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Bitácora Africana


Ordoñez Ferrer, Carlos

Carlos Ordoñez Ferrer como él dice "Antes fui realizador de televisión. Ahora soy activista, viajero y escribidor. Es mejor para la salud" .

Colaborador de MUGA El Centro de Estudios y Documentación sobre Inmigración, Racismo y Xenofobia, MUGAK, impulsado desde SOS Arrazakeria, Organización que viene desarrollando su labor desde 1995.

Carlos Ordoñez Ferrer ha pasado nueve meses en Mozambique tiempo en el que ha escrito su blog Mozambiqueando que a partir de ahora podremos encontrar en nuestra página web

De vuelta a España realizó el Master "Información Internacional y países del Sur" de la Universidad Complutense de Madrid



Perdidos en la lucha por la audiencia, por Carlos Ordoñez Ferrer

Un programa de Cuatro televisión criticado por utilizar comunidades indígenas para un show mediático El Canal, recientemente adquirido por Tele5 ha estrenado la segunda temporada de su programa “Perdidos en la tribu”. En esta ocasión, con “Perdidos en la ciudad” la cadena “da una vuelta de tuerca al formato” y lleva a miembros de las comunidades himba y mentawai a convivir con familias en la sociedad española. El programa pretende ser un espectáculo en el que observar sus reacciones ante (...)

Regreso a Nampula, por Carlos Ordoñez Ferrer

Regresamos a la ciudad de Nampula. Un atardecer rojo como el fuego quemaba el horizonte. Compartimos unas “Laurentinas” con el grupo. Andrea, vivió en Burundi cuando la matanza de Ruanda se vivió al revés, de tutsis contra hutus. Se habla de 300 mil muertos. Marco, nieto de partisano había estado antes en Sierra Leona y Liberia. Mozambique le parecía un oasis de paz. Elisa llevaba nueve años en África. Vino a Tanzania a aprender swahili. Está enamorada de Mozambique y de un mozambicano. Su madre ya (...)

Nampula (4) , por Carlos Ordoñez Ferrer

El día anterior de salir para Nampula había comprado un ventilador. No lo habíamos usado aún porque esa misma noche se fue la luz. De nuevo. Nos dijeron que lo llevásemos en el viaje a Nampula ya que la habitación en la que dormiríamos era calurosa. Y menos mal. Creo que hasta los mosquitos murieron asfixiados de calor. No apagamos el ventilador en toda la noche. Y a raíz de eso y de algún que otro aire acondicionado, el caso es que me agarré uno de los mejores catarros nasales de los últimos años. (...)

Nampula (3), por Carlos Ordoñez Ferrer

El coste de un pasaje aéreo de Pemba a Nampula quedó en manos de la autoridad. 1500 meticais. Nosotros seguimos nuestro destino. Estábamos en África recorriendo en un cuatro por cuatro tierras absolutamente inhóspitas para nosotros. ¿Qué más daban 40 y pico euros de multa? Marchábamos con los ojos abiertos, ávidos de ver, con el vértigo de lo desconocido, precavidos y felices ante lo nuevo. El mapa nos indicaba que en breve llegaríamos a un nuevo cruce. El de Metoro. Ahí torcimos a la izquierda, hacia (...)

Nampula (2), por Carlos Ordoñez Ferrer

Arrancamos a las nueve y media de la mañana. Salir de Pemba era fácil. Sólo había una dirección hasta el primer cruce, el de Mecúfi que llevaba a la hermosa bahía de Murrebue. Seguimos de frente. Nosotros íbamos hacia el interior. Teníamos cuatrocientos veinte kilómetros por delante. El paisaje rojo de la tierra y la vegetación quemada nos acompañaba. En la carretera había que tener cuidado. Por sus bordes caminaba toda una multitud de personas. Cargaban bultos sobre la cabeza o niños en las espaldas. (...)

