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En busca de la verdad en las jurisdicciones Gacaca
28/01/2008 -

1. Introducción

En los años inmediatamente posteriores al genocidio de 1994, la justicia retributiva y la reconciliación fueron vistas por el gobierno ruandés como objetivos que se excluían mutuamente. Posteriormente, un informe de la ONU señaló que se observaba un cambio en el gobierno, en el sentido de incorporar el objetivo de la reconciliación como complementario al de persecución judicial. Esta combinación de reconciliación y persecución por crímenes cometidos va a expresarse para el ruandés ordinario en los tribunales Gacaca.

En el texto que sigue, veremos que decir la verdad es una condición para restablecer las relaciones sociales y desarrollar la reconciliación. Presentaremos las características de las jurisdicciones Gacaca y constataremos que alcanzar otros objetivos de la justicia depende de la verdad establecida y de la manera con que ella ha surgido en los tribunales Gacaca. Mostraremos que establecer la verdad en un ámbito local no sólo es importante, sino que constituye también el aspecto más problemático de los Gacaca, tanto en su propio funcionamiento como en la percepción popular. Lo cual podría poner en peligro el proceso global, ya que el esclarecimiento de la verdad en el nivel local es la piedra angular de todo el edificio. Un análisis de lo que la gente relata en las entrevistas realizadas indica que la revelación de la verdad es muy problemática.

Comparando estudios hechos en 2002 con los de 2006, se observa una evolución positiva en la evaluación de los Gacaca respecto de los tribunales ordinarios. Pero, sin embargo, 8 de cada 10 ruandeses duda de la veracidad de los testimonios (en 2002 eran 6); 9 de cada 10 supervivientes piensa que los acusados mienten; 9 de cada 10 encarcelados opina que las acusaciones son falsas; 7 / 10 que “existe una conspiración del silencio”; 7 / 10 ruandeses piensan que algunos acusados, que habían confesado y roto “la conspiración del silencio” serán víctimas de represalias (en 2002, sólo eran 3); 7 / 10 no quiere participar de manera activa en las jurisdicciones Gacaca. El estudio termina con «los contornos de la verdad».

Nuestra atención se trasladará a la primera fase de los Gacaca: la recogida de información, para comprender el origen de un pesimismo creciente sobre esto tribunales. Hablaremos del “lugar” descentralizado donde debe emerger la verdad, sobre la práctica de la confesión y acusación como fuente de verdad y sobre el entorno sociopolítico, dominado por el vencedor de una guerra, como contexto de la verdad.

El análisis que presentamos se basa en varios meses de trabajo durante la primera fase de los Gacaca. Se ha hecho un seguimiento en varias comunidades y hemos hablado con unos 700 ruandeses en discusiones de grupo, en entrevistas personales y en encuentros informales.

1. Vivir de nuevo juntos: la cohabitación y la reconciliación
Uno de los objetivos de los Gacaca es la reconciliación. Los expertos definen tres etapas: sustitución del miedo por la coexistencia no violenta, establecer la confianza y evolucionar hacia la empatía. En Ruanda, en muchos sitios, hutu y tutsi viven de nuevo juntos y esto no es el resultado de una elección, sino una necesidad. A lo largo de los años, el miedo inicial ha disminuido., aunque las oleadas de liberaciones (desde 2003) de prisioneros, los que habían confesado, ha intensificado el miedo en algunos momentos. Hasta 2005, inicio de los Gacaca, las consecuencias del genocidio eran formuladas como pérdidas materiales y humanas. Existía la desconfianza, pero dormitaba bajo la superficie. La necesidad empujaba hacia una normalidad y cohabitación, ya que la vida en las colinas es muy pragmática. Las tensiones y conflictos quedan apartados, los vecinos dependen unos de otros en su lucha para enfrentarse a la pobreza general.

2. La cohabitación, kubana, es una necesidad, que con el paso del tiempo puede ser menos angustiosa, mientras la reconciliación interpersonal – kwiyunge – es algo que depende del corazón y de las actitudes sentimentales en las relaciones sociales. Los supervivientes tutti, sobre todo, se refieren constantemente al “corazón” – umutima – cuando hablan del pasado y del nivel de confianza con sus vecinos o miembros del otro grupo. A causa de la violencia, “los corazones han cambiado” y bajo cierta normalidad en la superficie, los sentimientos personales no aparecen, “no se puede mirar en el corazón del otro”, que es invisible, y son necesarias interacciones que vayan más allá de las exigidas por la vida cotidiana para apreciar el corazón que la mirada no puede ver. La participación en los Gacaca permite examinar el corazón del otro. Decir, revelar u oír la verdad es una condición para que la confianza aumente, para la reestructuración de actitudes y las actividades de los Gacaca, con confesiones, acusaciones y testimonios (o con el silencio) entran en esa categoría.

