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Inicio > REVISTA > Opinión >

La administración pública de Kenia por fin se enfrenta a la realidad del tribalismo
17/01/2008 -

Las disputadas elecciones presidenciales en Kenia han provocado una oleada de enfrentamientos étnicos que han azotado su territorio a lo largo y ancho, con desastrosas consecuencias humanitarias.

Los seguidores del Partido Democrático Naranja, han protagonizado violentas protestas por creer que las elecciones han sido manipuladas a favor del Presidente Mwai Kibaki Mungiki, según se informó había milicias sueltas con una misión para matar.

La Comisión Electoral de Kenia admitió anomalías en el recuento de los resultados presidenciales, mientras que los líderes de la oposición y los observadores electorales citaban que había habido diferencias en algunos de los resultados finales anunciados por los comisarios y los leídos en los distritos electorales.

Kenia nuca había presenciado escenas de semejante violencia y bestialidad, como la destrucción gratuita y el salvajismo despiadado. Debemos culpar de todo ello al tribalismo político. Y el tribalismo es un fenómeno verdaderamente complejo en Kenia.

En los grandes grupos étnicos, habrá grandes distinciones por motivo de sexo, clase, religión o dialecto. Pero cuando se trata de una competición política y políticas electorales, todas estas distinciones serán suprimidas y los grupos étnicos se proyectan como entidades homogéneas.

El odio tribal y la lealtad regional están carcomiendo poco a poco la unidad y la integridad del país. El tribalismo impregna cada aspecto de la vida en Kenia. Incluso abunda en la propia iglesia.

Efectivamente, las mayores fisuras tribales de la vida política del país son fielmente reflejadas por las posiciones que toman varias secciones del clero sobre cuestiones públicas y controversias.

La vida académica está llena de tribalismo. La llamada sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales están metiendo el dedo en la llaga de heridas tribales.

Claramente, hemos llegado al punto en que no podemos seguir escondiendo el factor tribal bajo la alfombra, haciendo con que no existe.
¿Cómo podemos manejar el tribalismo y la competitividad étnica? No puedo decir que tenga todas las respuestas.

La reforma constitucional y los sistemas de introducción que promueven la inclusión y el reparto de poder son claramente parte de la solución. Reducir los poderes del Presidente poniendo fin a su control sobre los recursos de influencia es otra.

Pero, incluso más importante, y a un nivel personal, necesitaremos enfrentarnos al afianzamiento de perspectivas. Las actitudes y el estado de ánimo de la gente tendrán que cambiar.

El famoso jurista indio, Nanj Palkhivale, no pudo explicarlo de manera más sucinta. “La integración nacional nace en el corazón de los ciudadanos. Cuando lo hace, ningún Gobierno, ni ejército, ni constitución puede detenerlo”.

El estado mental de la gente precede al estado en sí mismo. Si existe una lección que aprender de la violencia postelectoral, es que el alma de Kenia aspira a la integración y asimilación.

Debido a la violencia postelectoral, el sector corporativo está empezando ahora a apreciar cómo la polarización étnica está afectando a su trabajo. Existe un conmovedor ejemplo, el del director gerente de una enorme granja de flores, en la provincia central de Kenia, cuya dirección ha decidido adoptar una nueva estrategia.

El jefe de la compañía, que exporta un gran volumen de flores a Europa diariamente y emplea a 1.800 personas de todas las comunidades de Kenia, tiene un dilema. Su personal está dominado por los Kikuyu, Luo, Luhya, Kalenjins y Kisii.

El jefe dice que la polarización étnica que actualmente copa la sociedad keniata ha tenido un precio entre su personal que afecta negativamente a la motivación. La desconfianza mutua entre los miembros de las diferentes tribus en su trabajo ha alcanzado un punto en el que está empezando a afectar a la productividad.

La pasada semana, este directivo dijo a los periodistas de ‘East African’ que, por consiguiente, había pedido a su departamento de bienestar que pusiese en marcha seminarios de sensibilización y sanación entre los miembros de las diferentes tribus en la compañía.

Desafortunadamente, el tribalismo y los recelos mutuos entre etnias entre el personal no es algo que se resuelve con uno de esos materiales estándar que normalmente te dan los consultores de gestión.
La Administración Pública de Kenia está despertando a la realidad de cuánto pueden afectar a la productividad en los trabajos los conflictos étnicos y políticos.

Muchas compañías con sucursales por toda Kenia ya están siendo obligadas a transferir apresuradamente a empleados a partes del país que se consideran seguras para algunas tribus en particular.
En las próximas semanas, el reto para muchas organizaciones corporativas será cómo asegurarse de que las tensiones étnicas dentro de su personal no precipitan inestabilidad industrial y que el ambiente cargado étnicamente no sea utilizado por los directivos con mentalidad contaminada tribalmente, para perseguir a los trabajadores cuya tribu se crea que ha perdido en las recién celebradas elecciones.

Debemos exorcizar el fantasma del tribalismo, en las sociedades públicas y en el sector corporativo, necesitaremos empezar a pensar cómo construir una confianza mutua entre las diferentes comunidades étnicas, mostrándonos sensibles al factor étnico.

Debemos promover la proporcionalidad en la asignación de medios y puestos de trabajo en el sector público. Si como alguien en una posición de responsabilidad te encuentras al frente de una junta de una sociedad pública donde los negocios se pueden hacer en una lengua vernácula, debes hacerte algunas preguntas seriamente.

Como nación, hemos permitido que los valores del interés personal y la meritocracia se apoderen de nuestras almas. Hoy, todo lo que se quiere hacer es ascender lo más alto posible y una vez allí, dar una patada a la escalera.

La práctica de la caza furtiva del sector privado y el nombramiento de personas para puestos públicos por méritos es innegable. Pero en la Kenia dividida étnicamente, sólo los méritos no pueden ayudar a abordar la percepción profundamente arraigada de discriminación étnica y las desigualdades.

Tenemos que esforzarnos constantemente por encontrar el equilibrio entre el merito y la integración. A la larga, son los pequeños gestos los que ayudan a curar la desconfianza étnica.

En los últimos años, el sector público de Kenia ha estado invadido por personas con ambición meritocrática, presidentes traídos del sector privado por caza talentos y lanzados a los puestos públicos sólo por sus méritos, sin considerar el efecto de estos nombramientos sobre la necesidad de mantener un equilibrio en la aritmética étnica de los nombramientos públicos.

Hoy, funcionarios de carrera se ofenden mucho por estos tipos “Dream Team”. Se les considera engreídos y arrogantes, compañeros que entran en el servicio con la noción de que tales nombramientos son una recompensa por su preparación en el sector privado y por poseer unos cerebros mejor dotados que los de los funcionarios normales.

En la administración pública, estos nombramientos han tendido a alimentar muchos resentimientos. Invariablemente, se culpa al tribalismo de tales nombramientos.

Hoy, la mayoría de los secretarios permanentes son compañeros traídos del sector privado por cazadores de talento. Se ha convertido en algo muy difícil para los funcionarios de carrera ascender a lo más alto.

Jaindi Kisero

jkisero@nation.co.ke

Publicado en el ‘East African’ del 14 de enero de 2008.

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