Camino a Nampula , por Carlos Ordoñez Ferrer

Ibamos a ir a Nampula, tercera ciudad en tamaño de Mozambique tras Maputo y Beira y la más importante del norte del país. Quedamos allí con un amigo médico madrileño que antes vivió en Angola. La idea era ir en bus. Cuatrocientos veinte kilómetros. Casi todo el camino asfaltado. Marchábamos un viernes y regresábamos el domingo. Primer escollo. El bus tardaba entre 10 y 11 horas. Y otras tantas para volver a Pemba. Podíamos ir en avión. Menos de una hora y 1.400 meticais cada uno, pero entonces no (...)

“Las ONG tienen mucho más trabajo por hacer en Europa que en África”, por Carlos Ordoñez Ferrer

Con cuatrocientos euros en el bolsillo, sin papeles y sin conocidos, Nicolás Dotta, un argentino de Rosario durmió su primera noche en Madrid en la boca de un metro. Era un inmigrante más, joven y con ganas de aferrarse a sus ideales y aspiraciones. Hoy trabaja como logista en una ONG médica en Pemba. Juega en el equipo de fútbol de su barrio y a veces parece un africano más. En unos días regresa a Madrid. Ha estado aquí año y medio. Nico habla sabiendo lo que dice. ¿Qué diferencia hay entre la (...)

Revolución cerrada por reformas , por Carlos Ordoñez Ferrer

Quedaban apenas unos días en Mozambique y quería perderme en el centro de Maputo ese jueves normal de caos urbano. En la zona de la capital que se llama la Baixa no caminan muchos blancos. Cuando yo veo alguno me llama la atención y lo miro. Le compré a un vendedor callejero el "Savana", el semanario más interesante del país. Traía en su interior un monográfico sobre la pobreza urbana. Pero es que además, con el "Savana" en la mano dejarían de hablarme en inglés. Como aquella vez… Hello my friend! (...)

07:56h. , por carlos Ordoñez Ferrer

Llevaba días con dolor de cabeza y mi estómago parecía un acordeón. Podría ser una resaca descomunal si hubiera bebido como para ello, pero no era el caso. Si además tuviera fiebre podría tratarse de una malaria, pero parecía que no. En cualquier caso decidí hacerme la prueba en cuanto terminara el trabajo. 11:39h. Es curioso la de cosas que podían pasar en este sitio que nunca pasaba nada. Seguía con el dolor de cabeza y me fui a hacer la prueba de la malaria. Consistía en un pinchacito en el dedo (...)

La risa, por Carlos Ordoñez Ferrer

Fui a la Dirección de Tránsito con Díaz. Aquí nadie respeta ninguna cola. Ni en los bancos, ni en las oficinas oficiales, ni en las tiendas. La gente se atropella frente al mostrador y el más hábil, o el que tiene un amigo es el primer atendido. A mí siempre se me colaba todo el mundo. Esta vez, de la mano de Díaz me colé de un blanco que me miró con cara de pocos amigos. Le sonreí. Diaz entró a saco. ¿Cuántos días puede un extranjero conducir con su cartón europeo? Cuarenta y cinco días Ajá! Ya (...)

El nacimiento, por Carlos Ordoñez Ferrer

Eran las siete menos cuarto de la mañana cuando me levanté y fui al baño. Le di al interruptor, pero la bombilla siguió durmiendo. En la cocina tampoco había luz. Sin energía, carecíamos de agua, ya que una bomba eléctrica es la que la extraía desde un pozo hasta nuestras tuberías. Un amigo me envió un mensaje al móvil “La fuente central de energía de Pemba se ha averiado”. Puse la radio de pilas. Estaba muda. ¿Toda la ciudad sin luz? Unos minutos más tarde, otro mensaje (las llamadas no entraban) me (...)

