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Anthony Monteiro

Anthony Monteiro es profesor de estudios afroamericanos en Temple University y director asociado del Institute for the Study of Race and Social Thought en la Temple University de Filadelfia, donde imparte cursos sobre el pensamiento social y político afroamericano. Monteiro es conocido, además, por sus estudios sobre la figura de W.E.B. Du Bois y la construcción de las instituciones políticas en la comunidad negra de Filadelfia.

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El Congreso Nacional Africano: el apogeo y la trágica decadencia de un movimiento revolucionario

31 de enero de 2014.

¿Cómo ha podido un partido político transformarse en un partido electoral burgués semejante al Partido Laborista Británico y al Partido Demócrata de Estados Unidos?

Es bien sabido que las elecciones de 1994 llevaron al poder al Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) y le dieron la presidencia de Sudáfrica a Nelson Mandela. Sin embargo, tal perspectiva es revisionismo histórico y disminuye el fundamento de la lucha revolucionaria. Lo que llevó a las elecciones y a la presidencia de Mandela fueron los 50 años de resistencia que acabaron con la capacidad de lucha del régimen blanco y no el sector ilustrado y convertido del régimen blanco o del Occidente «liberal». Para comprender lo que ocurrió en 1994 y los eventos posteriores, debemos entender lo que pasó antes. Después de 1948, el ANC y sus aliados pasaron a ser un movimiento revolucionario. Este movimiento, que estaba formado por el ANC, el Partido Comunista de Sudáfrica (SACP), Umkhonto we Sizwe (MK) y el Congreso Sudafricano de Sindicatos (SACTU), fue el movimiento más importante en la historia anticolonial de África y uno de los más grandes del siglo XX.

La colonización de Sudáfrica evolucionó de una manera única, a lo largo de más de 250 años. Durante este tiempo, los blancos lucharon contra la resistencia africana. Las guerras más importantes fueron las de los Zulús, dirigidas por su gran líder político y militar Shaka Zulu. El final de la guerra anglo-bóer de 1899, convirtió al Imperio británico y a los colonos ingleses en la fuerza dominante de Sudáfrica. En 1948, el Partido Nacionalista, el partido de los Afrikáners (colonos neerlandeses) tomó el poder en unas elecciones donde solo se presentaban los blancos. El sistema del apartheid, que significa separación en afrikáner, instituyó un nuevo sistema de supremacía blanca. Este sistema se caracterizó por sus similitudes con el sistema estadounidense de Jim Crow, su actitud pro Hitler y por las declaraciones neo-nazis de sus líderes. Todos los africanos en Sudáfrica eran considerados como extranjeros en su propio país. Les arrebataron por la fuerza sus tierras. La riqueza de la nación se concentró en manos blancas. Se obligó a los negros a llevar la temida cartilla, a vivir en míseras aldeas y en los ficticiamente independientes y agotados de recursos «Bantustans», es decir las llamadas tierras de los Bantus. Fue un Estado policial que rivalizó con los conocidos regímenes fascistas del siglo XX. El sistema en su totalidad estuvo claramente a favor de la supremacía blanca, de la minería extranjera y de los bancos británicos, estadounidenses y de otras naciones europeas.

«Fue un Estado policial que rivalizó con los conocidos regímenes fascistas del siglo XX.»

Los primeros pasos del ANC hacia una solución revolucionaria para los problemas del colonialismo, el apartheid, la expropiación y la explotación laboral de los negros, llegó con la fundación de la liga de juventud del ANC por parte de una generación impaciente e insurgente. Entre los revolucionarios encontramos a Oliver Tambo, Walter Sisulu, Govan Mbeki, Nelson Mandela, Duma Nokwe y Alfred Nzo. La fundación de esta liga de juventud supuso una ruptura con los métodos antiguos asociados al liderazgo de Albert Luthuli y a la generación que buscó reformas legales y un cambio gradual durante el colonialismo previo al apartheid. Los insurgentes, que pronto se convertirían en una generación revolucionaria, eran más conscientes del hecho de que el apartheid era un sistema más represivo que el anterior. Creían, además, que la situación internacional después de la Segunda Guerra Mundial favorecería su lucha y la independencia africana pronto abarcaría todo el sur de África. La mayor parte de este grupo venía del partido comunista africano (SACP) o se convirtieron pronto en miembros y líderes. Dirigirían la gran campaña de desafío de 1950. Walter Sisulu en 1955 reclamó durante su liderazgo un congreso popular y adoptó la Carta de libertad. De todos los que habían participado en la campaña, 156, incluidos Mandela, Tambo, Mbeki, Walter Sisulu, Dennis Goldberg, Ruth First y Mac Maharaj fueron llevados a juicio en 1956 acusados de traición, según la infame Ley de Supresión del Comunismo. La batalla judicial duró 5 años y finalmente todos fueron absueltos.

