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Introducción a la filosofía africana : Un pensamiento desde el cogito de la supervivencia, de Fernando Susaeta Montoya
16/05/2011 -
Filosofía africana

Esta obra ofrece un recorrido por la filosofía africana negra, desde su origen hasta hoy, con una clave hermenéutica precisa: “el cogito de la supervivencia”. El anhelo del pueblo negroafricano por sobrevivir, frente a un mundo occidental que durante siglos lo ha explotado, y para ello, infravalorado, es lo que ha permitido el surgimiento de una filosofía africana como expresión de una sociedad que no solo reclama identidad, sino también su liberación. El progreso de África pasa por recobrar, en primer lugar, su dignidad, Y esta dignificación requiere, necesariamente., la recuperación de su cultura, la del África negra, que posee su propio pensamiento, su propia filosofía, su propia concepción de la vida, de la muerte y del más allá.

Fue en los primeros días del mes de enero del año 2007 cuando puse por primera vez mis pies en el continente africano. En concreto, fui invitado por la Conferencia Episcopal del Chad para impartir clases de filosofía en el Seminario Nacional de aquel país. Preparando los cursos me acompañaba siempre esta cuestión: ¿puede la filosofía occidental, de la que yo estoy imbuido, adecuarse a la cultura africana? O, en otras palabras, ¿existe una filosofía africana?

Esta inquietud me llevó a preguntar sobre la identidad de la filosofía africana a diferentes profesores universitarios españoles así como a manuales o libros filosóficos en lengua castellana. Pero resultó que esta doble fuente a la que acudí era, en su gran mayoría, absoluta desconocedora tanto de la existencia de una filosofía africana como de su contenido propio.

Los meses de estancia en el Seminario Nacional del Chad, que cuenta con una magnífica biblioteca, me permitieron conocer no sólo la existencia de una filosofía específicamente africana sino la posibilidad de adentrarme en su problemática. Una filosofía, la del África negra, con una larga historia y que sigue luchando creativamente por servir a su gente.

Este libro, que hoy presentamos, es el fruto granado de estos cinco años de contacto con África; y su finalidad es clara: ofertar, aunque seguramente con muchas deficiencias y lagunas, una sencilla introducción a la filosofía africana, tan desconocida en la sociedad española. No intentamos, por tanto, abarcar científicamente la problemática e identidad de esta filosofía en su integridad, ni siquiera analizar críticamente todas las múltiples corrientes filosóficas existentes así como a sus autores y obras. Nuestro objetivo es más humilde: iniciar un recorrido por la filosofía africana negra, desde su origen hasta hoy, con una clave hermenéutica precisa: el ‘cogito de la supervivencia’. El anhelo del pueblo negroafricano por sobrevivir, frente a un mundo –el occidental- que durante siglos le ha explotado y, para ello, infravalorado, es lo que ha permitido la emergencia de una filosofía africana como expresión de una sociedad que no sólo reclama su identidad sino también su liberación.

Trabajo éste no fácil, puesto que pretender adentrarse en una cultura ajena (un español hablando sobre África) no deja de ser una gran temeridad, por lo que no cabe sino apropiarnos del consejo del presidente de Zambia, Kenneth D. Kaunda, recogido en su conocida obra, Carta a mis hijos: “Por eso os pido que tengáis la valentía de arriesgaros a fracasar. No es limitéis a actuar sobre seguro para obtener un modesto éxito si hay alguna posibilidad de lograr algo de mayor valor corriendo un riesgo prudente”. No olvidemos que si queremos que progrese, África debe recuperar, en primer lugar, su dignidad. Y esta dignificación pasa, necesariamente, por la recuperación de su cultura (en donde queda enmarcada su filosofía). Una cultura, la del África negra, que posee su propio pensamiento, su propia filosofía, su propia concepción de la vida, de la muerte, del más allá…

