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Entrevista a Boualem Sensal : "Hay que liberar el islam"
23 de octubre de 2011

17-10-11

L’Express

Por CARLES GELI (ENVIADO ESPECIAL)

En su obra Calle Darwin, el novelista argelino pinta un retrato formidable de una familia y de un país luchando contra la furia de los hombres.

C.G.: Usted escribe que ha llegado « el tiempo de las mujeres ». ¿Acaso es solamente una fórmula?

B.S.: No. Cuando me pongo a urgar en mi historia, no veo más que mujeres, Yeda, Faiza, Farruya, Karima… En nuestros ambientes tradicionales, los hombres y las mujeres intercambiaban poco, pertenecían a dos universos diferentes. Ellas, siempre estaban en un conciliábulo permanente, sabían un montón de cosas misteriosas, su mundo era complicado, activo. Mientras que los hombres no eran más que sombras. Y posterior, siempre me he mantenido en la misma impresión del vacío de los hombres. Siempre me han parecido unos ‘machistas’, inútiles. A parte de sentarse, tomar un café, comer, dormir, ¿qué hacen otra cosa?

C.G.: Usted ataca al islam y a los imames. ¿Esta fobia es antigua en Ud ?

B.S.: Mi primer contacto con la religión data de la muerte de mi padre, muerto en un accidente de coche cuando yo tenía solo 5 años. Los místicos errantes que vinieron a velar su cuerpo me asustaron. Se me quedó gravado. La religión me parece muy peligrosa por su lado brutal, totalitario. El islam se ha convertido en una ley terrible, que enuncia solamente prohibiciones, rechaza la duda, y donde los integristas son cada vez más violentos. Haría falta que vuelva a encontrar su espiritualidad, su primera fuerza. Hay que liberar, descolonizar, socializar el islam.

C.G.: Dice que su mayor pena es de haber huido durante demasiado tiempo ante el islamismo, de haber mantenido el silencio…

B.S.: La doctrina pretendía que nos habíamos liberado del colonialismo gracias al sable del islam. Por esta razón, y también porque era la religión de nuestros padres, nuncatuvimos el corage de discutir de islam. Era sagrado, como la revolución argelina.

C.G.: Va a recibir en octubre, en la Feria del libro de Frankfurt, el prestigioso premio de la Paz por parte de los libreros alemanes. ¿Le hace feliz y le protege de alguna manera?

B.S.: De hecho, es un gran honor; los únicos francófonos que hayan recibido este premio son Asia Yebbar y Jorge Semprun… Un premio así protege, evidentemente, como toda notoriedad de manera general. Mientras esté entre candilejas, seguro que estaré salvado. Tambien lo están en la misma medida los periódicos francófonos de Argelia que tratan a Buteflika de enano, de granuja. Pero esta situación me pone en mala postura, porque todo esto avala el discurso del régimen sobre la democracia. Esto le conviene al poder, que no teme más realmente más que las revoluciones populares.

C.G.: Efectivamente, ¿cómo explica la “apatía » de los argelinos?

B.S.: Hay varias razones. Primeramente, los argelinos habían intentado una revolución en 1988 y fallaron. Nos hemos quedado con este fracaso que causó 200 000 muertos, una guerra civil, un país destruido, dispersado, atomizado. El régimen argelino ha aplastado las revueltas hasta la última y, en lugar de democracia, ha dado el FIS, los islamistas. Además, el régimen que es inmensamente rico, con más de 150 mil millones de reservas de cambio invertidos en el mundo, ha abierto las espuertas de la importación. Es así como se puede encontrar de todo y con abundancia, y, en el momento que los sindicatos levantan la voz, se aumentan los salarios. En fin, la represión es muy dura. Las 1000 o 2000 personas que manifestaban en la Plaza del 1 de mayo en Argel, estaban rodeadas por 30 000 policias, al mismo tiempo que el ejército bloqueaba todas las entradas de Argel.

C.G.: ¿Sus obras están censuradas?

B.S.:
Casi todos mis libros, sí, especialmente « Argel :lista de correos » y « El pueblo del Alemán”. Sobre todo este último ha sido muy mal recibido por la prensa, que se indignó: ¿cómo se puede atrever a decir que un nazi participó a la revolución? ¿De qué va mezclar la Shoah cuando los palestinos sufren lo mismo hoy en día? No me esperaba a esta ofensiva sistemática, a las acusaciones más inverosímiles. Nadie me ha sostenido. Mi mujer, que es profesora, casi tuvo que dar la dimisión. Por mi parte, fui echado del ministerio de la Industria a causa de mis declaraciones contra Buteflika y el régimen.

C.G.: ¿Todo esto no le empujó a dejar su país?

B.S.: ¡Todas las mañanas ! Todas las mañanas me digo : « Se acabó, estoy cansado, la vida es demasiado dura. He tenido oportunidades extraordinarias, pero no me atrevía a dejar a mi madre sola. Marcharse es bueno, uno sale del teatro de la guerra, entra en la vida normal, pero, después de la fase de alegría, viene la culpabilidad y al final el rechazo. El emigrante se enfurece y grita: ¡“Salid de vuestro fatalismo, luchad! Y algunos vuelven al país y se vuelven más argelinos que los argelinos, más musulmanes que los musulmanes, impartiendo lecciones a los que están allí de siempre. Finalmente, hoy, pienso que es la hora de partir de los hombres del poder. Hemos cedido demasiado, ya no hay que ceder más.


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