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Inicio > Bitácora africana >
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Rodríguez Soto, José Carlos

(Madrid, 1960). Ex-Sacerdote Misionero Comboniano. Es licenciado en Teología (Kampala, Uganda) y en Periodismo (Universidad Complutense).

Ha trabajado en Uganda de 1984 a 1987 y desde 1991, todos estos 17 años, los ha pasado en Acholiland (norte de Uganda), siempre en tiempo de guerra. Ha participado activamente en conversaciones de mediación con las guerrillas del norte de Uganda y en comisiones de Justicia y Paz. Actualmente trabaja para caritas

Entre sus cargos periodísticos columnista de la publicación semanal Ugandan Observer , director de la revista Leadership, trabajó en la ONGD Red Deporte y Cooperación

Actualmente escribe en el blog "En clave de África" y trabaja para Nciones Unidas en la República Centroafricana

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La detención de Rose Kabuye o las mentiras del régimen de Ruanda, Por José Carlos Rodríguez Soto

9 de diciembre de 2008.

En un país como España donde las noticias que llegan de África no suelen despertar un gran interés (excepto si afectan a nuestros intereses, como es el caso de los piratas de Somalia), no es probable que muchos de nuestros lectores hayan oído hablar de la detención de Rose Kabuye, jefa de protocolo del presidente de Ruanda Paul Kagame. Ocurrió el pasado 9 de noviembre, cuando la señora llegó al aeropuerto de Francfort, en Alemania, y pocos días después fue trasladada a Francia, donde tiene que responder de diferentes cargos ante un juez francés. Pues les cuento.

Rose Kabuye, una coronel retirada del ejército ruandés (conocido como Frente Patriótico Ruandés o RPF) y antigua alcaldesa de Kigali, era uno de los diez altos cargos que fueron acusados en el 2006 por el juez francés Jean-Louis Bruguière al considerar que hay motivos suficientes para pensar que el avión en el que viajaba el antiguo presidente de Ruanda, Juvenal Habyarimana, el 4 de abril de 1994 (pilotado por dos franceses) fue abatido por un misil disparado por el RPF.
Como recordaremos, la muerte de Habyarimana fue el detonante que desató el genocidio que acabó con la vida de unos 800.000 tutsis y hutus moderados en apenas tres meses. Desde entonces la versión oficial de los vencedores (el RPF) ha acusado a extremistas hutus de haber sido los que derribaro nel avión. Pero el juez Bruguière dice tener una información muy distinta. Desde la publicación de sus órdenes internacionales de arresto, la detención de Kabuye es la primera que se realiza.

En el mismo sentido, también en febrero de este año el magistrado español Francisco Andreu ordenó la detención de 40 altos cargos del actual ejército y gobierno ruandés por crímenes contra la humanidad. Ambos jueces se amparan en el principio de jurisdicción universal.
Ya se pueden ustedes imaginar las reacciones que la detención de Rose Kabuye ha desatado en Ruanda, que ya rompió relaciones diplomáticas con Francia hace dos años. El embajador alemán fue expulsado y el propio en Alemania llamado a consultas. El gobierno ha organizado manifestaciones callejeras en Kigali, y también en otras capitales europeas y norteamericanas, protestando contra las "interferencias de países occidentales", el "neocolonialismo", la "nueva opresión contra los africanos", etcétera, etcétera.

Si saben ustedes inglés y se molestan en mirar la página web del principal diario de Ruanda, el Ruanda Times http://www.newtimes.co.rw/) verán ustedes cómo se presenta a Rose Kabuye como una heroína y una pobre mujer víctima de una injusticia. Se han publicado también algunas de sus recientes declaraciones, en el que la señora -que, por cierto, está en territorio francés en libertad bajo fianza- conmueve al lector diciendo cuánto echa de menos a sus hijos, cuánto añora su querido país y cuánto ha sufrido.