Marzo de 1960 fue un punto de inflexión en la transformación del ANC y de los movimientos de liberación de Sudáfrica. La masacre de Sharpville tuvo lugar durante una manifestación convocada por el Congreso Panafricanista (PAC) donde 69 africanos desarmados fueron asesinados por el régimen. El ANC consideró que se había cruzado la línea roja e incluyeron definitivamente la lucha armada en el movimiento popular. En 1961, el ANC se comprometió a formar un brazo armado, Umkonto we Sizwe (el dirigente de Lanza de la nación). Una vez que se habían involucrado en la guerra popular y en la lucha armada, el ANC también se comprometió a que el pueblo tomara el poder con las armas. Al mismo tiempo que el ANC se preparaba para la guerra, el régimen instituyó una nueva constitución que consideraba a Sudáfrica una nación blanca, con una supremacía blanca legisladora y un «desarrollo separado» para la mayoría negra.

Durante la mayor parte de su historia, el ANC fue un movimiento que buscó un cambio en el sistema, o en el colonialismo y el apartheid, a través de protestas legales y de reformas. Esta ha sido la trayectoria de la mayor parte de las regiones de África que han conseguido su independencia. Partidos políticos como el Convention People’s Party de Ghana, la Unión africana de Tanganyika y la Unión Nacional Africana de Kenia son ejemplos de ello. Los argelinos libraron una larga y sangrienta batalla pero esta fue la excepción. El cambio hacia la guerra popular transformó al ANC y a sus relaciones con el pueblo y con el régimen. Pronto se formarían nuevas alianzas internacionales. Serían necesarias nuevas relaciones ideológicas dentro del propio ANC y con sus aliados. El ANC cambió tanto su ideología como su forma de organizarse. Al final, el ANC pasó de ser un movimiento en contra del apartheid y del colonialismo a convertirse en un partido revolucionario de liberación.

«La conferencia de Morogoro apoyó la precisión de la Carta de libertad y el mensaje de que Sudáfrica le pertenecía a su gente.»

En Morogoro, Tanzania, en 1969 el ANC celebró su primera conferencia nacional consultiva que aceleró la actualización del ANC como partido revolucionario comprometido a la eliminación del colonialismo fascista, a través de la lucha armada. Los delegados de Morogoro insistieron en que esta lucha traería consigo una resistencia masiva y una intensificación del conflicto de clases en las minas, granjas y fábricas. La conferencia de Morogoro apoyó la precisión de la Carta de libertad y el mensaje de que Sudáfrica le pertenecía a su gente. Solicitó la devolución de los recursos de la nación al pueblo y destacó los 250 años de resistencia africana. En esencia, la conferencia de Morogoro empujó al ANC y a sus aliados hacia una democracia revolucionaria y una economía socialista.

Morogoro supuso el empuje final hacia la consolidación de la unificación de la solidaridad anti-apartheid en contra del régimen. Posteriormente, se produjeron sucesivas insurrecciones. El levantamiento de Soweto de 1976 y el movimiento de «conciencia negra» personificado en Steve Biko, iniciaron un nuevo periodo en la lucha nacional de liberación. La larga década de insurrecciones de 1980 impulsadas por las acciones heroicas y la personalidad de Winnie Mandela, mostró a la gente de Sudáfrica y al mundo entero su espíritu luchador y debilitó internacionalmente la legitimidad del régimen. Después de Morogoro, pocos dentro del movimiento se plantearon la necesidad de la resistencia armada. Tras el brutal aplastamiento de la sublevación de estudiantes de 1976, varios miles de jóvenes dejaron el país para adquirir una formación militar. En 1980, la insurrección se convirtió en la lucha armada popular y adoptó la forma de guerra popular. En este periodo, Umkonto consiguió el apoyo y la confianza del pueblo y su líder Chris Hani se convirtió en un héroe nacional. El eslogan revolucionario del ANC durante este periodo fue: «haced que el país sea ingobernable y que el apartheid sea inviable». A medida que se intensificaba la lucha armada y la guerra popular, también lo hizo la lucha de clases y, en especial, la de las minas de oro, plata y platino.