3. Las características de las jurisdicciones Gacaca

El diseño o planteamiento de una comisión de la verdad tiene consecuencias serias sobre la naturaleza y resultados del proceso. De manera similar, el funcionamiento de los tribunales Gacaca, su alcance y limitaciones, está definido en primer lugar por la manera como han sido concebidos. Por un lado, porque han sido modelados conforme a Gacaca “tradicionales”, y por otro, porque han sido leyes orgánicas que han definido su competencia y funcionamiento, siguiendo las directrices del Servicio Nacional de Jurisdicciones Gacaca (SNJG).

Los Gacaca están basados en una tradición de resolución de conflictos existente en Ruanda antes de la colonización. Los litigios de familia eran resueltos “sobre la hierba” en reuniones presididas por “los viejos hombres sabios” – Inyangamugayo – de la comunidad. El objetivo era restablecer la armonía social y reintegrar en su seno a la persona causante del desorden, estableciendo la verdad y por la restitución apropiada (sanción). Se mantuvo esta institución durante la época colonial para resolver conflictos locales. En la independencia, los Gacaca evolucionaron y las autoridades locales, aunque manteniendo el carácter conciliatorio e informal, ejercían también la función de los Inyangamugayo. En 1999, una comisión se propuso modernizar y formalizar este mecanismo tradicional para hacer frente a los casos de 130.000 personas encarceladas por crímenes ligados al genocidio, ya que la justicia clásica no podía cumplir esta tarea. Tres leyes orgánicas establecieron el marco institucional de estos tribunales.

Los sospechosos de crímenes de genocidio fueron clasificados en diversas categorías. Los considerados responsables e instigadores serían juzgados por los tribunales clásicos y el resto por los Gacaca. La categoría determina el tipo de tribunal así como el mínimo y máximo de las penas. El castigo no solo depende de la gravedad del crimen, sino también del hecho que el acusado haya o no confesado su crimen y del momento en que lo haya reconocido. Este criterio ha facilitado la recogida de evidencias. El sospechosos debe proporcionar tantos detalles como pueda (cómo, cuándo, víctimas, cómplices, daños etc.) y pedir perdón en público, para que la confesión sea aceptada y el castigo reducido.

La categorización la hacen los 9 jueces del Gacaca de célula, nivel administrativo más bajo. Una célula corresponde a una pequeña comunidad, comparable a un barrio en medio urbano. Los jueces son elegidos entre la población, sin seguir criterios de experiencia, práctica legal o formación. Deben ser “personas íntegras”. La decisión de catalogar en una u otra categoría se basa en la información recogida en el más bajo nivel de la sociedad. La información sobre la que se basa la decisión proviene de la confesión de culpabilidad y/o de las acusaciones de los miembros de la asamblea general que agrupa la población de la célula.

Por lo tanto, por un lado, se produce una descentralización de la justicia, como en los Gacaca tradicionales, ya que los jueces son “laicos” y se da una participación activa de la población, que forma una asamblea. Por otro lado, está el principio de la confesión de culpabilidad. Estos dos ejes fundamentales deben facilitar la emergencia de la verdad, como fuente de información para identificar la culpabilidad o inocencia, iniciar el procedimiento contra los acusados, revelar los lugares de exhumación de las víctimas, identificar las modalidades de reparación, reconstruir y volver a configurar las relaciones sociales.

4. Las confesiones y las acusaciones: las fuentes de la verdad

La verdad, o la presunción de la verdad, surgen de las confesiones y de las acusaciones. En 2003, la revelación de crímenes cometidos y de informaciones detalladas (circunstancias, nombres, cómplices, nombres de víctimas, propiedades destruidas, pillajes etc.…) suponía una reducción de la pena. Ello se dirigía sobre todo a los encarcelados, que, si su confesión era considerada sincera y pedían perdón, quedaban liberados de la cárcel.