Acentuando, por Carlos Ordoñez Ferrer

La gente está alarmada por la acentuación de la crisis. Tanta acentuación que habrá que ponerle tilde a la palabra. Tampoco llevan tilde sin embargo hambre, ni biocombustible, ni crimen contra la humanidad. Sinónimos los tres y drama también acentuado en el sur. Llenar el tanque de un todo terreno con biodiesel equivale a llenarlo con la alimentación de un año entero de una familia africana. Literalmente. Mientras, la crisis, o su excusa crean “democráticamente” monstruos deformados como los (...)

Halima, por Carlos Ordoñez Ferrer

Apenas la conocí. Coincidimos en una cena. Era una mujer mozambicana frágil, linda, joven. Amiga de un amigo. Era tímida y abrazaba a su amigo como buscando protección. Halima se ha muerto de lo que tanto se muere en África. De una muerte no natural, maldita, apocalíptica. Y ponerle rostro a tanto dolor descompone todo ánimo y paraliza hasta la esperanza. No era el tiempo de su muerte. La vejez es la menor causa de muerte en esta región. No es justo que se interrumpa tan a destiempo, tan a menudo (...)

Apuntes rápidos para leer despacio, por Carlos Ordoñez Ferrer

Yaya estuvo a punto de morir de una diarrea. Hubiera sido uno de los 26.000 niños que cada día mueren por enfermedades que tienen cura. Una cura barata. Ismael es una de las 30.000 personas que viven en España en la calle. Hay tres millones de viviendas vacías en el país campeón de Europa de fútbol. Por cada Ismael hay cien viviendas vacías. Amina murió de neumonía. Como ella, al año mueren tres millones de criaturas. La neumonía se cura con fármacos que cuestan 0,20 euros. Un tercio de los niños del (...)

El loquito , por Carlos Ordoñez Ferrer

Las calles de Maputo son de una fealdad a la que se les toma cariño. No invitan al paseo, y no puedes dejar de pasearla. Sus gentes son supervivientes diarios de la hecatombe de la globalización. Personas que caminan aturdidas de pobreza entre los todoterrenos y la basura. Los nombres de sus calles son reliquias de otros tiempos en los que se soñaba con cambiar el mundo a golpe de martillo. Los niños ahora piden limosna, y los viejos, heridos en el orgullo de su dignidad les regañan. Una (...)

El partido y la presidenta , por Carlos Ordoñez Ferrer

….Y fui al partido. Alguna vez había entrado con una cámara al estadio de Anoeta en San Sebastián. No era lo mismo. Aquí no había estadio. Se trataba de una extensión de hierba irregular y tierra rojiza, con una portería sin red en cada extremo. Veintidós jugadores sudaban sólo de estar bajo un sol y una humedad que carecía de compasión. Haciendo las veces de juez de línea estábamos todo el público. La afición de uno y otro equipo. Los curiosos. Los que no tenían nada más que hacer y la vegetación. La (...)

El cruce, por Carlos Ordoñez Ferrer

Las últimas cuatro horas del viaje las condujimos con la única luz de los focos y tratando de esquivar las trincheras que había en la ruta. Además, debíamos llevar los cuatro ojos bien abiertos para no chocar contra nada ni contra nadie. Eso sí, una música especialmente seleccionada para el caso (Mónica Navarro, Chambao, Tiken jah Fakoly, Makako, Alpha Blondy…) acompañó el ritmo de los amortiguadores. Con las cervicales algo castigadas llegamos a Nampula a las diez de la noche. Nos esperaba Mahari en (...)

Ilha Moçambique, por Carlos Ordoñez Ferrer

Los árabes llegaron en el año 900. Seis siglos más tarde, los colonos portugueses los expulsaron y se hicieron dueños de lo que tampoco era suyo. Nos encontramos es uno de los lugares más legendarios del norte del país. Punto donde convergieron navegantes chinos, hindús, europeos, árabes. Fue capital del país antes que Lourenço Marques, la posterior Maputo. Ilha Moçambique es una isla de 400 metros de ancho por cuatro kilómetros de largo. Está unida al continente por un curioso y estrechísimo puente de (...)