El apogeo del conflicto de clases durante este periodo llegó con la huelga de 300.000 mineros en 1986. La economía del apartheid se tambaleó estremeciendo al país. Nunca antes en África y prácticamente en ningún otro lugar del mundo, la lucha armada y el conflicto de clases había evolucionado hacia una insurrección masiva revolucionaria. Paralelamente, en 1988, las fuerzas armadas de Cuba y Angola, junto con Umkonto we Sizwe y luchadores del SWAPO de Namibia, derrotaron en Angola a la armada colonial más poderosa jamás formada, el ejército sudafricano, a pesar de las dificultades causadas por la policía y el ejército en grandes municipios como en Soweto y Alexandra, así como por los ataques contra los gobiernos títeres en Bantustan. Como partido revolucionario, el ANC junto con su aliados dirigieron la lucha para eliminar al apartheid. Con ello, se transformaron a ellos mismos y cambiaron la opinión del mundo sobre el potencial revolucionario inherente a la lucha por la liberación de África.

«Nunca antes en África y prácticamente en ningún otro lugar del mundo, la lucha armada y el conflicto de clases había evolucionado hacia una insurrección masiva revolucionaria.»

La libertad que recibió el pueblo de Sudáfrica no fue un regalo de las partes convertidas y más ilustradas de la supremacía blanca o de sus aliados americanos y de Occidente, sino que llegó después de una lucha constante y amarga. El régimen blanco y sus aliados americanos y europeos alzaron la bandera blanca y solicitaron las negociaciones de paz a finales de 1980. Esto llevó a la liberación de Nelson Mandela y de otros prisioneros, así como a la legalización del ANC, del SACP, PAC y de otras organizaciones prohibidas (para más detalle, consulten mis artículos previos en el BAR: «Nelson Mandela The Contradictions of his Life and Legacies» and «Nelson Mandela, Free Market Capitalism and the Crisis of South Africa»).

Es difícil responder a cómo un movimiento revolucionario se ha transformado en un partido electoral burgués semejante al Partido Laborista Británico o al Partido Demócrata Estadounidense. ¿Cómo una organización sacrificada y sofisticada política e ideológicamente ha llegado a ser una institución corrupta a favor de los bancos transnacionales de Occidente así como de las empresas mineras y de las políticas neoliberales?¿Cuándo dejó el ANC de ser un partido popular para pasar a servir los intereses de una pequeña y parasitaria burguesía negra? ¿Cuándo empezaron personas a las que el pueblo africano y el mundo veían como revolucionarios y luchadores por la libertad, como Thabo Mbeki and Cyril Ramaphosa, a interesarse por el capitalismo neoliberal y por la democracia que defiende los intereses de los blancos y sacrifica a la clase trabajadora africana? ¿Por qué abandonó el SACP su historia revolucionaria y adoptó un modelo socialista democrático y reformista, convirtiéndose así en apologista de un gobierno capitalista corrupto? ¿Por qué se ha aliado el Congreso de Sindicatos de Sudáfrica con el gobierno que está en contra de la clase trabajadora y de los pobres?