La motivación para confesar proviene de la presión del Estado. Aunque muchas de las confesiones fueron consideradas como completas, existe una percepción generalizada de que se trata del reconocimiento de crímenes menores, que acusan a cómplices ya fallecidos o desaparecidos y que silencian otros. Para obtener la reducción se han realizado confesiones incompletas e incorrectas, por ejemplo por parte de encarcelados inocentes.

La confesión debe estar acompañada por la petición de perdón. Esta exigencia incorpora un elemento cuyo fin la renovación de las relaciones interpersonales y sociales. Pero en la práctica se realiza, por una y otra parte, de modo convencional y formalista. Pedir y aceptar el perdón es concebido como algo secundario. Por otra parte, no hay perdón cuando no hay confesión y el juzgado lo es por acusaciones.

La confesión no sólo implica el reconocimiento de la culpabilidad individual, sino también la acusación a otras personas. El hecho de acusar a otros ha ido adquiriendo gran amplitud. Según el SNJG, durante la fase de recogida de información, ha habido 818.564 personas acusadas y solo el 5% de ellas han confesado ante los Gacaca
La primera fase de la colecta de información es para conocer lo que en cada célula sucedió (“indicando cómo el genocidio fue planificado, cómo fue cometido y el rol de los culpables y sus cargos”) entre octubre de 1990 y diciembre de 1994. Las primeras tareas, planificación y comisión de crímenes, corrieron a cargo de autoridades locales, sin que la población y jueces tuvieran una intervención importante. La redacción de los registros de los acusados y su categorización ha sido ejecutada por los Inyangamugayo. Sobre la base de acusaciones, testimonios y confesiones se recogía en listados toda suerte de informaciones sobre los habitantes entre 1990 y 1994, milicias, personas buscadas, barreras erigidas, los que actuaban en las barreras, las víctimas, los asesinos, los cómplices, los promotores, los salvadores etc.

El problema de estas listas está en la posibilidad de que en diferentes localidades se den significados diferentes a la información. Ante mi pregunta a diversos Inyangamugayo de qué entendían por “promotor del genocidio” o por “salvador”, las respuestas no siempre eran las mismas. Para unos, el “salvador” es el que trató de ayudar a una persona perseguida alojándola en su casa, pero que luego fue asesinada, para otros, sólo era salvador el que ayudó a una víctima que sobrevivió. Algunos consideraban que la persona que había ayudado a robar una vaca podía ser clasificada como promotora de genocidio, cuando esta categoría está reservada a quines incitaron a matar o distribuyeron armas con ese objetivo.

Esta información ha sido recogida en su mayor parte por los Nyumbakumi, “jefe de diez casas”, autoridad en la escala local más baja. Las listas elaboradas fueron remitidas a los Inyangamugayo para verificación. Posteriormente se convocaron las asambleas generales de las jurisdicciones Gacaca para validar la información y aportar nuevos elementos; las informaciones o acusaciones consideradas falsas eran mantenidas en el listado y se decía que la defensa contra ellas debía guardarse para cuando se celebrara el proceso. La validación consistía en la lectura (o escucha) de la lista y en la incorporación de información suplementaria.

En esta fase de recogida de información, la implicación de las autoridades locales era muy grande (aunque la ley sobre los Gacaca establece claramente que los responsables de la administración no pueden ser miembros de un tribunal). Esta implicación hizo que aumentara la percepción de que se trataba de un proceso impuesto por el Estado y conducido por el Estado y no por los ciudadanos y/o los Inyangamugayo. Por otra parte, ello dio oportunidad a que las autoridades locales pudieran obstruir o desviar el procedimiento en el sentido de sus propios intereses.