Otra mañana cualquiera fuera de lo común, por Carlos Ordóñez Ferrer

Bom dia, aquí Radio Mozambique com nosso povo”. Abro los ojos. “Mmmm! ¿qué tal has dormido?” Ducha. Estamos de suerte. Hay luz, así que hay agua. Desayuno. “Termina que me meo. No quedan galletas. ¿Quieres piña? Uf! ¡Qué calor!” Fuera de la casa más saludos. “Bom dia”. El coche arde. Giro la llave. Arranca. Los siete kilómetros que hay de nuestra casa (pequeña, modesta, sin lujos pero limpia y junto al mar) a la oficina de Edna y al despacho que tengo prestado son un espectáculo. Al principio el camino es (...)

Brincos en el aire, por Carlos Ordoñez Ferrer

Una comida frugal con un Diaz en duelo por mi partida. Una invitación a casa de Tomás, amigo hindú. Un abrazo sincero con Angelica, angolana, mujer luchadora. Mensajes en el móvil. Últimas compras en el barrio de Natite. “Voy a tener Saudades de você” me dice un niño que a veces me pide dinero y que no sé su nombre. Le acaricio la cabeza y me voy rápido. Yuma ya no quiere venderme nada más. Otra cerveza con Adolfo. Viola y Fernando, con sus miradas intentan dibujar un hasta pronto. Cristina, la (...)

Los colores del blanco y negro , por Carlos Ordoñez Ferrer

Al día siguiente, sin deshacer casi el equipaje nos mudamos a un apartamento limpio y hermoso del hotel Daddy Long Legs, junto a una tienda de música de la misma Long Street. Lástima que sólo tenían sitio para esa noche, porque el “Piernas largas de papá” resultó ser un lugar estupendo. Así que de nuevo teníamos que buscar alojamiento para el día siguiente. Era nuestro sino. Éramos, somos nómadas. Mientras esperaba a las chicas me quedé pegado como mosca veraniega al escaparate de la tienda de música. (...)

En Ciudad del Cabo, por Carlos Ordoñez Ferrer

Aterrizamos en Ciudad del Cabo a la tarde. Nos alojamos en un Backpacker de Long Sreet. Para llegar hasta el cuarto de baño compartido atravesamos una habitación con tres literas y con otros tantos gorilas veinteañeros, blancos de cuello ancho que amenazaban con roncar y con juerga nocturna. El sitio estaba bien si uno era joven, tenía dinero y/o tabla de surf. Pero a nuestra edad, y sobre todo a la mía, el sitio se quedaba allá atrás, junto a la memoria de mis primeras escapadas descubridoras de (...)

Al sur del sur , por Carlos Ordoñez Ferrer

Después de días de trabajo intenso y encierro en un hotel de Maputo llegaba el ocio. Nos íbamos unos días de vacaciones. En un principio, la idea fue el norte de Etiopía, pero los cálculos económicos y la opción del descanso nos hicieron mirar al sur, a Sudáfrica. Un avión de LAM nos dejó en Johannesburgo. Tiene fama de ser la capital de la inseguridad. “Cuidado” nos avisó todo el mundo, “en Johannesburgo te roban seguro” . Y así fue. Edna metió su tarjeta visa en un cajero del Standar Bank del (...)

Los poderosos, por Carlos Ordoñez Ferrer

Siempre me han podrido de manera especial los que restan valor a las personas. Utilizarlas como meros instrumentos. Invisibilizar no sólo los sentimientos del otro. No sólo su miedo, su súplica, su necesidad. Sino, literalmente ningunearlo. Utilizarlo como un pañuelo de papel. Usarlo y tirarlo. Trabajé varios años en una televisión local. Ahí sus directivos se dedicaban a llenar los bolsillos y a intentar engordar su prestigio social. “Prestigio social” debe ser el Pilates para enfrentar complejos (...)