Pues qué quieren que les diga. Yo, que conozco de primera mano lo que se cuece por Ruanda, Uganda (donde Kabuye trabajó anteriormente) y el Este de la República Democrática del Congo, por mucho que me he esforzado no he conseguido derramar una sola lágrima por esta señora. Primero, porque recuerdo muy bien que cuando el actual presidente de Uganda, Yoweri Museveni, tomó el poder con ayuda de miles de exiliados ruandeses que combatieron junto a él, la señora Kabuye (señorita, por aquellos días) trabajó en el temido departamento de Inteligencia Militar ugandés a las órdenes del actual presidente de Ruanda Paul Kagame, quien aquellos días dirigía ese órgano. Sólo Dios sabe cuántos cientos, o tal vez miles de ugandeses, fueron torturados allí y desaparecieron sin dejar rastro. Más tarde, cuando el Frente Patriótico -formado por elementos ruandeses en el seno del ejército ugandés- invadió Ruanda desde Uganda en 1990, Rose Kabuye formó parte de la guerrilla del RPF que durante cuatro años masacró a las poblaciones hutu en los lugares que ocupó en el norte del país.

Tras la conquista de Kigali y el resto del país por parte del RPF, en julio de 1994, los soldados de Kagame cometieron masacres de hutus en las partes del país que fueron ocupando, pero al mundo se le vendió la versión de que los únicos muertos fueron los tutsis asesinados por las milicias hutus interahamwe. Y a partir de 1996, cuando el nuevo ejército ruandés invadió el este de la República Democrática del Congo, provocó dos guerras que causaron, hasta el 2003, más de cuatro millones de muertos, la mayoría de ellos civiles.

La señora Kabuye, que dice estar muy triste por no poder ver a sus hijos, parece haber olvidado que miles de mujeres y madres como ella, en su propio país, han languidecido en las cárceles de Kigali durante muchos años. Durante mi estancia en Ruanda, el año pasado, tuve ocasión de escuchar testimonios de mujeres acusadas falsamente de haber participado en el genocidio de 1994 y que llegaron a estar diez años en prisión sin llegar nunca a comparecer ante un juez. Nadie, que yo sepa, organizó nunca campañas de prensa ni manifestaciones por ellas. Y el colmo del cinismo ha sido que países como Estados Unidos e Inglaterra han concedido premios a la paz y los derechos humanos a Paul Kagame y otros dignatarios de su gobierno que, por cierto, sigue sosteniendo militarmente a un criminal de guerra como el general tutsi Laurent Nkunda que ha desatado la última guerra en la región del Kivu, en el Congo.

Ironías del destino, quizás los mayores beneficiados de la detención de Rose Kabuye hayan sido los dirigentes ruandeses, quienes han sabido desviar la atención de la diplomacia y la prensa internacional, los cuales, en lugar de ir al fondo del problema en el Congo y destapar que es Ruanda quien a provocado la guerra para poder seguir esquilmando sus riquezas minerales (especialmente el preciado coltán) que después venden a países occidentales a buen precio, han dirigido su atención a la detención de una mujer que tiene cargos que responder ante la justicia.
Un último dato: Uno de los testigos clave para que el juez Bruguière abriera su caso fue el antiguo oficial del Frente Patriótico Abdul Ruzibiza, actualmente exiliado en Noruega. Ruzibiza escribió en 2005 un interesante libro de más de 500 páginas titulado Ruanda. L´Histoire Secrete. En él, narra con todo lujo de detalles muchos de los crímenes contra la población civil (incluidos misioneros españoles) cometidos por el Frente Patriótico. Y da pelos y señales sobre cómo un comando del RPF (en el que estaba Rose Kabuye) disparó dos misiles contra el avión presidencial, para de este modo desatar una masacre contra los tutsis y tener ellos una justificación para conquistar el poder por la fuerza. Ruzibiza acaba de retractarse de su testimonio, algo que según fuentes bien informadas se debe a las amenazas que ha recibido por parte del gobierno ruandés sobre posibles represalias contra su familia en Ruanda.



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