Europa frente a la crisis de acogida de inmigrantes (parte 1/2)

30/07/2020 | Crónicas y reportajes

inmigrantes_emigrantes_cc0-2.jpgÁfrica está en movimiento pero, en contrapartida a esa idea que tenemos de que todos los africanos vienen a Europa, cerca de la mitad de africanos migran dentro del continente. El Magreb, los países del Golfo y América del Norte son también destinos migratorios para los africanos. Sin embargo, aquello que llamamos “crisis migratoria” se sitúa entre África subsahariana y el Magreb, además del Mediterráneo; o entre Oriente Próximo y Medio y Europa oriental.

Crisis migratoria en el mediterráneo

Todo el sur del Mediterráneo recibió durante los años 2010 una ola de turbulencias que trajo movimientos migratorios, desde el Oriente Próximo hasta el Magreb. En un primer momento fue debido a las revoluciones árabes, por las que un grupo de tunecinos (algunas decenas de miles) emigraron a Italia y a Francia; mientras que en Túnez se instalaron cerca de 800.000 libios. Posteriormente, Francia cerró la frontera con Italia en Ventimiglia, lo cual provocó que en ambos países se abrieran debates políticos que denunciaban una amenaza de invasión.

La segunda ola de refugiados, mucho más importante, tuvo su origen en la crisis siria. Esta oleada se produjo entre 2014 y 2015, con 650.000 solicitantes de asilo en Europa y la llegada de 1,2 millones de personas a las puertas del continente a través de las carreteras en los Balcanes o a través de las islas griegas del Dodecaneso, muy cerca de la costa turca. Durante la crisis, 5 millones de sirios abandonaron su país y se refugiaron mayoritariamente en Turquía, país vecino. Carecían de estado de refugiados ya que Turquía, que firmó la Convención de Ginebra de 1951 sobre el asilo, ha mantenido siempre su reserva geográfica con respecto a los no europeos, a los que no proporciona asilo. Pese a esto, el país acogió a cerca de 4 millones de refugiados sirios, a los que se suman principalmente afganos e iraquís. El resto de refugiados fueron acogidos por Líbano (un millón) y por Jordania (600.000).

En Europa, la crisis ha sido de acogida más que de refugiados debido a la urgencia, ya que la nueva oleada representó, en 2015, 1 millón de personas que se sumaban a los 500 millones de europeos. Alemania acogió tres cuartos de inmigrantes (cerca de 800.000). El verano de 2015 estuvo marcado por los flujos migratorios que surgieron del éxodo a través de la “ruta de los Balcanes”, entre la Tracia griega y turca, Macedonia, Serbia, Hungría y Austria; o a través de Croacia e Italia. Bastantes países europeos cerraron sus fronteras: Bulgaria y Turquía con Grecia o Hungría y Serbia con Rumanía, lo cual le otorgó a la afluencia de refugiados una imagen todavía más impactante.

Se crearon puntos críticos para poder diferenciar a los refugiados de los inmigrantes económicos en Italia (donde llegaban mayoritariamente subsaharianos) y en Grecia, donde se instalaron también campos en las islas. En marzo de 2016 se firmó un acuerdo entre los países europeos y Turquía para que este último acogiera en su territorio a 4,7 millones de refugiados a cambio de 6 mil millones de dólares.

Las islas del mediterráneo fueron las más afectadas por la crisis debido a que la población local vivía casi exclusivamente del turismo estacional y de la pesca. De esta forma, el dilema esta entonces en aportar seguridad en el mar o someterse al cierre de fronteras europeo, acoger con los brazos abiertos a los turistas y acoger discretamente a los recién llegados, tanto inmigrantes como refugiados, tal y como se muestra en tantas películas (Fuego en el mar, Terraferma o La escala). La foto publicada en septiembre de 2015 del pequeño Aylan Kurdi, niño sirio de tres años que iba con su familia desde la costa turca hasta Grecia en un barco que naufragó cerda de Bodrum, impresionó la opinión pública. Sin embargo, esto no hizo que la política de acogida europea cambiara y se seguía viviendo un clima de crisis de solidaridad entre los países del continente para ejercer su hospitalidad y un ambiente de sospecha sobre la naturaleza económica o política del exilio de la gente.

Catherine Wihtol de Wenden

Fuente: Cairn

[Traducción y Edición, Blanca Martínez Salvador]

[Fundacion Sur]


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