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Gaetan Kabasha

Gaétan Kabasha es ruandés de nacimiento y vive en España. Es testigo directo del drama de los Grandes Lagos. Está comprometido con el desarrollo de África y un mundo más humano. Así mismo es fundador de la Asociación AUDE.

- Licenciado en ciencias eclesiásticas y doctor en Filosofía. (Tesis doctoral sobre el deseo mimético y la violencia colectiva)

Lenguas: Francés, inglés, español, kinyarwanda, lingala y sango.

Ahora podemos seguir en Fundación Sur su blog África desde dentro.

gaetankaba@gmail.com

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Malí: entre la democracia y los golpes de Estado, por Gaetan Kabasha

3 de septiembre de 2020.

Cuando el pasado martes 18 de agosto los militares llevaron a cabo el golpe de Estado en Malí, la población salió masivamente a la calle para felicitar a los golpistas. También algunos africanos de otros países en sus redes sociales parecen estar contentos de la acción. Lo que unos y otros olvidan es que el problema de Malí no arranca con el presidente arrestado, Ibrahim Boubakar Keita ni terminarán con las nuevas autoridades por muy militares que sean.

Existe un error extendido en África según el cual la democracia lo resuelve todo. En realidad es una manera de huir de los problemas pensando que las soluciones llegan con esta palabra mágica. Nadie para un poco a reflexionar sobre este concepto de democracia, lo que supone, cómo funciona, qué es y qué no es. No sería despiadado pensar que muchos confunden democracia con el voto democrático cuando el voto es una parte de un gran conjunto. Democracia no se limita a organizar las elecciones. Se trata de algo más.

Para empezar, hay que saber que antes de poner en marcha una democracia, hacen falta unos fundamentos previos sin los cuales todo se viene abajo. Hay requisitos pre-democráticos que necesitan ser estudiados y equilibrados antes de plantear el proceso democrático que aboca en las elecciones. Estos requisitos son entre otros la existencia de un Estado, el consenso general sobre la forma de gobierno que se quiere, la resolución de problemas identitarios existentes entre las diferentes comunidades, pacto sobre las líneas rojas y las reglas de juego etc. Si estos requisitos fallan, no hay democracia que prospere y las elecciones transparentes no resuelven ninguna crisis profunda.

Volvamos a Malí. Estamos ante un país con una superficie dos veces España con solo 15 millones de habitantes dispersados sobre una tierra desértica. La población del norte tiene un fuerte sentimiento de abandono por parte del sur dónde está la capital Bamako y se envuelve en una espiral independentista que el sur es incapaz de controlar. Los tuaregs mayoritariamente instalados en el norte, reagrupados en el MNLA proclamaron la independencia de AZAWAD. Recientemente, con la destrucción de Libia y el flujo de las armas en el Sahel, a este sentimiento independentista se ha añadido el terrorismo islámico de los movimientos que quieren controlar el país e implantar la sharia. El ejército de Malí es incapaz de asegurar la soberanía nacional en todas sus fronteras. Al gobierno central se le escapa una buena parte del territorio y la frustración del pueblo ante esta impotencia es cada vez fuerte.

A parte de estos problemas que son de importante calado, el país vive constantemente en crisis políticas y económicos que hacen que después de la Independencia haya habido varios golpes de Estado que alteran con tiempos de elecciones democráticas sin que ningún régimen haya podido solucionar los problemas reales del país.

Cuando en 1991, el general del ejército Amadou Toumani Touré hizo un golpe de Estado y organizó las elecciones democráticas sin presentarse él, los Malíenses creyeron que el país se ponía ya en la órbita del progreso. La decepción fue grande cuando se dieron cuenta de que la crisis que vivía el país iba más allá del hecho de depositar una urna. En 2012, con la parte norte en efervescencia y el país es descomposición, el ejército volvió a hacer un golpe de Estado contra las autoridades democráticamente elegidas. El círculo se cerraba. La Democracia o lo que se le parece no impidió el derrocamiento del poder por la fuerza. Algo había fallado.

Con las presiones de la Comunidad Internacional, los golpistas aceptaron pasar el poder a los civiles en un nuevo intento de democracia. El presidente IBK ganó claramente las elecciones en un momento en el que Francia estaba interviniendo militarmente en el norte contra los grupos yihadistas. El pueblo depositó sus esperanzas en IBK como si fuera un superhombre capaz de resolver los problemas seculares y hondos que podrían llevar por delante todo el Estado. Ni los 4.500 militares franceses desplegados en el país, ni los 13.000 cascos azules de la ONU, ni la Comunidad Internacional masivamente han podido aplacar definitivamente el terrorismo o convencer a los tuaregs que renunciaran a sus veleidades de independencia del norte. Ni siquiera han podido impedir el golpe de Estado que viene a poner todo lo conseguido en entredicho. A esto se añaden la corrupción, el amaño de los votos para favorecer al presidente, la inercia del Estado a la hora de abordar los problemas etc.

Hace semanas que el ambiente en Malí era muy tenso. El pueblo estaba en la calle rechazando los resultados de las elecciones legislativas y la dimisión del presidente. Las organizaciones regionales habían intentado encontrar una solución con una serie de propuestas. Pero los militares decidieron tomar el asunto en sus manos. Otra vez, un golpe de Estado contra las instituciones democráticas. Parece que cuando África quiere escapar del trueno se encuentra con el relámpago. Se requiere un trabajo de fondo que asegure los cimientos del Estado antes de plantear cualquier otra cosa.

Original en: Afroanálisis



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