Los manuales y directrices de la SNJG sólo preveían la recogida de informaciones sobre culpabilidad y tanto los Inyangamugayo como las autoridades locales sólo atendían a los testimonios de cargo. Un sentimiento de terror acompañó la llegada de las jurisdicciones Gacaca. El hecho de que no se diera importancia a los encarcelados que clamaban por su inocencia, aumentó la impresión de que el objetivo del proceso era el de establecer la culpabilidad. Los liberados fueron los que confesaron y los procesos de quienes se declaran inocentes fueron postergados. La imposibilidad de defenderse o de defender a otros debilitó la fase siguiente del enjuiciamiento. La observación de los juicios indica la limitada capacidad de los Inyangamugayo para animar un debate contradictorio, entre otras razones porque un testigo de descargo puede se él mismo acusado después de haber testificado, ya que, según las normas en uso, un testimonio de descargo puede revelar conocimientos que sólo pueden tenerse por estar implicado personalmente en el genocidio. Un testimonio a favor de los acusados, según las normas implícitas y el marco de interpretación en uso, expresaría una “ideología negadora” del genocidio por parte del testigo.
Con frecuencia hemos oído, antes de que un juicio se iniciara, que “los culpables son conocidos”. Es una consecuencia de la idea anclada en la percepción popular de que una acusación implica inmediatamente la culpabilidad. En las colinas, se es culpable hasta el momento en que tu inocencia es probada.

La discreción, el disimulo, la manera pragmática de vivir y la interdependencia de la población campesina son hechos socioculturales que debilitan la política de la confesión y acusación. En general, hemos observado que en la interpretación y aplicación de las directrices de la SNJG un cierto reino de la arbitrariedad en lo que se refiere al establecimiento de la verdad según sean las circunstancias de la localidad.

5. El lugar de la verdad: una tradición inventada en un marco localizado

La descentralización constituye una segunda piedra angular de las jurisdicciones Gacaca. Desde enero 2005, se celebran las reuniones Gacaca en las 9.013 células, 1.545 sectores, ruandeses. Hay un total de 12.103 establecidas en todo el país; son presididas por 169.442 Inyangamugayo. El sistema Gacaca está enraizado en la constelación social de las comunidades locales, cada una con sus características particulares, su estructura de poder y sus conflictos actuales. Ello da pie a la creación de alianzas silenciosas y a estrategias con relación a las acusaciones, todo ello ligado a las capacidades y medios de los individuos. El poder, el dinero, las armas, permiten influir en los procedimientos. Está también el poder del número. Cuando los supervivientes están en minoría y aislados, se mantienen silenciosos; tendrán más influencia cuando son numerosos y forman parte de la estructura del poder local y/o están representados en los Gacaca.

Hemos oído frecuentemente que un problema de tierras, dinero, vacas, mujeres, se encuentra en la base de acusaciones. Se trata, en principio, de conflictos actuales que nada tienen que ver con la competencia de los Gacaca, pero se hacen declaraciones (falsos testimonios) para saldar cuentas ligadas a un conflicto actual. Hemos observado también la importancia que tiene la percepción de la gente, de ambos grupos, respecto de la composición étnica de los Inyangamugayo para que sean aceptadas o no las versiones sobre la verdad.

La búsqueda de la verdad se realiza en un marco global, pero también en un contexto de una tradición modernizada. Personas de edad avanzada, preguntadas por la semejanzas y diferencias de los Gacaca tradicionales con relación a los modernizados, nos han explicado que el Gacaca actual es una institución compleja, instalada por el Estado con reglas y gentes que “toman notas” y que antes era más sencilla en su funcionamiento y objetivos; el objetivo era restaurar la relaciones armoniosas y prevenir que el odio entre familias durara. Las medidas sancionadoras eran de carácter simbólico y restaurador del mal producido. Ahora el castigo es la cárcel. Aunque a veces el Gacaca intervenía en caso de asesinato, en general lo hacía para delitos menores. La colonización prohibió la celebración de esto juicios para crímenes graves. El tipo de Gacaca antiguo sería inadecuado para tratar los problemas relacionados con el genocidio y ahora parece claro además que el elemento de reconciliación entre familias no es el objetivo que se presenta.

Muchos entrevistados, tanto tutsi como hutu, califican a los Gacaca como “un instrumento del Estado”. Las confesiones y perdones están ahí porque el Estado lo quiere y es el Estado el que establece las reglas y normas; la recogida de información está muy marcada por el protagonismo de la administración “; es el Estado el que lleva de la mano, como un buen padre que educa a sus hijos, a los campesinos y es él el que no quiere ni oír hablar de “otros crímenes” etc. Las investigaciones sobre el terreno revelan que el proceso de la reconciliación está extremadamente organizado, dirigido y poseído desde arriba. Estudiosos de estas cuestiones sostienen que los procesos “de arriba abajo” y de “abajo a arriba” son esenciales para la reconciliación duradera y deberían ser planteados complementariamente; la reconciliación se forja en el ámbito local, tarea que el Estado puede facilitar o dificultar.

