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Mikel Larburu

Mikel Larburu es un Misionero de África (Padres Blancos) nacido en Zumaya (Guipuzcoa). Ha estado trabajando por la sociedad argelina durante más de cuarenta años, especialmente con la formación profesional de la juventud del Sahara. Actualmente trabaja en un proyecto de Europa - Islam en Bruselas y es el coordinador de la sección "AfrIslam" del Portal del Conocimiento sobre África de la Fundación Sur.

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Aniversario de la independencia de Sudán del Sur
10 de julio de 2012

Sudan-Sur: independencia y amenazas de guerra
09/07/2012 Le Monde Por Jean-Philippe Rémy

De los dos Sudanes, ¿quién va peor? La competición es dura y su precio podría ser una nueva guerra. En Jartum, en el Norte, un movimiento de protesta contra el poder por la subida de los precios de carburante no baja la guardia a pesar de una ola de detenciones. En Juba, en el Sur, se vive en un ambiente de vela de armas y de miedo de la bancarrota.
A lo largo de la frontera que ahora ya es común pero discutida, los dos Sudanes han concentrado tropas y se están afrontando por medio de grupos armados. Las cajas están vacias. El petróleo ha dejado prácticamente de correr.

Faltan el dinero y las ganas de celebrar el primer aniversario de la independencia del Sudán- Sur en la euforia que fue la característica que marcó el nacimiento del Estado más joven del planeta – el 193 Estado miembro de las Naciones Unidas -, el 9 de julio 2011.

¿Cuál fue el contexto de la separación?

En el caso del Sudán, los decenios conflictivos habían sido alimentados por una pregunta fundamental: ¿Qué podían tener en común los Sudaneses del Norte, en su mayoría musulmana, y los del Sur, animistas y cristianos, reunidos sin desearlo por la historia reciente en un país grande como cinco veces Francia, más marcado por la violencia que por las ganas de vivir juntos?

Durante la colonización, las regiones norte y sur de este vasto territorio estaban administrados por administraciones diferentes. La primera guerrilla sudista se desarrolló en la selva antes incluso de la independencia, en 1956, heredado de un condominio anglo-egipcio, este Sudan calificado de “la mayor de las unidades políticas creadas por el imperialismo en África”, por Justin Willis, especialista del país y estudioso de la Universidad de Durham (Reino Unido).

En 50 años de existencia, el Sudán no ha conocido más que unos diez años de paz en medio de una interminable guerra entre el Norte y el Sur: más de 2 millones de víctimas. Se acabó la guerra con la firma de un Acuerdo de paz global (CPA), en enero del 2005, fruto de tres años de negociaciones bajo impulsión extranjera, sobre todo americana. El acuerdo enumeraba la lista de los puntos en litigio antes que el Sur pudiera ofrecerse una secesión. El poder, en el Norte, tenía un poco más de 6 años para devolver “la unidad deseada” a los Sureños. Fue un fracaso.

En este período intermedio que separaba el acuerdo de paz del referéndum de autodeterminación, había puntos cruciales por determinar. Se trataba particularmente de trazar una frontera común, de fijar las reglas del reparto de las fuentes petrolíferas y de gestionar la repartición de la deuda.

Las ganas de secesión no había perdido de su interés en el Sur. En enero del 2011, tuvo lugar el referéndum en esta parte del territorio y concluyó por el divorcio: los sureños votaron en un 98 % a favor de la separación. En julio, el Sudan del Sur salió, con total ausencia de infraestructuras y su petróleo, que representaba las tres cuartas partes de la producción sudanesa.

¿Qué papel juega el petróleo?

Cuando se mira el mapa donde han tenido lugar los enfrentamientos en los dos Sudanes desde la independencia del Sur muestran dos tipos de conflictos. Por una parte, enfrentamientos llevados a cabo por grupos locales. Signo de una guerra llevada por grupos por poderes de “baja intensidad” que tenían lugar en el Norte y en el Sur. Grupos armados en rebelión contra Juba beneficiaron del apoyo clandestino de Jartum. En el Norte, los responsables de la ex-rebelión sudista, transformados en partido político, volvieron a tomar las armas en el contexto de las elecciones fracasadas del 2010. Tenían el apoyo de Juba. Y así, de una parte y otra de la frontera de 1800 km se fueron concentrando las tensiones más graves y evidentemente las más graves se dieron en las zonas petrolíferas. Porque la frontera, objeto de litigios, cortaba en dos la esponja petrolífera y por lo tanto les empujaba a la guerra.

Antes de la secesión, el proceso de paz había permitido al Sudán, gracias a sus amigos (China, Malasia, India), de continuar el desarrollo del sector petrolífero que surgió durante la guyerra, y alcanzó en 2011 una producción de 450 000 barriles por día, extraídos de los campos situados al Sur (75 %) o en zonas de litigio a lo largo de la frontera, pero exportado gracias a un oleoducto que pasaba por el Norte. Después de la separación, Jartum pedía entre 32 y 36 dólares por barril como precio de transito por el Norte. Juba se negó a pagar ese precio netamente superior al precio internacional. Así subió el tono.

