En cumplimiento de la legislación vigente, solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web.
Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies
Más información
| ACEPTO

Fundación Sur
REVISTA
Radio
Foro de Emprendedores

África en la Escuela
AfroIslam
Taller de Radio


Búsqueda personalizada


Blog Académico
Africanos en Alemania : La estigmatización de los bastardos de Renania, por Carlos A. Font Gavira
...leer más...
El candomblé y el tiempo, por Reginaldo Prandi
...leer más...
Estrategia para un objetivo preciso: el pueblo, sujeto soberano de la democracia, por Benjamín Forcano
...leer más...
La miopía política de España en el Sáhara y el surgimiento del Frente Polisario
...leer más...
Consecuencias de la decisión de Trump de reconocer la soberanía marroquí sobre los territorios ocupados del Sahara Occidental
...leer más...

Blog Académico

Noticias
Las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en los parlamentos de todo el mundo
...leer más...

La ONU alega crímenes de guerra en Tigray (Etiopía) e insta la salida de Eritrea
...leer más...

¿Quiénes son los “bandidos” detrás de los secuestros en masa en Nigeria?
...leer más...

Premio Les Margaret 2021, dos mujeres de Benín entre las once africanas nominadas
...leer más...

Tanzania prioriza proteger a la población más joven
...leer más...

Los esfuerzos de una mujer para restaurar la vida de otras mujeres tras el genocidio ruandés de 1994
...leer más...

Enmiendas a una compasiva Ley Contra la Violación en Namibia
...leer más...

Al menos 17 muertos en una serie de explosiones en Guinea Ecuatorial
...leer más...

12 pasos para cambiarse a sí mismo y al mundo, de Patrisse Cullors
...leer más...

Se teme por la vida de dos mujeres activistas garífunas detenidas por la policía hondureña
...leer más...

Reckya Madougou, líder del partido demócrata de Benín, arrestada y puesta bajo custodia
...leer más...

El optimismo del gobierno de Sierra Leona y la situación actual del país no concuerdan
...leer más...

Objetivo reducir la contaminación en el Lago Victoria
...leer más...

El presidente Macron reconoce oficialmente el asesinato de Ali Boumendjel
...leer más...

La Corte Suprema de Ghana confirma la reelección de Nana Akufo-Addo como presidente
...leer más...


Noticias

Inicio > Bitácora africana >
-

Ordoñez Ferrer, Carlos

Carlos Ordoñez Ferrer como él dice "Antes fui realizador de televisión. Ahora soy activista, viajero y escribidor. Es mejor para la salud" .

Colaborador de MUGA El Centro de Estudios y Documentación sobre Inmigración, Racismo y Xenofobia, MUGAK, impulsado desde SOS Arrazakeria, Organización que viene desarrollando su labor desde 1995.

Carlos Ordoñez Ferrer ha pasado nueve meses en Mozambique tiempo en el que ha escrito su blog Mozambiqueando que a partir de ahora podremos encontrar en nuestra página web

De vuelta a España realizó el Master "Información Internacional y países del Sur" de la Universidad Complutense de Madrid

Ver más artículos del autor


Ilha Moçambique, por Carlos Ordoñez Ferrer

4 de febrero de 2010.

Los árabes llegaron en el año 900. Seis siglos más tarde, los colonos portugueses los expulsaron y se hicieron dueños de lo que tampoco era suyo. Nos encontramos es uno de los lugares más legendarios del norte del país. Punto donde convergieron navegantes chinos, hindús, europeos, árabes. Fue capital del país antes que Lourenço Marques, la posterior Maputo. Ilha Moçambique es una isla de 400 metros de ancho por cuatro kilómetros de largo. Está unida al continente por un curioso y estrechísimo puente de tres kilómetros. A nuestra llegada, un atardecer de lujo anaranjaba y enrrojecía el cielo. El mismo que vemos Oscar y yo.

El entorno es de una belleza difícil de adjetivar. Playas vírgenes que se visitan con los dhow, los barcos de vela más hermosos del mundo. Rincones mágicos para el submarinismo. Aguas tan trasparentes como el oxígeno.

