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Inicio > Bitácora africana >
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Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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Las cloacas de Facebook, por José Carlos Rodríguez Soto

25 de septiembre de 2020.

Acabo de ver un montaje de dos fotos que van juntas en el muro de usuario de Facebook. Compruebo que el post ha sido compartido cientos de veces y tiene un montón de “me gusta”. En la del plano superior se ve a una familia española de cuatro niños cuyos padres tienen un aire cansado y envejecido, además de ir mal vestidos. “Estos tendrán que trabajar hasta los 70 años tras haber cotizado toda su vida…”, reza la leyenda. En el plano de abajo se ve otra familia sonriente y elegante. Su aspecto parece ser una mezcla de árabes y negros. “… para que el gobierno pueda repartir paguitas entre estos inmigrantes recién llegados”, se lee en el pie de foto.

Les traigo este ejemplo a colación porque es el último bulo sobre inmigrantes que he visto publicado en las redes sociales. No solo difunde información falsa (o a veces de medias verdades, que pueden ser más dañinas), sino que incita claramente al odio xenófobo, un sentimiento cuya peligrosidad se multiplica cuando aparece en grupos de discusión, los cuales no raramente están coordinados por verdaderos expertos en difusión de mentiras que manejan el arte de los “bots” y los “trolls”, recientes inventos del ciberespacio consistentes en la creación de perfiles falsos que automáticamente difunden los mensajes lanzados para dar la impresión de que son muchas las personas que defienden las posiciones sostenidas por el grupo en cuestión.

Los bulos del coronavirus

¿Quieren otro ejemplo? Vean este: "Hoy le hemos puesto la vacuna al pequeñajo. 106€. Todos los meses pago 600€ a la Seguridad Social. Si me llamase Mohamed y no hubiese cotizado ni un euro en mi vida seguro que sería gratis", aseguraba un mensaje difundido en noviembre de 2019 en Twitter y compartido cientos de veces. La afirmación es falsa. La "vacuna de 106 euros" es la Meningococo B, que no es gratuita ni para los hijos de inmigrantes ni para los hijos de españoles, salvo en las comunidades autónomas de Canarias y Castilla y León, donde están subvencionadas. En estas dos regiones todos los niños pueden acceder a esta vacuna gratuitamente, sean de donde sean e independientemente de que sus padres hayan cotizado a la Seguridad Social o no. Y lo peor es cuando no solo se miente sobre supuestos tratos de favor a inmigrantes, sino cuando se cuestiona su integridad moral. He visto hasta la saciedad uno de los mensajes del líder de VOX, Santiago Abascal, quien sostiene que el 70 % de los imputados por violaciones colectivas son extranjeros. Otro mensaje falso. Según los datos oficiales de la Policía, un 70,1 % de los detenidos o investigados por delitos sexuales son españoles.

Tras haber vivido bastantes años de mi vida en zonas del África profunda muy retrasadas, me incorporé a Internet y a las redes sociales bastante tarde, bien pasados los cuarenta años, y cuando comencé mis primeros pasos en el ciberespacio fue en sitios con conexiones malas y lentísimas. Aun así, me alegré de la aparición de lo que pensé que sería una oportunidad de oro de intercambiar información y opiniones, entendernos mejor las personas y enriquecernos con el aprendizaje de distintos puntos de vista. Han pasado ya varios años y hoy, que sigo trabajando en África, me considero integrado en el mundo de las redes sociales, aunque con limitaciones: bloguero desde hace catorce años, usuario habitual de Facebook, desde hace pocos meses estoy en WhatsApp y, por el momento, sigo sin ser usuario de Instagram y de Twitter, entre otras cosas por exigencias de mi condición de funcionario internacional, en la que tengo que andar con cautela para que mis opiniones en temas controvertidos no puedan interpretarse como la posición oficial de la organización a la que pertenezco.

Iglesia y coronavirus

Mi desilusión ha sido casi total. Estoy en varios grupos de discusión, tanto de España como de un par de países africanos, y me descorazona ver como algunos foros se convierten a menudo en cloacas de odio e intolerancia donde los argumentos y las razones se sustituyen por exabruptos y eyecciones de bilis. He puesto como ejemplo los bulos lanzados contra inmigrantes. Otra de las cosas que más me llaman la atención son los mensajes de odio brutal lanzados contra la Iglesia en grupos de discusión ligados a Podemos. “La Iglesia no ha hecho nada durante la crisis del coronavirus. ¡Caraduras!”, “Los españoles pagamos a esta banda de pederastas XXX millones al año. Que el gobierno se lo quite y lo invierta en Sanidad pública”. “El gobierno debe romper relaciones con el Vaticano, un Estado donde el Papa vive en un palacio cargado de oro mientras en África se mueren de hambre”. Y siempre con la coletilla final: “Comparte si estás de acuerdo”.

También están los mensajes contra el Papa y los obispos considerados como "no afines" lanzados por foros de Internet que se presentan como católicos y que desatan un odio no menos potente, pero este tema merecería uno o varios posts aparte.

Fake News

En bastantes ocasiones he expresado mi desacuerdo antes tales despropósitos, y lo he hecho presentando hechos. “Eso no es verdad. La Iglesia desarrolla una ingente labor social que contribuye a que el Estado ahorre dinero. Se de lo que hablo porque antes trabaje en Caritas”. “La Iglesia ha atendido a muchos miles de familias vulnerables durante la crisis del coronavirus”. “Llevo 30 años en África y en muchos lugares azotados por la pobreza más extrema he visto que la única institución que proporciona educación, salud, y defensa de los derechos humanos es la Iglesia”. “El Papa no vive en un palacio, sino en una sencilla habitación de una residencia”, etc., etc. De nada sirve intentar razonar ante quien está dominado por sentimientos viscerales y he terminado por no molestarme más en responder. Las réplicas a mis mensajes generalmente suelen limitarse a frases como “Ya se nos ha colado un fascista en el grupo”. En alguna ocasión he destacado el contraste entre la inquina que se tiene a la Iglesia desde ciertos foros de la izquierda y el respeto con el que, por ejemplo, Pablo Iglesias, suele hablar del Papa Francisco, cuya sensibilidad ante temas sociales comparte abiertamente.

No soporto cuando, al discutir problemas, en lugar de responder con argumentos se hace con adjetivos. Ni que las consignas sustituyan a las razones. No, en demasiadas ocasiones las redes sociales no hacen que los humanos nos entendamos mejor, que aprendamos los unos de los otros, ni mucho menos que lleguemos mejor a la verdad. Ni tampoco que aprendamos los unos de los otros. Al final, cada uno se encierra en el grupo en el que sus correligionarios defienden posiciones inamovibles y no se tolera la disidencia. “Mi verdad? /No: la verdad/ Y ven conmigo a buscarla/ La tuya guárdatela”. En el caso muy poco probable en que un día me convirtiera en el dueño de Facebook, pondría estos versos de Machado debajo de su logo, a ver si algunos cambiaban de actitud.

Original en: En clave de África



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