Estas percepciones ponen seriamente en cuestión que los Gacaca actuales sean una representación de la justicia tradicional y un proceso conducido por la población. Son una institución del Estado, que funciona con leyes codificadas, que supuestamente son aplicadas de manera uniforme. Los jueces ya no son “los ancianos sabios” de la aldea, sino mayoritariamente jóvenes y mujeres, ya que los otros son sospechosos de haber participado en el genocidio. La ruptura y destrucción del tejido social hacen que los Gacaca hayan dejado de ser “el lugar natural” para resolver litigios. Se trata de una institución híbrida con elementos que recuerdan la institución informal de resolución de conflictos, pero incorporados ahora a un sistema jurídico. Un sistema innovador, pero al mismo tiempo frágil, ya que los objetivos son divergentes y/o se neutralizan entre sí.

Las jurisdicciones Gacaca son a la vez una justicia centralizada y descentralizada, una justicia formal e informal, una justicia retributiva y restauradora, una colecta de información y un proceso judicial, perdón y castigo, trabajos de interés general y cárcel. En una palabra: imitan la tradición, pero con un potencial de conciliación reducido; imitan el sistema jurídico moderno, pero con una garantía de proceso equitativo reducida.

6. El contexto de la verdad: un vencedor militar

A la pregunta a varios Inyangamugayo si hablaban del contexto de los acontecimientos en el pasad, la respuesta mayoritaria era que esos aspectos eran ya conocidos y que el gobierno se ocupa de la Verdad (con mayúsculas) sobre el pasado. Como decía Foucault: “El poder estructura ka verdad”. Las campañas de sensibilización en el periodo anual de conmemoraciones y los Ingando – campos de reintegración y reeducación – revelan la Verdad y es en este marco donde las normas de conducta sociales son configuradas e invadidas, lo mismo que los comportamientos ante y entorno a las Jurisdicciones Gacaca. Es también en este marco donde la verdad sobre el pasado debe ser dicha en el ámbito local.

Estos son los vectores de la Verdad. Por un lado, está la ideología de la “ruandidad”, que significa que los ruandeses estaban unidos antes de la colonización. El poder colonial creó grupos étnicos en el seno de una sociedad armoniosa para dividir y reinar. Éste fue el punto de partida de un proceso, cuyo apogeo el genocidio de los tutsi de 1994. La comunidad internacional es cómplice y culpable, por haber dividido la sociedad ruandesa y no haber tomado medidas para evitar la violencia, sobre todo en 1994.

El segundo vector de la Verdad es la idea de “liberación”. El FPR y su ejército han detenido la división, por haber parado las matanzas y por su política actual. Ha salvado a los tutsi del interior y ha facilitado el retorno de los antiguos refugiados; y ha liberado al conjunto del pueblo de un régimen dictatorial y genocida. El FPR ha creado “una gran familia” y ha instalado “un buen gobierno”. Ha tenido que emplear la fuerza, ha habido civiles muertos en los combates y algunos soldados realizaron por su cuenta matanzas como revancha. Acciones criticables, pero necesarias para el triunfo del bien sobre el mal y menos severas que el genocidio contra los tutsi. Focalizar la atención sobre estas acciones es negar el bien que supone la liberación y derrocamiento del régimen genocida. Ruanda no necesita lecciones de la comunidad internacional, culpable e inepta. Ruanda necesita tener su propia versión de la democracia y buen gobierno, ya que “la ideología genocida” sigue presente y podría resucitar en un estilo de democracia occidental totalmente extraña a la sociedad ruandesa.

El tema de la “ideología genocida” constituye el tercer vector y clave de bóveda de la Verdad. Tanto en el interior como en el exterior siguen existiendo fuerzas negativas que impulsan tendencias genocidas. La población puede ser consultada sobre temas generales, pero necesita directrices que vengan de arriba, del movimiento de liberación FPR, para que se acepte el nuevo orden de “Ruandidad”, liberado de los peligros de la etnicidad y mal gobierno. No todos se prestan a ello, por lo que es necesario un control inteligente.

