Social Mundial que aumenta gradualmente entre aquellos que se movilizaron con entusiasmo y participaron en el primero. La euforia inicial por los lazos de unión entre “los desdichados de la tierra” (Frantz Fanon) permanece no sin sentimientos contradictorios por crecientes diferencias internas sobre el camino a seguir en el futuro. Ya en el primer Foro Social Mundial se firmó un manifiesto de la juventud anti capitalista, criticando el evento por lo que ellos veían como una política reaccionaria de “capitalismo humanizado”, en lugar de intentar derrotarlo. También estaba surgiendo una “cultura de celebridades” alternativa, con su inherente estructura jerárquica, que se observaba con sospecha. Cultivó un aura de autoridad, si no personalidades de culto, alrededor de algunos de los considerados, modelos (o incluso autoproclamados gurús del desarrollo alternativo.

Mientras el público local de base reunido durante los anteriores Foros Sociales llegó a ser de cien mil participantes en cada caso, el de Nairobi, como el primero de esta clase en suelo africano ha tenido una presencia considerablemente más baja, menos de 50.000 participantes. En un principio, a muchos vecinos simplemente se les negó el acceso porque eran demasiado pobres para pagar la cuota de inscripción. Otros de más lejos, no pudieron desembolsar los costes del viaje y los gastos de la estancia. En su lugar, el predominio de las ONG’s que operan por todo el mundo (incluyendo las fundaciones de partidos políticos, los sindicatos y las iglesias) así como los representantes de otras instituciones más o menos directamente relacionadas con agencias estatales, representó un papel visiblemente dominante e ilustró las obvias líneas divisorias entre los activistas de las bases, estudiantes y otros profesionales interesados “bienhechores” de diferentes esferas y procedencias sociales.

Así de dividido estaba el escenario en el Estadio Moi, a las afueras de Nairobi, donde tuvieron lugar las sesiones desde el 21 al 24 de enero. Entre los que se mezclaban con la multitud había por lo menos tres namibios: Alfred Angula, representante de los trabajadores organizados, Rosa Namises del movimiento de las mujeres e Ian Swartz de la coalición Arcoiris, apoyando el reconocimiento de los gays y lesbianas, que aprovecharon la oportunidad para, valientemente, luchar contra la xenofobia local y continental.

Las ceremonias de apertura y clausura tuvieron lugar en el parque Uhuru (libertad). Entre los ponentes estaba Kenneth Kaunda, y la verdad es que yo no era el único que se preguntaba cuáles eran sus méritos. El mero hecho de que al final se comportase decentemente como un “viejo hombre de Estado”, después de haber arruinado al país y a su gente con las políticas que implantó, realmente no era una recomendación suficientemente buena para dar un discurso a aquellos comprometidos con “otro mundo”. La Viceministra de Italia hablando en la ceremonia de clausura y cierto número de otros representantes de organizaciones políticas y burócratas de la Ayuda documentando sus compromisos con la causa común (?) dejan un dudoso sabor de boca y demuestran que las líneas divisorias internas son un tema a debatir. Ciertamente, no todo el mundo entre los organizadores y activistas del Foro son inmunes al flirteo con el poder.

Había otras numerosas contradicciones durante esos días dentro y en los alrededores del estadio deportivo de Moi, que se añaden a estos sentimientos contradictorios. Irónicamente, el estadio fue construido en los 80 por los chinos, tuvo su momento más álgido cuando albergó los Juegos olímpicos africanos y en la actualidad está principalmente reservado para actividades de ocio de pago, de la clase media urbana. Esos cientos de miles de moradores de chabolas en las barriadas de los alrededores, lo miran como una bestia o un alien, que nada tiene que ver con su lucha diaria por la supervivencia.

Los profesionales del norte-sur y los empresarios de las preocupaciones globales ocuparon los mejores puestos del lugar. Una compañía de telecomunicaciones local, de propietarios extranjeros ofrecía una llamada oferta especial para los participantes, que maximizaba los beneficios de la compañía mediante el monopolio de los servicios obtenidos. La gente normal al cargo de su humilde negocio de venta de comida a unos precios asequibles para la gran cantidad de participantes se vio forzada a funcionar al límite. Los mejores sitios de venta de comida subieron mucho sus precios. El Ministro de seguridad interior es el propietario de uno de ellos. En una época anterior a su carrera, él era uno de esos que torturaba a las mismas víctimas del movimiento Mau-Mau, que testificó en el Foro Social Mundial sobre su terrible experiencia durante la lucha anti colonial hace casi 50 años.

“Otro Mundo es posible”, si, puede ser. Pero el camino para llegar a él es muy largo. Y no todos los que acudieron al Foro Social Mundial de Nairobi están o deberían estar a bordo. Eso podría, dicho sea de paso, incluirme a mí mismo también.

Henning Melber

Henning Melber pertenece a Swapo desde 1994. Fue el Director de NEPRU, en Windhoek, desde 1992 hasta 2000, y el director de investigación en el Instituto Norteafricano, en Uppsala, entre 2000 y 2006, donde es ahora director de la Fundación Dag Hammarskjöld.

Este artículo fue escrito para ‘The Namibian Big Issue’, y publicado el 1 de febrero de 2007.

Traducido por Rosa Moro, del Departamento África de la Fundación Sur.


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