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China todavía es un actor minoritario en África
22/04/2008 -

Firoze Manji defiende que, en comparación con Europa y los EEUU, China todavía es un actor minoritario en África. La atención hacia China no debería distraer a los africanos de tener en cuenta la continua explotación del continente por parte de Occidente, que incluye el uso de medios militares para proteger sus intereses económicos.

“Encuentro reprochable la tendencia de ciertas voces occidentales que ponen el grito en el cielo sobre la intención de China de llegar al mercado africano. Es un poco hipócrita por parte de los estados occidentales preocuparse por la manera en la que China está entrando en África, cuando ellos llevan siglos de relaciones con África, comenzando por la esclavitud que continua hoy en día con explotación y engaño”, Kwesi Kwaa Prah (2007).

Cuando uno abre cualquier periódico, puede tener la impresión de que el continente africano, y la mayoría del mundo, está en proceso de ser devorado por China. Palabras como “voraz”, “hambrienta”, “insaciable apetito por los recursos naturales” son usadas en muchas ocasiones para definir la relación de China con África. En contraste, las operaciones del capital occidental para las mismas actividades son descritas con anodinas palabras como “desarrollo”, “inversiones” o “generación de empleo” (Mawdsely, 2008). ¿Es China ese tigre voraz que se nos muestra?

La relación de China con África tiene, principalmente, tres dimensiones: inversión directa, ayuda al desarrollo y comercio. En cada una de esas dimensiones, la implicación china es pequeñísima en relación con EEUU y los países europeos y a menudo mas pequeña que otras economías asiáticas.

La inversión extranjera directa de las economías asiáticas ha crecido en términos generales. Los montos de inversión extranjera directa de Asia a África han sido de 1.2 billones de dólares anuales durante el 2004-2006 (UNCTAD, 2006). La inversión china ha sido de hecho pequeña en comparación con la inversión de Singapur, India y Malasia, principales inversores en África según el PNUD (2007) con inversiones de 1.9 billones de dólares cada uno en 2004. Estas son inversiones mayores que las de China. El mismo informe del PNUD comenta que las inversiones asiáticas en África son pequeñísimas en comparación con Reino Unido (con un stock de inversión extranjera de 30.000 millones de dólares en 2003), EEUU (19.000 millones en 2003) Francia (11.500 millones el mismo año) o Alemania (5.500 millones). Y si China está en el cuarto lugar entre los tigres asiáticos, la escala de su inversión en África es minúscula en comparación con los poderes imperiales más tradicionales.

Es verdad que la inversión directa extranjera asiática en África se ha multiplicado por diez desde los ochenta, pero ha sido menor que la inversión directa extranjera global, 14 veces mayor, en el mismo periodo. En comparación con la India, la inversión de China es pequeña. India tiene mayores inversiones en petróleo en Sudan y Nigeria que China. De los 126 nuevos proyectos de inversión en África, India tiene la mayor parte de ellos. Las compañías malasias controlan la extracción minera. Solo el 3% de la inversión directa de China va a África, mientras que Asia recibe el 53% y Latinoamérica el 37%. Habría que tener en cuenta que China es también un receptor de inversión directa de África: La cervecera SAP Miller y SASOL de Sudáfrica, el Holding chandaria de Kenia, son algunos inversores.

África es ciertamente un importante socio comercial para China con un volumen que ha pasado de 11 millones de dólares en 2000 a 40 millones en 2005. China tiene un superávit comercial con África, cada vez mayor. De acuerdo con el PNUD (2007) China es el tercer socio comercial de África, después de EEUU y Francia. Se ha centrado en la importación de un numero limitado de productos como petróleo o materias primas, de unos cuantos países africanos seleccionados. El comercio de China con África representa sólo una pequeña porción del comercio de África con el resto del mundo y es comparable al comercio de India con África, aunque ambos han crecido rápidamente.

China importa de África principalmente cinco materias primas: petróleo, hierro, algodón, diamantes y madera. Las exportaciones, sobre todo del petróleo, han crecido de manera significativa en los últimos diez años. Algunos países africanos, como Sudán, Ghana, Tanzania, Nigeria, Etiopía, Uganda y Kenia, importan productos manufacturados de China, como ropa y textiles. China ha sido muy criticada por su apoyo a regímenes represivos. En casi todos los casos, la inversión de China ha estado basada en su necesidad de recursos naturales, especialmente petróleo. Y aquí se entiende el miedo feroz de Occidente sobre el rol de China en África. EEUU es el mayor consumidor de petróleo del mundo, con 25% de las fuentes en África. China obtiene el 40% de su petróleo en Oriente Medio y 23% de África.

También se ha prestado mucha atención al negativo impacto de los productos chinos en la economía africana. Es cierto que esto ha contribuido a disminuir la producción y al aumento del paro. Pero China sólo ha tomado ventaja de la liberalización de mercados africanos que es resultado de las políticas neoliberales que las instituciones financieras internacionales, apoyadas por la mayoría de las agencias de ayuda internacional, han obligado a aceptar a los Gobiernos africanos. Dado que la cantidad de las importaciones chinas es relativa en comparación con las importaciones de los países industrializados, no puede culparse sólo a China del descenso en la producción industrial y el crecimiento del desempleo en África. Es más, es necesario reconocer que el 58% de las exportaciones de China están manufacturadas por compañías extranjeras. La culpa de los cierres de fábricas y pérdida de puestos de trabajo en África a causa de los productos baratos chinos es tanto de las multinacionales que colaboran como del Gobierno y las compañías chinas.