Este discurso se propaga en todos los rincones y ha logrado que se haya impuesto una eficaz autocensura entre la población. Toda expresión o reivindicación no acorde con este discurso es considera como manifestación de la “ideología genocida”. Consecuencia: otros crímenes y otras víctimas quedan borrados en los procesos Gacaca. Los ruandeses tienen la experiencia de al menos 10 años de violencias (1990-2000), aunque el genocidio de los tutsi, la intención de exterminio de los tutsi como grupo, ha superado ampliamente otros hechos. Nuestras investigaciones nos han permitido conocer otras violencias, y no solo las ligadas al genocidio tutsi, contra la población civil.

Entre 1990 y 1994, en las regiones del norte hubo muchas víctimas civiles. El multipartidismo estuvo acompañado también de prácticas violentas. El avance del ejército del FPR causó muchas víctimas. La llamada “guerra de los infiltrados” (Abacengezi) de 1996 a 1999 provocó la muerte de civiles en masa. Fueron frecuentes las reuniones convocadas por militares, de las que nadie regresaba. Algunos supervivientes dirigían a los soldados en acciones que sólo pueden calificarse como de venganza. El encarcelamiento caótico de sospechosos estaba acompañado de matanzas en el traslado o incluso en el interior de calabozos y prisiones.

Parece ser que en varios lugares se planteó la cuestión de saber si estos crímenes podían ser tratados en las sesiones Gacaca. La respuesta fue negativa, porque se trataba de muertos “a causa de la guerra” y porque esas personas “no eran matadas a causa de su identidad”, sino que constituían “daños colaterales” en un periodo de guerra y de caos generado por el genocidio tutsi. Por lo tanto, sólo es reconocido oficialmente el perseguido y/o superviviente es tutsi.

En principio, la ley orgánica de 2004 establece que los Gacaca entiendan también “de otros crímenes contra la humanidad entre 1990 y 1994”, por lo que en teoría existe la posibilidad de persecución de crímenes contra los hutu. Ha habido cambios en la terminología entre diferentes leyes orgánicas. La versión de 2004 habla de “jenoside” en kinyaruanda, mientras en las precedentes se mencionaba “Itsembabwoke (que puede interpretarse como genocidio) n’ Itsembatsemba (masacres). Esta interpretación es percibida por los hutu como referida a las masacres que afectaron a los dos grupos étnicos. Muchos hutu que han perdido a miembros de su familia no se resignan ante la imposibilidad de encontrar una satisfacción a su pérdida, pero sus casos son enviados a los tribunales nacionales y/o militares; el simple campesino lo considera un empeño imposible y los tribunales nacionales, alejados física y psicológicamente de las gentes de la colina, tienen una credibilidad limitada para tratar de estos crímenes. Hay una imposibilidad de facto, del mismo modo que es negada la posibilidad de la exhumación de los cuerpos (que a menudo han desaparecido); el duelo por estas “víctimas” no puede ser público; así lo cuentan algunos jóvenes cuyos padres fueron matados por el ejército del FPR en 1997.

Es preciso señalar por otro lado que la mayor parte de estos “otros crímenes” perpetrados por el FPR lo fueron por soldados y mandos desconocidos por parte de la población local.

La divergencia entre la experiencia popular y la Verdad controlada por el gobierno es uno de los principales obstáculos para la legitimación del orden sociopolítico actual. Ello genera una masa de frustraciones no expresadas bajo la superficie de la vida diaria y las sesiones de los Gacaca. Se trata de experiencias no olvidadas, pero que no son aireadas a través de la arquitectura judicial. Las reclamaciones a veces aparecen como ilegales e incluso son consideradas como ideas genocidas. Pero existen “por debajo de las cosas”, como un segundo mundo.
Romper el ciclo de la violencia, uno de los objetivos de los Gacaca, exige una contextualización de la verdad: una mirada recíproca sobre los orígenes de la sociedad ruandesa que incorpore la compleja bipolaridad hutu-tutsi, que ha guiado la lucha por el poder a través de la historia, comenzando por el reconocimiento del punto culminante en los años 90, con el genocidio y las guerras civiles.