Esta obra se encuentra dividida en seis apartados o capítulos.
En el primero titulado, ¿Existe una filosofía africana? Precisión de conceptos, establecemos las coordenadas sobre las que se cimienta esta obra: qué entendemos por filosofía y, más en concreto, qué entendemos por filosofía africana. Precisar, aunque sea brevemente, qué es filosofía y qué entendemos por africana, ayudará a despejar muchos interrogantes. Recordemos que durante siglos la existencia de una filosofía africana fue cuestionada (e inicialmente negada), e incluso al día de hoy no es evidente para todos. La apuesta del libro por tanto es clara: frente autores, muchos de ellos tan prestigiosos como Ferran Iniesta o José Luis Soliño, que niegan la categoría de filosofía , mi opción, de la mano de autores africanos, es justamente la contraria. Si la filosofía es un esfuerzo de reflexión sistemática y racional sobre el sentido global de la existencia humana y del mundo que nos envuelve, se comprueba que la noción de filosofía negro-africana (o, simplemente, africana) está presente en la obra de muchos autores africanos. Considero que hablar de filosofía africana es más respetuoso y coloca a los africanos en pie de igualdad con los europeos y otros pueblos del mundo, que el hecho de reducir su obra a ‘pensamiento’ con ánimo de distinguirlo del quehacer propio del occidental: la filosofía.
En el segundo capítulo, El ‘cogito de la supervivencia’ como clave hermenéutica, mostramos que la filosofía africana sólo puede ser entendida desde el combate por la supervivencia que el pueblo africano ha mantenido desde hace siglos. Apostamos por afrontar el análisis de la filosofía africana no sólo como el debate sobre el sentido o identidad, sino principalmente como el combate por su propia supervivencia. Consideramos que esta clave lo irradia y explica todo. Puesto que si es difícil que se desarrolle en un contexto de aniquilación de la humanidad y de mutilación de instituciones (como se produjo durante la esclavitud y, en gran medida, durante la colonización y su desarrollo: apartheid, partidos únicos en África, pobreza generalizada, guerras ininterrumpidas, violación sistemática de los derechos humanos…), lo cierto es que el milagro de la filosofía se hizo realidad en África desde siglos de sufrimiento. Por eso sólo se podrá comprender en su globalidad desde el ‘cogito de la supervivencia’ que la hace capaz de tomar vida propia.

Esta clave no ‘inventa’ de forma subjetiva ni la historia ni la cultura del pueblo africano, sino que la recrea, dando nueva vida, a su realidad. La resistencia al proyecto aniquilador que se les quería imponer desde fuera, hace que la filosofía africana narre un nuevo filosofar (una filosofía propia e independiente). Frente a la postura de los que niegan o cuestionan la capacidad filosófica de los negros, el negro-africano se autocrea filosofando; es más, se podría afirmar con razón que la filosofía permite la supervivencia y ésta crea la filosofía. De suerte que en el ‘cogito de la supervivencia’ se condensa todo un esfuerzo y proyecto filosófico.

Esta clave hermenéutica exige ineludiblemente Revisitar el pasado (recogiendo sus mayores glorias), haciéndole revenir al presente conduce al pueblo africano, frente a un pensamiento monolítico e impositivo (el occidental), a escribir/mostrar la propia filosofía desde su especificidad propia, de suerte que vuelva cada cosa a su propio estado. En el tercer capítulo mostramos en cuatro episodios históricos (que son: Etiopía y Egipto, la Negritud como identidad, African Personality y el Panafricanismo) el esfuerzo de la filosofía africana -impulsada lógicamente por el ‘cogito de la supervivencia’- por revisitar su pasado con ánimo de mostrar al mundo no sólo que no se siente inferior al resto sino que posee una gran riqueza cultural histórica. De forma breve, quiero hacer expresa mención de la importancia de Egipto para la filosofía universal.