Como otras potencias occidentales, China ha usado la ayuda al desarrollo estratégicamente para apoyar sus intervenciones comerciales y de inversión en África. La ayuda ha tomado forma de inversión financiera en proyectos clave de desarrollo de infraestructuras, programas de formación, alivio de deuda, asistencia técnica y un programa de exención de impuestos para determinados productos africanos, nada que no sea igual que los acuerdos que África ha hecho con Europa, EEUU y otras economías occidentales. La ayuda de China es atractiva para los gobiernos africanos no sólo por los términos favorables en los que se ofrece, sino por la falta de condicionalidad de la ayuda que tanto ha limitado y minado el desarrollo que hubiera podido lograr el progreso social, aunque muchos discutirían esto.

La mayor preocupación para los Estados Unidos la manifestaron los portavoces del FMI y el Banco Mundial que se quejaron de que los préstamos ilimitados de China habían “minado años de concienzudos esfuerzos para intentar solucionar el problema de la deuda”. Existe una clara preocupación por que ahora China pueda ofrecer préstamos favorables a África y debilitar así el apalancamiento imperial sobre las economías africanas. (Campbell, 2007). “Los EEUU y el Banco Mundial dicen que están luchando contra la pobreza en África”, afirma, pero después de dos décadas de ajustes estructurales, las condiciones de los africanos empobrecidos han empeorado, con los índices de explotación y privaciones aumentando en proporciones geométricas. De acuerdo a las estimaciones, al ritmo de inversión en África por parte de Occidente, serán necesarios más de cien años para alcanzar los Objetivos del Milenio. Las inversiones chinas ofrecen una alternativa potencial para los líderes y empresarios africanos, mientras que suponen un potencial a largo plazo para el desarrollo de las economías africanas”.

El discurso oficial de desarrollo de China es explícitamente no preceptivo, emplea un lenguaje de “sin condiciones adjuntas”, calidad y mutuo beneficio. Enfatiza el derecho colectivo al desarrollo sobre los derechos que están basados en los derechos individuales. Una vez desaparezca la novedad de la presencia de China en África y la noción de que China es una excepción se calme, todos los involucrados necesitarán subir sus esperanzas a un vehículo más realista para aprovechar al máximo el potencial actual”. (Large 2007). Rocha (2007) sugiere que las inversiones chinas en África están teniendo y tendrán impactos positivos. China esta ayudando a los países africanos a reconstruir infraestructura y dar otros tipos de ayuda a la agricultura, agua, salud, educación etc. Esto podría tener derivaciones muy positivas en el abaratamiento de los costos de transacción y en ayudar a los gobiernos africanos a manejar las calamidades sociales como escasos servicios de salud, la crisis energética, el desarrollo en formación. Sin embargo, es verdad que las empresas chinas están “generando las misma clase de daños ambientales y oposición comunitaria que las compañías occidentales han despertado por todo el mundo” (Chan Fishel 2007).

La evidencia sugiere que la campaña para incrementar los beneficios es exhibida tanto por China como por el capital occidental. Occidente tiene la ventaja de haber establecido su posición dominante. Una posición amenazada por “el nuevo chico del barrio”.

Pero China tiene la ventaja de que nunca ha esclavizado ni colonizado el continente. Tampoco ha hecho falsas promesas encubiertas con el neoliberalismo. Mientras, Occidente, el FMI y el Banco Mundial han puesto condiciones que sólo ayudan a su timo a África, por el momento China ha estado dispuesta a dar ayuda incondicional e invertir en infraestructuras. Y además, el país asiático toma ventaja de la apertura de mercados que han ofrecido abiertamente las políticas económicas neo-liberales en los últimos 25 años.

Y hasta ahora, al contrario que EEUU, China no ha intentado establecer bases militares en África para proteger sus intereses económicos, como EEUU ha hecho a través del AFRICOM.

Firoze Manji (2008-03-27)

* Firoze Manji es director de Fahamu y editor del Pambazuka News

UNCTAD (2006) World Investment Report 2006: FDI from Developing and Transition Economies: Implications for development. New York and Geneva: United Nations, sales no. E.06.II.D.11.

UNDP (2007) Asian Foreign Investment In Africa: Towards a New Era of Cooperation among Developing Countries. New York/Geneva: United Nations Publications, UNCTAD/ITE/ IIA/2007/1. UNDP (2007).

R. Kaplinsky, D. McCormick and M. Morris (2007) The Impact of China on Sub-Saharan Africa, IDS Working Paper, no. 291.

H. Campbell (2007): China in Africa: challenging US hegemony. In F Manji and Stephen Marks (eds) African Perspectives on China in Africa. Oxford/Nairobi: Fahamu, pp. 119-137.

D. Large (2007): As the beginning ends: China’s return to Africa. In F Manji and Stephen Marks (eds) African Perspectives on China in Africa. Oxford/Nairobi: Fahamu, pp. 153-168.

J. Rocha (2007): A new frontier in the exploitation of Africa’s natural resources: the emergence of China. In F Manji and Stephen Marks (eds) African Perspectives on China in Africa. Oxford/Nairobi: Fahamu, pp. 15-34.

M. Chan Fishel (2007): Environmental impact: more of the same. In F Manji and Stephen Marks (eds) African Perspectives on China in Africa. Oxford/Nairobi: Fahamu, pp. 139-152.

Traducido por Arantxa Freire, para el Departamento África de la Fundación Sur.


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