7. Los contornos de la verdad en las jurisdicciones Gacaca

Aunque es difícil que la verdad se revele en un contexto como el descrito arriba, se plantea la cuestión de saber qué clase de verdad aparece cuando emerge. En el informe de la Comisión surafricana de Verdad y Reconciliación se identifican 4 nociones de verdad. La “verdad jurídica” aporta respuestas a preguntas como: quién, dónde, cuándo, cómo, contra quién, y, a veces las causas y motivos de los actos violentos. Otras dimensiones de la verdad – narrativa, social y de restauración – más lejos que esta delimitación de hechos e incorporan el significado que la víctima o el culpable da a esos hechos, por medio, no de argumentos, sino de la interacción, discusión y debate. El conocimiento de los hechos va acompañado del reconocimiento de los mismos y de una aceptación de responsabilidades en el contexto de restauración de la dignidad de las víctimas y de los supervivientes.

Hemos constatado que el ritual consistente en acudir todas las semanas a las reuniones Gacaca tiene el potencial de cambiar de algún modo relaciones tensas. Especialmente entre liberados y supervivientes. Se trata del potencial del antiguo Gacaca de “poner juntos a gentes en conflicto”. Pero tenemos que decir que el Gacaca tradicional no era un ritual, del mismo modo que el actual no lo es tampoco. El acto repetitivo (en consecuencia, ritual) de venir juntos a las sesiones, es el que parece transformar las relaciones. Pero, la sustancia de los encuentros está conducida por una lógica de persecución judicial, y ello limita los aspectos ligados a la potencialidad de curación que tendría un proceso de decir la verdad. Las actividades de los Gacaca muestran un potencial limitado para que evolucionen hacia la confianza entre grupos étnicos, para empalizar con la posición del otro y asentar una cultura de diálogo.

Nuestras observaciones indican que, en el mejor de los casos, las jurisdicciones Gacaca establecen la verdad jurídica; decimos en el mejor de los casos, ya que, como ha quedado claro, es muy problemático establecer la verdad sobre la base de denuncias en un marco localizado. Las otras dimensiones de la verdad, base de una reconciliación futura, apenas emergen. Hemos oído a menudo testimonios que señalan quién, dónde, cuándo, cómo y contra quién se han desarrollado los hechos, casi nunca el porqué. Es el resultado de la lógica de un proceso penal y hay que ser escépticos en cuanto a la verdad resultante de ese proceso. Además, se engendra una dinámica de “nosotros contra ellos”. Hemos oído con frecuencia a hutu y tutsi afirmar que estaban dispuestos a vivir según los principios de unidad propugnados desde arriba, pero que era el “otro” o los “otros” los que no hacían lo mismo.

8. Conclusión. La consecuencia de la verdad en las jurisdicciones Gacaca
La naturaleza de la verdad observada en los procesos Gacaca está, primeramente, restringida por los parámetros definidos de lo que la verdad debe ser. La verdad es ante todo jurídica, derivada de un procedimiento criminal. La verdad varía en cuanto sale a la superficie a través de las dinámicas locales que debilitan e interpretan los procedimientos que producen la verdad. La aproximación a la verdad se hace por medio de la confrontación que atraviesa la división étnica, sin deliberación ni diálogo. La verdad es parcialmente arbitraria y resultado del principio de “confesiones y denuncias sin verificación”. En consecuencia la verdad es parcial en el doble sentido, incompleta y deformada y unidimensional., por falta de anclaje contextual.

Nuestro análisis se ha centrado sobre todo en la primera fase de las jurisdicciones Gacaca, cuyo objetivo era establecer la verdad en el ámbito local. La fase de enjuiciamientos comenzó a mediados de 2006. Se plantea la cuestión de saber lo que esta forma de verdad puede devenir en las fases posteriores con vistas a una reconstrucción general post-conflicto. ¿Dónde fracasa y cuáles serán las consecuencias? Preguntas similares a las que Ariel Dorfman se planteaba: ¿”Cómo curar un país que ha sido traumatizado por la represión, cuando el miedo a expresarse es omnipresente? ¿Cómo alcanzar la verdad cuando mentir se ha convertido en una costumbre”?

Bert Ingelaere*

Amberes, mayo de 2007

Nota: Este texto es una traducción y resumen que Ramón Arozarena ha hecho de:

Bert Ingelaere, «À la recherche de la vérité dans les Jurisdictions Gacaca au Ruanda»

L’Afrique des Grands Lacs, Annuaire 2006 – 2007

Sous la direction de S. Marysse, F. Reyntjens et S. Vandeginste
(Paris: L’Harmattan, 2007), pp. 41-74


*Investigador del Centro de Estudios de la Región de los Grandes Lagos
Universidad de Amberes


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