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La rebelión de los esclavos de Stono
16/03/2016 -

La historia escondida: liderada por angoleños instruidos en la batalla, la rebelión de Stono fue la revuelta más sangrienta en la Norteamérica británica, aunque muy pocos hayan oído hablar de ella.

A primera hora del domingo 9 de setiembre de 1739, 20 esclavos negros se reunieron en el puente del río Stono, situado al suroeste de Charles Town (ahora Charleston), Carolina del Sur. Eran parte de un grupo de esclavos que construía una carretera pública en la zona. La mayoría de ellos, incluyendo su líder Jemmy, eran unos de los 8.000 kikongo parlantes de Angola traídos en diferentes barcos de esclavos durante los 5 años anteriores para trabajar en los campos de arroz.

A partir de 1730 y los años posteriores, Carolina del Sur se convirtió en una sociedad dinámica, productiva y en expansión. A la vez, era la primera colonia con mayoría negra en Norte América. En 1739, la proporción de negros y blancos era de 2 a 1. Pero a pesar de ser una minoría, los colonos blancos, que sólo miraban por su propio beneficio y no en los riesgos que podían correr, obligaron a los esclavos a soportar interminables horas de trabajo inhumano en los campos de arroz y en la limpieza de bosques y pantanos para la construcción de carreteras.

Pero esa mañana de 1739 se acabó la impunidad con la que actuaban los cautivadores y un grupo de esclavos pusieron en evidencia sus fuerzas de seguridad. Y es que desde hacía un tiempo, a los esclavos se les permitía tener algún domingo libre sin ningún tipo de supervisión o, como mucho, la de un esclavo de confianza.

En la rebelión de Stono tan sólo aparece el nombre de Jemmy en el informe oficial. Jemmy fue el capitán angoleño de la rebelión esclava más sangrienta en la Norteamérica colonial. En el informe se dice que, justo antes del amanecer, Jemmy llevó a sus hombres cerca del almacén de Hutchinson, donde robaron armas y munición y mataron y decapitaron a los dos hombres blancos que ocupaban el edificio. Después, se cree que dejaron sus cabezas justo en las escaleras de entrada del edificio para que lo vieran otros posibles esclavos huidos o bien, como parte de un ritual militar típico africano.

Acto seguido, Jemmy y sus hombres se dirigieron a la casa de un tal Godfrey, la cual saquearon y quemaron para después matarlo a él y a sus dos hijos. Continuando su camino hacia el sur del río Stono, los rebeldes se toparon con la taberna de Wallace pero no mataron al posadero, al parecer, porque éste era bueno con sus esclavos. A quienes sí mataron fueron a los vecinos de Wallace y a más de 20 blancos de la zona a la vez que iban adquiriendo más armas, pólvora, provisiones y, lo más importante, más hombres. Al final del día, llegaron cerca del ferry de Jacksonborough, en el río Edisto, y ya eran más de 100.

Las autoridades coloniales del momento y la mayoría de los historiadores de la rebelión de Stono creen que Jemmy y sus rebeldes querían llegar a Fort Mose, una región situada en la Florida controlada por los españoles. Se supone que querían correr la misma suerte que habían corrido al menos 250 esclavos de Carolina del Sur, la mayoría africanos, durante los últimos 7 años huyendo a Florida. Por entonces, los españoles habían ofrecido tierra y libertad a sus esclavos del Congo por un lado, para debilitar a los colonos británicos que eran rivales en la región y, por otro lado, porque los congoleños se habían convertido al catolicismo y los habían aceptado como a iguales. En ese sentido, desde la llegada de los portugueses a Angola, muchos profesaban una combinación de catolicismo y antiguas creencias africanas. Así que no tendrían problema por ese lado.

Los historiadores creen que las habilidades de Jemmy como líder militar y los conocimientos de sus rebeldes de algunas armas de fuego (pistolas, mosquetes, etc.) podrían haber sido adquiridos durante los conflictos bélicos ocurridos en el Congo entre 1720 y 1730. Los esclavos que se iban sumando a la rebelión de Jemmy podrían haber sido atraídos por el sonido de sus tambores y/o por sus banderas, que eran parecidas a las usadas en la guerra de Angola. Incluso aquellos que no eran africanos se habrían unido a la causa por los gritos de los rebeldes de “¡Libertad, libertad!”, lukango en la lengua Kikongo. Y otros se podrían haber sumado envalentonados por la aparente facilidad con la que los primeros habían avanzado y por el dominio militar de las tropas de Jemmy y su creciente arsenal.

Aquellos que se unieron a la rebelión debieron escuchar también las noticias publicadas en Charles Town tan solo dos días antes de que los británicos y los españoles habían entrado en guerra. Si la red de comunicación de los esclavos fue tan rápida y eficiente como ha sido siempre, quizás también se convencieron de que el momento de escapar era ése porque una mayor presencia militar británica en Carolina del Sur y en Georgia haría mucho más difícil la huída a Florida en los próximos meses.

Además, todos eran conocedores de las recientes rebeliones que habían ocurrido en el Caribe, como la de St. John (1733), la de Antigua (1736) o, especialmente, la de Jamaica, en la que los británicos se vieron forzados en 1738 a firmar un tratado de paz con los “Maroon” (descendientes de los primeros esclavos africanos) liderados por Nanny y Cudjo.

La legislatura colonial ya había tomado precauciones para prevenir una derrota similar en Carolina del Sur, aprobando una ley de seguridad en agosto de 1739 que requería que todos los hombres blancos llevasen armas a la iglesia los domingos. Con la filosofía de que “nuestros negros son más terribles [...] para nuestra seguridad que cualquier invasor español”, el gobernador dobló el número de esclavos patrulleros y fortaleció la milicia. Estas precauciones, probablemente, salvaron a muchos propietarios de la pérdida de sus tierras y su vida.

En la rebelión de Stono, las autoridades fueron afortunadas. El lugarteniente gobernador William Bull, se encontraba en Charles Town por negocios esa mañana de 1739 y tuvo suerte de que el grupo de rebeldes no lo encontrara. De esta manera, escapó sin ser visto y rápidamente corrió a formar un grupo de unos 100 hombres blancos para que fueron a luchar junto a él contra los rebeldes en el río Edisto.

A pesar de que los rebeldes habían recorrido 10 millas desde Stono al puente de Edisto, estaban muy lejos de Florida. Y fue en una parada para descansar cuando vislumbraron a la milicia de Bull muy cerca. Sin dudar, iniciaron la batalla pero la milicia llevaba armas de fuego más potentes, como fusiles, y en unas pocas horas más de 30 rebeldes habían muerto y cerca de otros 30 habían escapado al bosque más próximo. Durante el siguiente mes, la mayoría de los que escaparon fueron capturados, asesinados y decapitados. Nunca se sabrá si Jemmy estuvo entre los muertos del puente Edisto o si fue uno de los que escapó y logró llegar a Florida.

Steven J. Niven

The Root

Steven J. Niven es editor ejecutivo del Dictionary of Caribbean and Afro-Latin American Biography, del Dictionary of African Biography y de la African American National Biography en el Hutchins Center for African and African American Research de la Universidad de Harvard. Además, es el autor de Barack Obama: a pocket biography of our 44th President.

[Traducción, Tiziana Parra]

[Fundación Sur]


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