Egipto va a jugar para la cultura negroafricana, el mismo rol que la antigüedad greco-latina en la cultura occidental; incluso más, frente al milagro griego del siglo V a. de C., estamos hablando de la presencia cualificada del negro en torno al año 3.000 antes de Cristo. Para ello, los filósofos africanos prueban que históricamente en Egipto durante siglos reinaron Faraones negros provenientes de Nubia, e igualmente que sus grandes intelectuales eran negros. A continuación establecen una distinción lingüística entre origen y comienzo. El ‘comienzo’ hace referencia al momento del nacimiento histórico de la filosofía, mientras que el ‘origen’ reenvía a las explicaciones plausibles que permiten que emerja el comienzo. Lo demostrable al día de hoy es que la filosofía ‘comienza’ en Egipto en torno al año 3.000 antes de Cristo en los santuarios subterráneos de Tebas (aunque se conoce la existencia de otras escuelas filosóficas como Hermópolis, Amarna, Menfis o Heliópolis). Otra cosa sería el tema del ‘origen’ que probablemente habría que buscarlo fuera de Egipto, en concreto en Etiopía. En síntesis: Etiopía sería el origen de la filosofía, Egipto el comienzo y Grecia el re-comienzo (con dependencia egipcia).

En el cuarto capítulo, mostraremos una filosofía de liberación económica-político-social de influencia principalmente anglófona, para continuar en el quinto capítulo con una filosofía de afirmación de tradición francófona (donde la figura del franciscano belga Placide Tempels y su conocida obra, “La filosofía Bantú” (publicada en 1949), se convierte –para bien o para mal- en referencia inevitable; su método de trabajo inspirado en la etnología , ha llevado a calificar su filosofía y la de sus continuadores como etnofilosofía).

Concluimos este ensayo, con el sexto y último capítulo titulado Los lugares filosóficos de la actualidad, donde encontraremos las grandes líneas de reflexión a principios del siglo XXI, y que hemos aglutinado en siete corrientes: en primer lugar, reseñamos la corriente de relectura de la etnofilosofía frente a la eurofilosofía que critica a los críticos de la etnofilosofía acusándolos de ser representantes de la ideología de la clase dominante al mismo tiempo que defiende vigorosamente la filosofía africana tradicional; en segundo lugar, presentamos la reivindicación de la diferencia como manantial de reflexión de lo específico africano; frente a la tentación de esta nueva etnofilosofía encontramos igualmente filosofías que se organizan y piensan desde lo universal, desde lo que unifica al hombre y a la sociedad mundial; la cuarta gran línea filosófica lleva como título la tradición como hermenéutica, se trata de un modelo a medio camino entre los dos anteriores (desde lo particular pensar lo universal); en quinto lugar, establecemos como afropesimismo, el sentir de un cierto número de pensadores que hacen radicar en África misma la razón de su pobreza y subdesarrollo; de influencia principalmente, pero no exclusiva, anglófona, descubrimos como sexta gran línea la corriente de la razón política, cuyo objetivo no es tanto la identidad cuanto la búsqueda de la liberación y el desarrollo; por último, mencionaremos una corriente filosófica construida desde los márgenes, es decir, más allá de la racionalidad occidental y desde el acontecimiento (o institución) concreto.

Consideramos que este análisis crítico de la filosofía africana negra desde el ‘cogito de la supervivencia’ podrá aportar a los lectores un doble enriquecimiento: por un lado, a los amantes de la cultura filosófica puesto que toda nueva perspectiva amplía el conocimiento de la realidad y sus posibilidades; y, por otro, como apuesta reivindicativa por una mayor dignidad de los africanos, a los que tantas veces hemos arrancado o vejado su humanidad.

Ya el sabio romano Plinio el Viejo nos decía: “Ex Africa semper aliquid novi” (“Siempre hay algo nuevo en África” - “Siempre aprendemos algo nuevo sobre África”). Traemos a colación este antiguo proverbio porque tal vez nuestro conocimiento general de África puede ser unilateral (o, si se prefiere, desde una óptica occidental). Sin embargo, otra África puede ser posible. Frente a los afropesimistas que sólo descubren un continente de pobreza estructural, que no logra sacudirse de la opresión de los mandatarios ni librarse de la fatalidad de los acontecimientos, es necesario reseñar la corriente de pensamiento contraria: los afro-optimistas. Un claro exponente de esta corriente lo encontramos en el que fuera Presidente de la República de Mali entre 1992 y 2002 y hasta el 2005 Presidente de la Comisión de la Unión Africana, Alpha Oumar Konaré, que solía repetir que no hay futuro sin África. En una conferencia que recientemente impartió en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) dijo:

“África es un gran país con más de 30 millones de kilómetros cuadrados. Se estima que, dentro de 30 años, África será la segunda o la tercera potencia en número de habitantes, detrás de la India y de China. Los africanos seremos casi 1.500 millones. En 2050, por lo menos seis países africanos tendrán más de 100 millones de habitantes (Nigeria, Congo, Etiopía, Egipto y Uganda). Además, contaremos con la población más joven del mundo. Y esto es una ventaja. Dentro de 25 o 30 años, seremos la mayor obra del mundo, porque en África hay que hacerlo casi todo. No puede haber futuro sin nosotros, sin nuestras materias primas, sin nuestra juventud, sin un medio ambiente equilibrado en África. Hoy, la situación en África es dura, muy dura; pero no hay futuro sin África. Si la situación en África sigue degradándose, ningún continente estará a salvo. Menos aún nuestros vecinos europeos, porque están al lado”.

Quiero terminar esta sencilla presentación de mi libro, presentándoos una forma de hacer filosofía africana. Gráficamente da vacaciones a la lechuza Minerva, para adoptar el gallo como símbolo de un renacimiento filosófico definitivo. Se expresa así:

“En nuestros pueblos, el gallo es el que despierta, el que incita a trabajar. Es el que recuerda el acontecimiento de un día nuevo. El gallo es el que recuerda constantemente, durante la jornada, que el tiempo pasa. En otro orden, el gallo es el que, incluso estando solo en un gallinero, fecunda a todas las gallinas asegurando la renovación y la continuación de la vida. Por todo ello se comprenderá que el gallo, representando la orden de los Gallináceos, haya forjado el calificativo de ‘gallinácea’ para calificar esta filosofía matinal, esta filosofía de la aurora con la que nos comprometemos. Nuestro pueblo ha sido víctima de la alienación. Nuestro pueblo lucha hoy por su recuperación, por su liberación cultural, por su desarrollo y por su equipamiento técnico. Nosotros tenemos que ser los que vamos a tenerle en vigilia, los que vamos a despertarlo cada vez que se adormile”.

La filosofía gallinácea obligatoriamente tiene que dar sus frutos, es la imagen de la búsqueda de una filosofía funcional. Testigo firme de una reflexión de los problemas prácticos como la liberación, la democratización política, el desarrollo, las crisis morales, el cambio del orden social, el trabajo, la justicia, la literatura religiosa, el renacimiento cultural… y otros muchos problemas vivenciales.

Vivimos en una sociedad plural, donde la reivindicación del diálogo es incuestionable. La esencia de la verdad consiste en estar compartida, nos recuerda Franz Rosenzweig. La fidelidad a esta máxima llevó a este judío alemán a la convicción de que su homenaje al cristianismo consistía justamente en seguir siendo judío. El hombre actual necesita dialogar con el otro y occidente no puede cerrarse a otros modelos culturales. Tal vez la fidelidad a esta lógica de diálogo nos lleve a cada uno de nosotros a homenajear (es decir, conocer, valorar, comprender, meditar, enriquecernos…) con la filosofía africana, o china, o india siendo justamente cada día mejores occidentales (es decir, transformados positivamente por la pro-vocación de las corrientes filosóficas que nos llegan de afuera, de suerte que nos ayudarán a enriquecer nuestra propia identidad). Sólo una espiritualidad y praxis de diálogo filosófico eliminará en nuestra cultura el peligro de la intolerancia, que impondrá necesariamente la acogida sincera del Otro u otros. Nuestra África nos provoca cada día con su pertinaz lucha por sobrevivir, por su esfuerzo por crear una sabiduría capaz de construir un hombre auténtico, responsable, libre, solidario y universal. Occidente tiene que acoger esta provocación, y de esta manera todos ganaremos.

Ojala pues que las relaciones –tanto culturales como sociales- con nuestros hermanos africanos sean cada día más profundas, y de esta manera los temores más lejanos.