Parece claro que el punto de inflexión se dio entre 1988 y 1991. Sin el despliegue de la gran moral y la autoridad política de Nelson Mandela al servicio de un acuerdo que salvaguardara los intereses de una minoría blanca y de Occidente, la situación actual es inconcebible. Mandela junto con sus aliados aceptaron un acuerdo en el que las elecciones que le llevarían a la presidencia se celebrarían, pero en el que la toma del poder por el pueblo no se daría. Los blancos cederían toda su autoridad a cambio de mantener un poder estratégico, sobre todo en la economía. La esencia y el mensaje de la simbología de Mandela defiende que la revolución para la toma de poder es un error y lo reemplaza con la falsa noción de una nación «multicolor» y del multiculturalismo. Para adquirir autoridad moral, en vez de recurrir a juicios para los que habían realizado crímenes contra la humanidad, propusieron un proceso de verdad y de reconciliación. Las reparaciones y la redistribución de la tierra, junto con la nacionalización de las minas, bancos y empresas fueron descartados. La democracia limitada prevalece pero el poder sigue igual que en el momento álgido del apartheid. Occidente utilizó todo tipo de propaganda y campañas públicas para hacer que Mandela no solo fuera un gran hombre sino un mesías y un salvador. Al mismo tiempo, se sobornó a la élite negra, creando así una clase negra sumisa con falsos dirigentes.

«La esencia y el mensaje de la simbología de Mandela defiende que la revolución para la toma de poder es un error y lo reemplaza con la falsa noción de una nación «multicolor» y del multiculturalismo.

La publicación de un artículo por el entonces presidente del SACP, Joe Slovo, en el African Communist (el periódico del SACP) fue un proceso muy significativo, aunque poco conocido, en la trayectoria para cambiar al ANC y finalmente al pueblo. El artículo «el socialismo ha caído» pretende dar una explicación a las causas que llevaron a la caída de la Unión Soviética. Slovo apoya la idea de Mikhail Gorbachev (por entonces, Secretario General del CPSU) de que el socialismo existente era un fracaso. Slovo defendió que el partido debía sustituir el leninismo por la democracia social (históricamente era el oponente del comunismo en la izquierda internacional). Al atacar al socialismo del momento, Slovo atacaba a uno de los pilares más importantes del ANC y de la alianza revolucionaria. Slovo también hizo un llamamiento para abandonar la ideología revolucionaria y para aceptar la democracia social, las elecciones en vez del poder, y un estado burgués liberal en vez de el poder popular.

Finalmente, en 1991, la petición del ANC de que Umkonto acabara con todas las operaciones militares en contra del régimen tuvo un importante significado político y simbólico. Esto supuso literalmente renunciar a la victoria. No había ninguna razón para acabar con Umkonto y con la lucha armada en un momento en el que el régimen y sus marionetas negras seguían atacando al pueblo.

La ofensiva revolucionaria del pueblo se paralizó cuando Mandela fue liberado y se comentó que la resistencia negra estaba poniendo en peligro el proceso de paz y de reconciliación. Algunos insistieron en que la alianza del ANC y la mayor parte del pueblo eran antidemocráticos e incluso «racistas» y que, por tanto, había que calmarlos y controlarlos. Para la creciente élite burguesa negra, las masas y sus organizaciones de combate eran una amenaza para la «nación multicolor». A través del uso de la propaganda burguesa, se promovió una nueva narrativa. Con el ejemplo de Mandela para la reconciliación, los blancos racistas y fascistas de repente se transformaron en demócratas. F.W. De Klerk fue el último primer ministro blanco. A pesar de ser responsable de los asesinatos y del encarcelamiento de miles de luchadores por la libertad, recibió el Premio Nobel de la Paz y se presentó como un demócrata y una figura en contra del apartheid. Winnie Mandela, por otro lado, fue totalmente marginada y vista como una extraña peligrosa e irracionalmente radical. Ningún blanco del régimen ha sido condenado o encarcelado en nombre de la reconciliación, conforme a lo que la ONU denomina crímenes en contra de la humanidad.

Cuando Mandela fue liberado de la cárcel, las tres figuras más importantes de la nación eran Mandela, Winnie Mandela y Chris Hani. Winnie y Chris Hanni se opusieron a la nueva dirección del ANC bajo el mandato de Mandela. Hani se convirtió en el presidente de SACP y sustituyó a Slovo, en 1991, después de que el partido rechazara la posición antirrevolucionaria y social demócrata de este. Cuando Hani fue asesinado en 1993, estaba a la cabeza de dos de las organizaciones más importantes de la alianza del ANC, Umkonto y SACP, y contaba con un gran apoyo popular. Hani era visto como el futuro presidente de Sudáfrica, lo que habría apartado a los pro capitalistas Thabo Mbeki, Cyril Ramaphosa y Jacob Zuma.