Fechicería celular, por Carlos Ordoñez Ferrer

¡Le voy a cortar un trozo de oreja! Miré a Diaz sin saber muy bien si hablaba en serio o en broma. Ante mi cara de estupefacción él insistía. Es mi derecho. La policía me ha preguntado qué quiero y yo quiero eso. No la oreja entera, pero sí un trozo, aunque sea pequeño. Semanas atrás, Diaz me había pedido un favor. “Por fin –pensé- después de todos los que me ha hecho él a mí”. Yo iba a Maputo, y aprovechando aquel viaje quería que le trajese un teléfono celular. Según él, allí eran más baratos. No se (...)

Respondemos, por Carlos Ordoñez Ferrer

Y respondiendo (muchas gracias) se abre un debate interesante. ¿Qué hacemos con una persona que necesita 36 euros para comprar los maderos que le permitan levantar el techo de su casa? ¿Qué hacemos a once mil kilómetros de distancia? ¿Qué hago yo siendo vecino? Algunas personas han respondido que se puede abrir una cuenta para tener un mendrugo de pan migaja a migaja. Ayudar a César. No vamos a evitar la lluvia, pero con un paraguas no se mojará. Otras han pensado “Uf! No sé. A ver qué escribe la (...)

Tanzaniando, por Carlos Ordoñez Ferrer

Nuestro segundo día en Dar el Saalam amaneció con una consigna. “Caminar”. Y cierto es que la curiosidad puede aguantar más que unas sandalias. Fuimos al norte, a la península de Msasani. La bordeamos por la calle Toure hasta llegar al otro extremo, a la bahía del mismo nombre. Lo más llamativo eran las casas residenciales de los embajadores. Mansiones en toda regla. Lujo a borbotones y fuera de los muros basura. Horas después, agotados y con unas incipientes ampollas en los pies de Edna nos (...)

Zanzibar, por Carlos Ordoñez Ferrer

Seguimos mozambiqueando fuera de Mozambique. En esta ocasión, incluso fuera del continente, ya que un avión nos llevó hasta la legendaria isla de Zanzíbar. Desde el aeropuerto fuimos derechos al norte, a Nwungui. Una hora de bus nos dejó ante unas playas de no cerrar la boca. Arena fina y blanca, cocoteros, agua cristalina. Playas igual de hermosas bordean toda la isla. La característica de las del norte es que la marea no impide el baño en ningún momento. En otras zonas la marea baja tanto que (...)

Dar el Salaam, por Carlos Ordoñez Ferrer

El taxi de Jamal nos esperaba a las siete y media de la mañana para llevarnos al aeropuerto. Tarjeta de embarque y a esperar. Un café horroroso fue nuestro desayuno. Pagamos las tasas. Quinientos meticais cada uno. Ya no nos quedaba moneda local. Entramos a la sala de embarque. Otro sello más al pasaporte y 60 meticais cada uno. Sólo teníamos euros. Y aquí nunca tienen troco (cambios). Un billete de diez euros quedó en manos del funcionario. Nos debería de haber dado seis de vuelta, o unos (...)

El nieto del hechicero, por Carlos Ordoñez Ferrer

Karina combatió en Camboya primero, el Congo después y Mozambique ahora. Ella es nutricionista y combate contra el hambre. Y denuncia a la multinacional Nestle que hace campaña en este continente desnutrido para sustituir la leche gratuita de las madres africanas por su costosa leche química. Karina también es uruguaya. Nos llamó un amigo desde Maputo. Ustedes que han vivido en Montevideo, ¿acogerían a esta colega unos días en su casa? Por supuesto. Nosotros acogemos a casi todo el mundo en (...)

Un barrio con historia, Por Carlos Ordoñez Ferrer

Bo-Kaap es el museo del barrio musulmán de Ciudad del Cabo. Y Bo-Kaap es un barrio con historia de barrio que sobrevivió a la historia. Las casas, modestas están vestidas de colores divertidos. Algo que da una sensación de buen humor al pasear sus calles. Nos costó encontrar el museo aunque lo teníamos delante de las narices. Y es que su edificio no destacaba por encima de las casas. Era uno más. Los acontecimientos, las historias, la voluntad humana y también su barbarie edifican permanentemente (...)

