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Inicio > Bitácora africana >
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Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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Levantar el embargo de armas a China sería una pésima noticia para África, por José Carlos Rodríguez Soto

27 de enero de 2010.

Siempre he sospechado que las ayudas oficiales al desarrollo que se dan a África consisten en ofrecer con una mano una parte de lo que se ha quitado con otra mano. Una noticia aparecida recientemente me ha confirmado esta percepción que ha ido creciendo durante los 20 años que pasé en África: Durante su presidencia de turno al frente de la Unión Europea, España se ha comprometido a promover en Bruselas que se levante el embargo de venta de armas a China. Así se desprende por lo menos de unas declaraciones del embajador español en Pekín, Carlos Blasco, en una entrevista publicada hace pocos días en la portada del diario en inglés China Daily. "Esperamos profundizar las conversaciones para levantar el embargo", ha dicho el diplomático. Pues si es verdad, para África esto será un verdadero desastre.

Recuerdo una de las primeras veces en que el Ejército ugandés, tras una reñida batalla con los rebeldes del LRA, organizó un acto público en la ciudad de Kitgum en el que nos hizo ver parte del equipo militar del que se incautó al derrotar a los guerrilleros. Lo primero que llamó mi atención fueron los caracteres chinos escritos en las minas anticarro y antipersonas y en el surtido de bombas, misiles, cohetes, tubos lanzadera, morteros y demás artefactos mortíferos que el LRA recibía del Gobierno de Sudán, país en el que los rebeldes tenían sus bases y desde las que atacaban los poblados de nuestra gente, secuestraban a sus niños y nos sumían en una realidad de horror que duró de 1986 a 2007. La mayor parte de las armas que mataron a más de 150.000 personas durante aquellos años fueron chinas. Hablo del norte de Uganda, pero en cualquiera de los conflictos que han arrasado numerosos países africanos China se ha destacado por ser el primer proveedor de armamento, que terminaba en manos de gobiernos dictatoriales y milicias criminales. No raramente, las mismas armas chinas eran manejadas por las partes que combatían en el mismo conflicto. Gracias a China los africanos han muerto por millones en lugares como la República Democrática del Congo, Burundi, Ruanda (la mayor parte de los machetes usados durante el genocidio de 1994 eran de fabricación china), Chad, Eritrea, Etiopía, Somalia, Angola, Mozambique, Liberia, Sierra Leona, Costa de Marfil y bastantes más que me dejo en el tintero.

Pero todas las consideraciones éticas que se puedan hacer a partir de esta realidad se quedan en nada ante el hecho de que en el 2010 China se convertirá en la segunda economía del mundo y sus perspectivas de crecimiento hacen cada vez más apetecibles los lazos diplomáticos sólidos. Por ello en Pekín la noticia de que la Unión Europea quiere terminar con el embargo de armas impuesto a su régimen ha sido muy bien recibida, ya que el Partido Comunista Chino (PCCh) lleva años tachando de injusto y anacrónico el embargo, una espina clavada en el orgullo de un régimen que aspira al pleno reconocimiento por parte del mundo occidental y que no se conforma con las relaciones meramente comerciales.

El embargo de armas a China empezó hace algo más de 20 años, a raíz de la represión que su régimen desató durante las protestas de estudiantes que acabaron con las matanzas en la plaza de Tianammen. En el 2005 se intentó acabar con esta prohibición, por iniciativa del entonces presidente francés, Jacques Chirac. La idea no prosperó entonces ante las presiones de Estados Unidos y Japón, que se intensificaron cuando China amenazó con invadir Taiwán si la isla proclamaba la independencia. Washington, que a su vez mantiene su propio embargo de armas, teme que el Ejército chino adquiera en Europa alta tecnología militar que no está disponible en Rusia, país que ha abastecido hasta ahora las necesidades castrenses de Pekín. Al mismo tiempo, EEUU ha denunciado en varias ocasiones su disconformidad con el libre comercio de armas con un país que viola los derechos humanos, una postura que en su momento respaldaron organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional.

Me imagino que al final las consideraciones comerciales y económicas podrán más que otros argumentos, pero yo no puedo evitar volver a recordar todo el sufrimiento que he visto con mis propios ojos en Uganda y otros países africanos en conflicto durante estos años. La mayor parte de los niños que he visto muertos en los bosques de los distritos de Kitgum y Gulu hasta hace muy poco tiempo perdieron la vida por armas fabricadas en China. Si mañana España promueve que la Unión Europea levante el embargo, la próxima vez que haya una guerra en África los muertos caerán abatidos por tecnología militar producida en Europa y transferida a China, un país que sigue alimentando conflictos en África, además de esquilmar sus tierras y destrozar sus pequeñas industrias y comercios. Resulta irónico que los mismos países que promueven los conflictos en África vengan después con el cuento de que les dan dinero para ayudar a su desarrollo.



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