La ciudad, ¿cómo lo diría? Es un decorado de postguerra. Su arquitectura da muestra de una prolongada presencia colonial. Una localidad de edificios decadentes, desgastados, carcomidos. Dentro de sus paredes de piedra hay supervivientes alrededor de pequeñas hogueras. No se escuchan ráfagas ni cañonazos. Las bombas del tiempo son silenciosas. Ahí está el hospital más importante que tuvo África. Hoy, entre sus columnas enmohecidas y paredes sin restaurar dormitan los enfermos a la espera cualquier milagro.

Nos alojamos en la posada Casa Gabriel, un arquitecto italiano que lleva casi una década aquí. Uno de esos curiosos seres que es capaz de convivir a un palmo de la miseria y dormir a pierna suelta. Pero un tipo simpático y acogedor. Su pensión nos reconforta después de seis horas de viaje desde Pemba. Se encuentra a diez metros de la Mezquita. Su ulema nos recordó a las cuatro de la mañana a través de los altavoces que Dios es Grande. Ahora que el papa católico acaba de decir que el infierno existe y es un lugar físico, no me atrevo a cuestionar asuntos de tamaño.

Al día siguiente alquilamos un dhow. La tripulación la componían Mamude (el relaciones públicas), Zè (el capitán de 19 años que sólo hablaba cuando era necesario que el pasaje nos sentáramos a un lado o al otro de la embarcación para facilitar las maniobras), Salufa (el segundo a bordo) y Yusuf (un simpático marinero principiante). Los pasajeros éramos Viola, Fer, Edna y un servidor. Fuimos primero a Carrusca. Una playa con una piscina natural entre rocas. He de reconocer que soy un soberano miedoso con el agua. Sin embargo, esta vez, me puse las gafas de bucear y nadé entre peces de los colores más hermosos. Me encantó la experiencia. Volvimos al dhow y fuimos a Varanda, otra playa donde un restaurante nos invitó a sentamos a comer. Cuando llevábamos más de una hora y varias cervezas esperando al pescado, le dijimos al camarero que teníamos algo de prisa, ya que la marea bajaba y nuestra embarcación debía de salir. “Aún no han empezado a hacer lo de ustedes” fue la respuesta. Un turista con prisa y quince días de vacaciones hubiera montado un follón de campeonato. Nosotros, en nuestro proceso de adaptación nos fuimos con el estómago triste y la cabeza alegre por las cervezas. Tuvimos que caminar largo rato entre los manglares ya que la embarcación había debido retirarse a la par que la marea. Teníamos el viento en contra, pero la pericia de nuestra tripulación consiguió regresar al puerto de Ilha a punto de anochecer.

Al desembarcar nos esperaba Dominão, un jovencito de diez años. “Quiero que me regale unas sandalias” me dijo. Miré sus pies descalzos. Obviando toda reflexión acaté su requerimiento.

Nos acercamos al jardín de la memoria. Un patio financiado por la UNESCO que recuerda que este lugar fue uno de los principales puertos de tráfico de esclavos. Una placa cuenta que “…centenas de milhares de mulheres, de crianças e de homens transitaram pela Ilha. Eles eram armenazados, vendidos e depois levados à várias partes do mundo, como às Ilhas do Océano Índico, América do Sul e do Norte…”. Antes, este “viaje” era obligatorio. Ahora la migración está criminalizada. Especialmente en los países que practicaron la esclavitud.

Esa noche caminé entre las calles silenciosas. Multitud de personas dormían sobre esterillas en el suelo, a las entradas de las casas, junto al hospital, en las esquinas sin alumbrar. Mi corazón iba encogido. No me quise hacer más preguntas y me fui a dormir.

Estábamos en uno de los lugares más hermosos del norte de Mozambique. Destino turístico. Historia viva. Donde ese Dios tan Grande hace tiempo que no viene.



Comentarios
Las opiniones expresadas en estos comentarios no representan necesariamente el punto de vista de la Fundación Sur. La Fundación Sur no se responsabiliza de las opiniones vertidas por los usuarios