Misión cumpida, che, por Carlos Ordoñez Ferrer

Y ahí seguía, con un amigo de Rosario que alucinaba por los polvos de un feticheiro mozambicano, agarrando con una mano el volante y con la otra el mate, y atravesando este país africano verde de vegetación y rojo de tierra. Llegamos hasta el cruce de Inchope. No volveríamos a estar más cerca de Zimbabwe. Dejamos Beira, la ciudad de Mia Couto a la izquierda y nos encaminamos hacia la provincia de Inhanbane. Aún me escocían las picaduras del día anterior. Paramos junto a una gasolinera a descargar la (...)

La vergüenza, por Carlos Ordoñez Ferrer

Desde aquí, desde este punto lejano de África austral se puede tener vergüenza. Aquí, entre estas gentes acogedoras, escuchar las noticias que llegan de Europa asusta. Da coraje. Avergüenza. Los antiguos dueños, los que se fueron de aquí robando todo, hasta las personas, están discutiendo ahora cómo castigar más y mejor a los que cometen el “delito” de buscar alguna oportunidad fuera de las rayas inventadas. En Bruselas se discute el número y grosor de las cadenas que les vamos a colocar nosotros, (...)

El Holandés errante, por Carlos Ordoñez Ferrer

Alquilamos un pequeño coche con aparato de música para escuchar los cds que me había agenciado en aquella tienda de la Long Street en Ciudad del Cabo (“An Afro-portuguese odyssey”, “Woman of Africa” y un doble de grupos tanzanos y keniatas). Y nos dirigimos al sur de Cape Town por el oeste de la península con idea de llegar hasta la Punta, hasta el mismo “Cabo de las Tormentas”, como lo llamó su descubridor oficial, Bartolomé Diaz (no confundir con el Díaz de Pemba, mi hechicero particular). Íbamos (...)

Kanimambo, por Carlos Ordoñez Ferrer

Disculpe, ¿tienen cervezas? En la tienda solo estábamos tres dependientas, una clienta blanca y yo. No, no nos quedan. Seguí mirando la mercancía por si había algo más que necesitara. La otra clienta pagó y comenzó a amonestar a las trabajadoras. No entendí bien lo que ocurría. Cuando la portuguesa se fue pregunté. La señora de la caja registradora me miró con timidez. Yo insistí. ¿Qué le pasaba a esa señora? Es que cuando usted preguntó si teníamos cervezas y mi compañera le dijo que no, yo le (...)

Cruzando el Zambeze, por Carlos Ordoñez Ferrer

Conducía Nico. Yo combatía el sueño a cabezazos. Eran las tres de la tarde y nos dirigíamos hacia el río Zambeze, el mayor del país. Anualmente causa estragos producto de los desbordamientos. En esas ocasiones, los cocodrilos que lo habitan encuentran ampliado su territorio, y no son pocas las personas víctimas de sus mandíbulas. En una recta larga nos cruzamos con Amor. Frenamos. Encontrarme en mitad de un camino que nos llevaba por todo Mozambique con mi amiga resultó una alegría. Estábamos en (...)

A Pemba, por Carlos Ordoñez

De nuevo vamos al aeropuerto. Por el camino, Joaquim, el chofer nos cuenta que estos días están rodando una película en la capital ¿Una película? ¿De qué? Sí una película de Irak ¿De Irak? Si de la primera guerra del golfo. Allí –dijo señalando con el dedo hacia su izquierda- está todo lleno de tanques. ¿En serio? Sí y además sin permiso. ¿Cómo que sin permiso? Era demasiado pronto y mis reflejos aún no se habían despertado del todo. Lo de los tanques me terminó de despabilar. Sí, son unos tanques (...)