Fernando Susaeta Montoya

FERNANDO SUSAETA MONTOYA

Nace en 1966 en Miranda de Ebro, y tras realizar sus estudios en el Seminario de Burgos es ordenado sacerdote en 1993. Diócesis en donde continúa ejerciendo su ministerio, en concreto en la comarca del Arlanza. Tras realizar los cursos de Licenciatura en el Instituto Católico de Teología de Lyon (Francia), alcanza el grado de Doctor en Teología Espiritual por la Facultad de Teología de Burgos (en 2002) y Doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca, concediéndosele el Premio Extraordinario de Doctorado (en 2006).

Al día de hoy compagina su ministerio sacerdotal en el mundo rural junto con la enseñanza en la Facultad de Teología de Burgos y en el Seminario Nacional St. Mbaga Tuzindé en Sarh (Chad-África). También imparte algunos cursos, como Personajes ilustres de Castilla y León (2009-2010) o Historia de las religiones (2010-2011), en la Universidad de la Experiencia de Burgos.

Cinco quehaceres culturales le han conducido hasta hoy:

- La comprensión y divulgación de la cultura rural castellana.
Que se expresa tanto en el ejercicio concreto de su ministerio presbiteral en los pueblos (Villahoz, Tordómar, Santa Cecilia, Royuela de Río Franco, Pinedillo y la Veguecilla), y a los que dedica la mayor parte de su tiempo (en actividades como sacramentos, catequesis con los niños, animación de grupos de adultos, charlas…); junto con su pertenencia al equipo redactor y colaborador habitual desde hace 12 años en la revista bimensual ‘El Trigarral’, cuyo objetivo es la reflexión y divulgación de la Cultura Campesina.

- La reflexión sobre una teología espiritual contemporánea.
Como queda constancia en su libro Las metáforas del Don. La teología de Ch Duquoc como presupuesto de una espiritualidad actual (2006) o artículos como La espiritualidad del presbítero como búsqueda de la armonía activa (1998). Christian Duquoc: constructor de una teología desde el Espíritu (2003).

- El análisis y divulgación del pensamiento filosófico español de la actualidad.
Fiel reflejo de esta convicción son su libro La conciencia trágica en Fernando Savater y Marina (2006) o artículos como La conciencia trágica en José Antonio Marina (2004), Una interpretación filosófica del cristianismo. ‘Por qué soy cristiano’ de J. A. Marina (2006), La conciencia trágica en Fernando Savater (2007), Religión de un Ateo: el Paganismo. Relectura del Pensamiento Religioso de Fernando Savater (2007), De la transgresión a la reconciliación. La evolución de la experiencia trágica en Fernando Savater (2008), El proyecto filosófico de José Antonio Marina. ¿Puede la inteligencia hacerse razón? (2008). Presentación de José Antonio Marina Torres (2010).

- El diálogo cultural con África Negra.
Desde 2007 es profesor invitado del Seminario Nacional del Chad (África), al que acude cada año para impartir cíclicamente cursos de Filosofía como la Epistemología, Teodicea y Filosofía de la Naturaleza y de la Ciencia. Acudir regularmente un par de meses a este país africano le ha permitido adentrarse en ese mundo cultural tan lejano a Occidente. Fruto de este diálogo cultural son algunas de sus últimas publicaciones: su libro Una introducción a la filosofía africana. Un pensamiento desde el ‘cogito de la supervivencia’ (2010) o artículos como Experiencias de sentido para alcanzar la plena humanidad. Njoh-Mouellé y Eboussi Boulaga: repensar el sentido a los 50 años de la Independencia del Camerún (2010)

- El problema del Dialogo
Últimamente, sin abandonar las reflexiones citadas, polariza su atención el problema del Dialogo, principalmente en la vertiente religiosa. Desde hace más de 10 años es participante del Simposio que cada curso organiza el Instituto Católico de París sobre actualidad ecuménica. Y se encuentra ultimando la publicación de un libro sobre El diálogo interreligioso, que desde hace años viene reflexionado como lo muestra algunos artículos ya publicados: Babel y Pentecostés como clave de una teología de las religiones. En torno al ‘Unique Christ’ de Christian Duquoc (2003), El ecumenismo en la experiencia de la misión (2010).


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