«Winnie Mandela, por otro lado, fue totalmente marginada y vista como una extraña peligrosa e irracionalmente radical.»

A los jóvenes de hoy en día se les inculcan los aspectos más miserables, grotescos, comerciales y corporativos de la «cultura popular» afroamericana. Una generación que no tiene o tiene muy poca conciencia de la lucha, ha impuesto una «cultura negra» deshumanizante, misógina y homófoba. Esto es parte de la depreciación política, cultural e ideológica de los pobres y de los trabajadores. Los nuevos líderes de la nación tienen un plan para cambiar la conciencia de las personas y reemplazar las imágenes de revolucionarios y de la resistencia con matones, individualistas, egoístas y payasos. Diariamente, Tyler Perry con su charlatanería e imitadores de Oprah Winfrey actúan ante un público confundido, sin líder y ante una nación ideológicamente desorientada. Mientras que la mayoría de los negros de Sudáfrica soportan la farsa de la «nación multicolor», los blancos no tienen ninguna responsabilidad y, a cambio, solo se hacen ricos. Los insultos racistas del día a día se han reducido en cierto modo. Sin embargo, a pesar de que siguen ocurriendo de vez en cuando, estos son reemplazados por nuevas formas de la supremacía blanca institucionalizada. La supremacía blanca sin el apoyo visible de los blancos conforma el control social y político remplazando al apartheid legal. De hecho, estas son las crueles ironías que siguen causando estragos en la conciencia colectiva de los negros de Sudáfrica.

La trayectoria del ANC desde un partido revolucionario y popular a un partido del gobierno en «la Sudáfrica libre» es una historia de gran sacrificio, lucha y, al final, una tragedia para el pueblo. El camino desde la Carta de libertad a la Conferencia de Morogoro, a las elecciones de 1994, al asesinato de 34 mineros en Mirikana en 2012, es el camino del ANC desede la revolución a la contrarrevolución. El camino del Presidente Albert Luthuli, Walter Sisulu, Nelson Mandela y Oliver Tambo a Jacob Zuma y a los líderes actuales, es el camino de un sacrificio revolucionario a un pacto con la venalidad, corrupción y el «amiguismo».

Poco después de que los restos mortales de Mandela fueran enterrados en el lugar al que pertenecieron sus antepasados, la prensa se llenó de relatos de que el sindicato más grande del país, la Unión Nacional de Mineros, retiraba su apoyo al ANC. Otros informes hablan de Cyril Ramaphosa, ex jefe del sindicato de trabajadores mineros, ahora multimillonario, después de haber solicitado y aprobado el asesinato de los 34 mineros de Marikana. Los medios sudafricanos e internacionales están repletos de historias sobre múltiples operaciones monetarias del Presidente Jacob Zuma y sobre sus numerosas mujeres y novias. Todos los días aparecen nuevos relatos de corrupción y de robos entre los funcionarios del gobierno y del ANC. Mientras que el mundo reflexiona sobre el legado de Mandela, el espectáculo de la riqueza blanca y la pobreza y miseria negra centran las discusiones. Al final, no vemos una nación libre, una nación unida para acabar con el pasado y construir un futuro igualitario, sino una nación dividida con un gobierno negro que protege la riqueza de los blancos y de Occidente y favorece la pobreza de los negros.

¿Cuál es el futuro de Sudáfrica? ¿Se puede conseguir el sueño de la Carta de libertad y de la Conferencia de Morogoro? A la última pregunta, la respuesta es sí. A la primera pregunta, la respuesta es que el futuro inmediato de Sudáfrica pasará por una nueva lucha basada en la Carta de Libertad y en la Conferencia de Morogoro. Oliver Tambo resumió, en 1969, el espíritu de Morogoro: «¡Cierren filas! Esta es una orden para nuestra gente; nuestra juventud; el ejército; para cada uno de los militantes de Umkhonto we Sizwe; para todos nuestros aliados en el mundo; para todos nosotros. La orden que proviene de esta conferencia es: ¡Cierren Filas y Continúen con la Lucha!».

Anthony Monteiro

Black Agenda Report

(Traducción, Mercedes negueruela)



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