El petróleo del Sur fue requisicionado por Jartum y vendido en su terminal de Port-Sudan, por un valor de 815 millones de dólares, según Juba, que decidió en enero parar la producción y la exportación, lanzando un envite que el enviado especial americano para los dos Sudanes calificó de “tentativa de suicidio económico mutuo”. Cada una de las capitales, privadas de petrodólares, está a la espera de ver quién cae la primera. En Jartun, el ministro de finanzas, Ali Mahmud Al-Rasul, ha estimado que su gobierno ha perdido dese el mes de enero 6,5 billones de libras (1,48 billones de dólares). El poder se choca contra una inflación galopante (30 % oficialmente, y mucho más en realidad) y ha decidido medidas económicas que han desencadenado manifestaciones en la calle que podrían producir en Sudán el equivalente de las primaveras árabes.

Juba, cuyas recetas del petróleo constituyen el 98 % de entradas, también ha entrado en crisis. El Sudán del Sur llega a pagar su ejército (el 28 % de su presupuesto están consagrados a los servicios de seguridad). ¿Por qué milagro? Para los observadores, el Sudán del Sur se ve obligado de echar mano a sus reservas secretas y a lo mejor empeñar sus futuras entregas de bruto, echando por tierra los precios en previsión del día en que el bruto fluirá de nuevo.

Todas las reservas están absorbidas por la defensa ( cuando el país no cuenta más que con 400 chicas que alcanzan el nivel de estudios superiores), mientras que el Sudán del Sur se prepara, como ha declarado el vice-presidente, Rieck Machar, “a una eventual guerra” con Sudán.

¿La reanudación de la guerra es inevitable?

Es una de las especialidades sudanesas: jugar a darse miedo, flirteando con un conflicto abierto, para que el resto del planeta, aterrorizados de ver que el conflicto pueda reanudarse, con los riesgos de desestabilización de 9 países vecinos, les empuje a venir a la mesa de negociaciones. Varias veces, el Norte y el Sur han estado a punto de entrar en guerra, antes de volver a la mesa de negociaciones, reforzados por este capital de miedo. Una forma de disuasión a bajo precio, pero de altos riesgos. Nadie está a salvo de una escalada incontrolable.

En abril, una penetración de tropas regulares sudistas en zona petrolífera del Norte se paró a tiempo. Una “hoja de ruta” de la Unión africana (UA), posterior, ha sido trazada. Preve la instalación de una zona desmilitarizada de 10 km a lo largo de la frontera, un mecanismo de vigilancia en esta zona y el compromiso de las capitales de no sostener sus rebeliones respectivas. Estas ya han disminuido considerablemente sus actividades en el Sur. “En parte porque el Norte no tiene medios financieros” , precisa una fuente bien informada. Pero también por una razón política de cooptación de Jartum y del despliegue de los cascos azules de la Naciones unidas en el Sudán del Sur (Minuss), particularmente en el Estado de Jonglei.

“No creo que una guerra a gran escala pueda acaecer, analiza Ej Hogendoorn, director del proyecto Cuerno de África dentro del International Crisis Group, pero es posible que se produzca un conflicto mucho más complicado, que se parecería a la precedente guerra Norte-Sur, donde las fuerzas sudanesas del Norte (SAF) y las del Sur (SPLA) estarían implicadas, pero donde los enfrentamientos serían llevados a cabo por fuerzas rebeldes por encargo. Ninguno de los dos campos tendrían la capacidad de hacer una guerra convencional de larga duración”.

¿Qué papel juega China?

Después del episodio arriesgado de abril, una resolución de las Naciones unidas ha sido votada. Preve imponer sanciones a los responsables de las dos capitales enemigas en caso de bloqueo del proceso de paz. El 2 de agosto, la extensión de este proceso será estudiado por el Consejo de Seguridad. Mientras tanto, las delegaciones de los dos países han retomado el diálogo en Etiopía.

Jartun como Juba pueden contar con las presiones ejercidas por un actor que podríamos decir central: Pekin. China lleva las de perder en caso de guerra entre los dos vecinos, siendo como es el primer actor de la explotación del petróleo sudanés, que comenzó a fluir, en 1999, gracias a su implicación en una región entonces en guerra.

El nuevo enviado especial chino para África, Zhong Jianhua, diplomático acostumbrado a negociaciones complicadas, ha multiplicado los esfuerzos para llevar a los dos Sudanes a la mesa de negociaciones, apoyado por Jean Ping, presidente de la Comisión de la Unión africana. Este último estima que China está “en una posición única para jugar un papel constructivo en la búsqueda de una solución pacífica en la crisis entre los dos países”.

China, primer comprador del bruto sudanés, ha invertido billones de dólares en el sector, y teme perder todo en el caso de un cambio de poder en Jartun, pero también de ser puesto de lado en el Sur. Es a lo mejor la suerte de los hermanos enemigos sudaneses de compartir, por lo menos, este compañero común.


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