Falando portugés, por Carlos Ordoñez Ferrer

Nuestra nueva casa es pequeña. Tiene lo básico: paredes, techo, agua, luz y algún elemento añadido no sin esfuerzo (una cocina portátil de un fuego y un frigorífico-caja fuerte con llave). Cuando tiras de la cisterna del baño despiertas a los vecinos. Pero es nuestro paraíso. Enfrente tenemos una playa salvaje bañada por las olas tranquilas del Índico e inundada de caracolas y pedazos de coral. Por aquí pulula una fauna de tres perros, un gato, numerosas lagartijas, innumerables hormigas y más bichos (...)

Stress, por Carlos Ordoñez Ferrer

Dicen los psicólogos que las separaciones y los cambios de trabajo, junto a las mudanzas son tres de los mayores motivos de stress. No sé si tuvo algo que ver, pero el día anterior a nuestro cambio de casa Edna tuvo su primera fiebre africana. Tan fácil como subió a 38 grados a la noche, desapareció a la mañana. Ese mismo día yo amanecí con un dolor de cabeza de esos que hace crujir el cráneo. Recuperados por las horas transcurridas y algún que otro eferelgán nos pusimos manos a la obra y después de (...)

Mozamateando, Por Carlos Ordoñez Ferrer

El baño era una choza cercana a la que teníamos para dormir. El sonido de la vegetación nocturna en mitad del campo africano era una incesante música minimalista que anunciaba misterios y que animaba a cobijarse. Yo fui al allí como última actividad del día. Entré a la luz de mi linterna, me bajé los pantalones y entonces comenzó el ataque. Eran dos y fue a traición, ya que, tal y como me encontraba no podía defenderme. Me había dado repelente en los pies y tobillos, pero no en las piernas, y fue ahí (...)

Callejeros, Por Carlos Ordoñez Ferrer

Segundo día en Maputo. A la noche los mosquitos nos recordaron que para algo habíamos traído repelente. Edna de cabeza ya en el trabajo. Yo me volví a lanzar a la calle. Esta vez quería ir más allá. De nuevo por la Avenida Lenin dirección sur. Más de media hora andando y llegué hasta la Avenida Ho Chi Min. Giré por ella hacia la Olof Palme hasta llegar a la Avenida Albert Luthuli, y una cuadra más, en la 24 de Julio al fin llegué al objetivo que me había marcado, el Museo de Arte Nacional. Una de las (...)

Turistas y Mosquitos, Por Carlos Ordoñez Ferrer

El viernes es el día sagrado de los musulmanes. Y en Pemba se nota. Hubo alguna persona que ese día me saludó con un “Salam!” extendiéndome la mano para el pago del diezmo. Aquí hay una mayor influencia islámica. Y también hindú. Este es un lugar donde la mixtura de culturas y religiones se vive con aparente naturalidad. Al menos con mayor naturalidad que la progresiva llegada del turismo. Según Avelino, un compañero de trabajo de Edna, “es preocupante el impacto turístico. Si voy a comprar un kilo de (...)

Mozambiquear, Por Carlos Ordoñez Ferrer

Tengo aquí un amigo que todas las mañanas arranca su jornada laboral “mozambiqueando”. Dice que es lo primero que hace al llegar a su oficina. Y cuando se da cuenta de que hay algo nuevo para “mozambiquear” comienza el día con buen resabio. Eso me dice. Una amiga se levanta con diez minutos de antelación para encender el ordenador antes de que los niños se despierten, “y así poder mozambiquear a gusto”. Es lindo que “mozambiquear” sea un verbo hermanado a echar una sonrisa, a poner al día algún (...)

Baobab el árbol engreído , Por Carlos Ordoñez Ferrer

“Solo te voy a pedir una cosa. Que me envíes la foto de un baobab” me dijo Anaitze. Desde entonces, cada vez que veía uno, o no tenía la cámara de fotos a mano, o era de noche. Pasaban los días y mi amiga, en Donostia esperaba paciente. El baobab es el hipermercado de los africanos. Provee alimento con sus hojas hervidas. Pegamento con su polen. Refresco con su fruto. Medicamentos con su pulpa. Cuerdas, cestos y quinina con su corteza. Remedios contra el hipo con sus semillas. Instrumentos (...)

Una escapada (y2) Por Carlos Ordoñez Ferrer

Llevábamos algo más de una hora caminando y el paisaje seguía siendo el mismo. Pero variaba cada pocos pasos, como una metamorfosis a cámara lenta. A nuestra derecha mar, a nuestra izquierda la isla. La estábamos bordeando desde hacía casi una hora. En el extremo opuesto de donde desembarcamos decidimos detenernos a almorzar. Nadie. No había nadie a la vista. El sol calentaba. Edna, que ya está de casi cinco meses hizo un agujero en la arena y puso encima en pareo, introdujo la tripa ahí y exclamó (...)

Una escapada (1), Por Carlos Ordoñez Ferrer

Los días muy claros, desde la costa de Maputo, por ejemplo desde Rua Federico Engels, se puede distinguir la isla de Inhaca. “¿Vamos? -Edna siempre tiene buenas ideas-. Además, dentro de poco ya no nos podremos hacer estas escapadas”. Dicho y hecho. El viernes tomamos un pequeño avión de quince plazas. Sentados en su interior una minúscula duda se me cruzó. “¿Pero este cacharro vuela?”. Me la guardé para mis adentros. Mil quinientos meticais cada uno ida y vuelta. Quince minutos después de despegar (...)

Noche peligrosa, Por Carlos Ordoñez Ferrer

El mismo día que llegó por primera vez a Maputo, a Philippo lo asaltaron pistola en mano cuando salía de cenar con su amigo Alberto. Se quedó atónito y con un temblor que aún le duraba cuando yo lo conocí dos días después. Era un viernes de noche fiestera. “Sal con ellos -me dijo Edna- Aún no te has pegado una farra en Maputo”. Así que nos juntamos los tres y les convencí de que era mejor sobreponerse del miedo retando a la noche. Nos fuimos a cenar a la “feria popular”. Se trataba de un simpático (...)

La Tierra de los Swazis (y 2), Por Carlos Ordoñez Ferrer

Tras desayunar, nuestros pies caminaron el Mercado de Mazini. Allí, las mujeres se sorprendían escondiendo sus risas de ver a una blanca embarazada. Se avisaban una a otra y todas miraban con la boca abierta y se reían tapándosela. Yo caminaba detrás disfrutando del espectáculo. Una me señaló como “culpable” del sucedido. Le dije que estaba de cinco meses. Se escandalizó, habló es swazi con sus compañeras. Todas se alborotaron de manera exagerada. Habían entendido que esperaba cinco bebés. Aclarado el (...)

La Tierra de los Swazis (1), Por Carlos Ordoñez Ferrer

Y así, bajo el influjo de Lua nos dirigimos hacia el sur. A la frontera de Sudáfrica con un país llamado Swazilandia. No se trataba de ningún parque de atracciones. Swazilandia es un pequeño país africano tan real como la monarquía absolutista que sufre. Del tamaño de la provincia de Zaragoza, es un Estado-nación, o quizá mejor dicho, un Estado-tribu. La tierra de los Swazis. Entramos por la frontera este, llamada Nwenya en el lado sudafricano y Oshoek en el swazilandés. Hablábamos en inglés, (...)

Llueve en Maputo, Por Carlos Ordoñez Ferrer

En Maputo llueve. Lo veo a través de la ventana que tengo delante. Maputo es una ciudad en la que los árboles y el hormigón de las casas se entremezclan de una forma espontánea. Algo que le da una imagen de caos. La basura sobresale de los destrozados containers. Los más pobres se encargan de rebuscar en ella algo que pueda servir. Hoy, además la ciudad está llena de charcos. Maputo amaneció gris, triste, húmeda, sucia… ¿Debería escribir más de Mozambique es este portal? ¿Dejarme quizá de tanta (...)